Sigo corriendo sin mirar atrás. Las lágrimas me nublan la vista y casi no
puedo respirar. Detrás de mí ya no escucho a Raúl, se debe haber cansado de
correr inútilmente. Lo ha dejado muy claro con su mirada: se va para no volver
y no volvernos a ver más. Solo he sido un rollete de verano que le ha durado
las dos semanas que ha estado en este camping.
Paro de correr en seco, tengo flato, me duele el pecho e hiperventilo. No
estoy acostumbrada a hacer ejercicio y se nota, estoy agotada. Al levantar la
vista me doy cuenta de dónde me han llevado mis pasos: estoy en el camino de mi
casita del árbol. Sonrío y empiezo a caminar hacia él, viéndolo a lo lejos, con
sus nuevas escaleras colgando… Raúl se tomó la molestia de cambiarlas
únicamente por mí… Dedicó todo un día a ir a comprarlos, volver sin que le
viera y montarlo… ¿Y todo para qué? ¿Para poder disfrutarlo dos días
conmigo?... Prefiero no recordarlo, así que me decido a subir. Subiendo me
acuerdo de la primera vez que vine, cuando me caí y Raúl me cogió… Ladeo la
cabeza intentando borrar los recuerdos de mi cabeza, pero al llegar arriba
vuelvo a recordar todo lo que he vivido con Rulo estas dos semanas, que no ha
sido poco, y rompo a llorar otra vez. Apoyo la cabeza en mis piernas y me
abrazo, haciéndome una bolita y desahogándome tranquila… Cuando me doy cuenta
que tengo el brazo pintado. Extrañada, extiendo el brazo y lo miro
detenidamente… Es un número de móvil… El número de móvil de Raúl… Me lo ha
pintado esta noche mientras dormía en su cama, me lo ha dicho esta mañana…
Sonrío sin darme cuenta y saco el móvil del bolsillo.
- No hace falta – doy un salto del
susto y me giro hacia la puerta – estoy
aquí. – Raúl está en la entrada de la casita, con una gran sonrisa. Aprieto los
puños, agacho la cabeza y me quedo quieta. Él mientras acaba de subir y se
sienta a mi lado, pasando su brazo por mi espalda y llevándome hacia él en
silencio.
- Tengo miedo – susurro.
- ¿Miedo? ¿Por qué? – dice acercándose a mí con el rostro preocupado.
- Porque siento que ya no voy a verte más… – se queda callado y agacha la cabeza
resoplando. Le miro dolida a los ojos y me levanto, apartándome de él con
fuerza. – ¿Qué coño he sido para ti? ¿Qué significaban todos tus ‘te quiero’? –
me entra la llorera de nuevo, pero esta vez de rabia. Él se queda callado,
petrificado, mirándome incrédulo. – ¿Ni vas a responderme tampoco? Solo he sido
un juego para ti, ¿no?
- No… – susurra agachando la cabeza.
- No me niegues más lo evidente, Raúl – grito. – Vete, vete por favor, déjame sola
aquí. – me mira en silencio, dolido. – Por favor… – digo en un hilillo de voz. Se levanta, se
gira y se apoya en las maderas de la puerta, para empezar a bajar.
- No quiero perderte… – susurra desde
allí – Pero la distancia nos impide estar juntos… – se agacha, apoyando los pies en el primer
“escalón” – Lo siento – dice mirándome a
los ojos y empezando a bajar. Me quedo quieta en mi sitio, analizando lo que me
acaba de decir.
- Entonces – grito acercándome a la
puerta – ¿el problema es la distancia? –
grito desde allí. Él todavía no ha llegado abajo.
- Yo no puedo dejar Madrid… Ya tuvimos esta conversación, ¿recuerdas? – me
quedo en silencio. Sí lo recuerdo, lo hablamos uno de los primeros días en la
piscina… Lo había olvidado… Me contó que su vida estaba en Madrid, que tenía
trabajo, sueños y proyectos…
- Pensaba que te hacías el interesante con una desconocida para ligar… – sonrío. Fue exactamente lo que pensé al
escucharlo. Él también sonríe y acaba de bajar las escaleras en silencio. Me siento
en el borde de la casita, con los pies apoyados en el primer escalón y le veo a
punto de alejarse. Estoy a punto de gritarle, de pedirle que suba de nuevo,
pero se da la vuelta. Me mira y veo sus ojos llorosos, sus manos cerradas y sus
dientes rechinando al ser apretados. Vuelve a darse la vuelta y empieza a
caminar a paso rápido por el prado, volviendo a su casa. Me tapo la boca con
las manos, me estiro hacia atrás, apoyándome en el suelo, e intento asimilar lo
que acaba de pasar. Extiendo el brazo hacia arriba, mirando los números con atención, pensando
en todo lo vivido con él. Hace unos meses le veía en televisión, soñando
conocerle, imaginando como sería pasar 5 minutos con él para pedirle una foto. Y
ahora, dos semanas después de estar en este maldito camping… Estoy rompiendo
con él…
“¿Cuándo se ha roto nuestra
bonita relación y se ha convertido en una absurda telenovela mejicana?”
Enviado. Me quedo estirada mirando el fondo de pantalla… Mi foto con Raúl,
la que me sacó Júlia con él creyendo que no le conocía… Vuelvo a sonreír, beso
la pantalla y me levanto, dispuesta a volver a casa, cuando me suena el móvil.
Raúl me ha contestado.