dilluns, 27 d’agost del 2012

23. Buenas noches, princesa.


Me aprieta con fuerza hacia él, besándome, y da unos pasos hacia adelante, ya que estamos demasiado cerca de la “puerta” y podríamos caer.

Nos besamos con pasión, sin separarnos: él apretándome fuertemente por la espalda y yo agarrándome en su cuello, tocando sus perfectos rizos, para comprobar que sí, que es él, que es Raúl Gómez quien me besa.

Entre besos, caricias y suspiros, Raúl acaba empotrándome contra la pared, cogiéndome de la cintura y acariciándome suavemente la espalda, colando sus manos por mi camiseta. Empieza a besarme el cuello y entre besos va soltando mordisquitos suaves. Yo siento que no puedo más, y busco sus labios para besarlos y estar siempre así, pegados, y lo abrazo con fuerza rodeándole el cuello. Me separa un poco de la pared y me agarra fuerte por la espalda, y va bajando hasta agarrarme el trasero y apretarme fuerte hacia él. 

Noto como el corazón me da un vuelco y me separo de él, buscando su mirada. Le cojo por las mejillas y le beso, suavemente, intentando apagar un poco la pasión. No quiero hacerlo aquí, en mi casita, y menos contra la pared. Con él quiero que sea especial, bonito, mágico… Me mira extrañado, pero me devuelve un beso suave.

-Te recuerdo que tengo la cena a medio hacer… Y tengo hambre…
-Es verdad, se me había olvidado… Yo tengo que ir a cenar con los chicos… Me están esperando, les he dicho que no tardaba nada…
-Les has mentido.
-Sí, pero estoy seguro que ya se lo esperaban. – Sonríe. Vuelvo a besarle suavemente, y él me acaricia la espalda. – Vamos… Vamos ahora que si no me quedo aquí contigo toda la noche… – Me sonrojo y le empujo un poco, para apartarme de la pared. Pero vuelve a pegarme a él y me besa fugazmente.

Voy hacia la cajita y la cojo. Me coge de la mano y vamos hacia la “puerta”. Baja él primero y me espera abajo, con los brazos abiertos, cual príncipe que espera que su princesa baje desde lo alto de la torre. Bajo haciéndome la lista, rápidamente, sin querer ayuda, y me sale bien. Al llegar abajo ríe y me da el casco, que se había quedado abajo, para que lo cargue, pero acaba poniéndoselo él y haciendo tonterías en medio del prado.

Me acompaña a mi casa, y, como cada día, se despide de mí cogiéndome de la cintura y dándome dos besos en las mejillas. Al ver mi cara de asombro por ese gesto, ríe, me coge suavemente de la cara y me besa dulcemente.

-Buenas noches, princesa – dice sin soltarme todavía. Me pongo roja, como no, y le respondo con un beso rápido.
-Buenas noches, mi príncipe. – Sonríe.
-En chico queda más cutre.
-Para mí no.
-Porque tú eres muy así.
-¡Así como, chulo!
-Así de especial. – Y vuelve a besarme, sin dejarme contestar. ¿Qué mejor manera que callarme con un beso? – Hasta mañana. 

diumenge, 26 d’agost del 2012

22. Quiero que me beses.


Despacio, toca con su nariz la mía y roza con sus labios los míos, todavía sin besarme. Yo, que no puedo más, subo mis manos, que estaban en su pecho, y le cojo de la cara, acercándola más a mí. Y me besa, nos besamos, lentamente. Él deja de cogerme las mejillas y pasa a apretarme a él por la cintura, y poco a poco me va acariciando la espalda. Yo paso mis manos por su nuca, enredando mis dedos en sus rizos.

No hay ninguna distancia entre nosotros, estoy totalmente pegada a él, y si en algún momento tiro hacia atrás, vuelve a apretarme con fuerza hacia él, aun que en ningún momento lo hago intencionadamente.

Lentamente, sube sus manos hacia mi cara y se separa de mí. Abro los ojos y esta mirándome, sonriendo. Me pongo roja al instante y le sonrío también. Él me besa tiernamente y vuelve a separarnos. “Deberíamos volver”. Se ha hecho tarde, ya oscurece… Entre lo que hemos tardado en llegar aquí, más el tiempo que he estado en mi mundo observando mi cabaña y el rato llorando abrazada a Raúl… Asiento y bajo mis manos de su cuello para apoyarlas en su pecho. “Podemos volver cuando quieras… Ahora podemos subir.” Sonrío. Es demasiado perfecto.

Me separo de él y voy a coger la cajita, pero antes de que llegue me coge de la mano, tira de mi con fuerza y hace que me empotre contra él, y fugazmente me besa, sonriendo. Sigue cogiéndome de la mano, mientras que con la otra me coge suavemente de la cara. Me deja ir y me da un empujoncito para que vaya hacia la cajita. Yo, que estoy alucinando, roja como un tomate y con los ojos como platos, me giro intentando simular un poco de dignidad y me tropiezo, pero no llego a caer. Oigo como se ríe tras de mí, pero no hago caso, eso sí, esta se la guardo. Cojo la cajita y me dirijo a salir, pasando por su lado sin mirarle, con cara de indignación por haberse reído de mí. Él, que se da cuenta, suelta una risita y se aparta de mí. Cuando voy a bajar las escaleras, veo a la altura a la que estamos y doy un paso atrás. Le miro, con cara de miedo, carraspeo y le digo.

-Pase usted delante – ríe.
-¿Y ahora por qué me tratas de usted?
-Porque me han enseñado que a las personas a las que no conozco, las tengo que tratar de usted. – Digo mirándole con cara de superioridad, intentando mostrar que me da igual quién sea.
-Ah… ¿No me conoces? – Sonríe pícaramente, me pongo un poco roja.
-No. No suelo conocer a gente que se ríe de mí.
-Ah… Entonces… – Empieza a acercarse a mí, y me coge de la cintura. – ¿Por qué se deja coger por un desconocido? – Le miro sorprendida, ahí me ha pillado, pero no quiero que me suelte. Me acerca más a él, pegando nuestros cuerpos al completo y acercando su cara a la mía. – Si no me conoce, ¿por qué se deja abrazar por mí? – Sonríe – Y dudo que se aparte… Si la beso. – Me pongo más roja, si cabe, y sonrío. Levanto la cabeza para besarlo pero se aparta. – Ah ah – dice negando mis actos – No me conoce, no puede besarme. ¿No se lo han enseñado eso?
-Sí, si te conozco. Eres el hombre más loco y mágico que he conocido nunca, y quiero que me beses aquí, ahora, en la cabaña de mis sueños.

dissabte, 25 d’agost del 2012

21. Podría estar así todo el día.


Delante de mis ojos había un árbol. Pero no un árbol común, no, el mío. El árbol donde hay construida mi cabaña de madera, donde cuando era pequeña pasaba los días y las horas jugando sin parar. Esa cabaña de madera a la cual siempre he querido llevar a alguien especial pero nunca lo he hecho, por miedo a hablar de mi secreto. Esa cabaña a la cual no podía subir por que no tenía escalera…

Pero eso había cambiado. Mi cabaña tenía una escalera completamente nueva que llegaba hasta el suelo y subía hasta lo alto del árbol. En percatarme de ese detalle, los ojos se me llenaron de lágrimas. Me limité a abrazar muy fuerte a Raúl y a repetir una y otra vez “gracias”. Él no contestaba, simplemente me acariciaba el pelo y reía.

“¿Subimos?”. No puedo contestarle, le miro a los ojos, sonriendo, y afirmo con la cabeza. Me seca las lágrimas que tenía en la cara y hace un gesto con la cabeza hacia las escaleras, indicando que vayamos a subir. Vuelvo a asentirle y me dirijo hacia ellas, con un poco de miedo, no quiero volver a quedarme colgada de este árbol…

Subo sin problemas y entro dentro de la cabaña, pero esta vez no me olvido de con quién estoy. Me giro a esperar a que entre, y en cuanto lo hace, le abrazo otra vez, aguantándome las lágrimas. 

-Podría estar así todo el día. Aquí, contigo, en la cabaña de mis sueños… Aquí era tan feliz…  – Me aprieta y me da un beso en la cabeza, las lágrimas quieren salir de mis ojos, pero lucho para que no pase. – No puedes llegar a imaginar lo mucho que te agradezco esto, de verdad. Yo ni siquiera sabía llegar aquí… Hacia tanto tiempo que no venía que me había olvidado... Encima… Encima no podíamos subir y tú… Tú… – Ahora soy yo quien le aprieto más, aferro mis manos en su espalda y hundo mi cabeza en su cuello. No puedo aguantar más las lágrimas y empiezo a llorar –  Tú has ido a buscar una escalera parecida a la que había y la has puesto aquí y… Y ahora podemos subir y… y…
-Y como no dejes de llorar y apretar nos vamos a morir aquí ahogados. – Me pongo roja y me separo de él rápidamente. – No hacía falta que dejaras de abrazarme… – Sonríe y me seca las lágrimas de la cara.
-Lo siento, lo siento de verdad, es que…
-No pasa nada, tonta. Me alegro de que te haya gustado mi regalo.
-Muchísimo… Ahora podré volver aquí siempre que quiera… – Me giro y empiezo a mirar cada rincón de esta cabañita. Vuelvo a ver la cajita, sonrío. – Esta vez me la llevo a casa… Pero será una sorpresa para mi madre. – Sonrío, me giro y le miro. Él también está sonriéndome. – Gracias… – Susurro.

Empieza a acercarse a mí, con esa sonrisa en la cara que no se puede describir. Me coge de las mejillas, suavemente, y susurra “de nada”. Da un paso más hacia mí, dejando nuestros cuerpos más cerca, sin apenas distancia. No deja de mirarme directamente a los ojos, y tampoco suelta mi cara. No puedo aguantar la mirada y cierro los ojos, elevando un poco la cara, esperando el momento más mágico de mi vida…

dimecres, 22 d’agost del 2012

20. ¿Estás preparada?


-¿Ahora? Estaba preparando la cena.
-Ya tendrás tiempo de cenar. Esto es más importante. – Saca un casco de moto negro y me lo da. – Póntelo.
-Sé que no se cocinar muy bien, pero no creo que sea necesario…   – Se queda mirándome sin saber que expresión poner: si reír o mirarme mal. Opta por reírse y volverme a ofrecer el casco. – ¿Pero por qué tengo que ponérmelo?
-Porque te llevo de paseo.
-¿Ahora?
-¡Que sí, pesada!
-Eh, eh, tranquilito, ¿eh?
-Va, toma, que tenemos prisa.
-Oye… A mí me dan miedo las motos.
-No pasa nada, no iremos en moto.
-¿Entonces para qué es el casco?
-Para que no veas donde te llevo.
-¿No sería más fácil ponerme un pañuelo en los ojos? – Ríe y saca un pañuelo de su bolsillo.
-También llevarás uno, pero por si a caso. – Sonrío como una tonta. Cojo el pañuelo y voy a ponérmelo, pero acaba poniéndomelo Raúl, igual que el casco. – ¿Ves algo?
-No, y tengo miedo.
-Mejor. Vamos.

Me coge de la mano y empezamos a caminar. Yo me tropiezo con todo lo que encuentro, y voy andando en pasitos muy lentos. Él se limite a reír y tirar de mi, mientras que yo chillo y le pido que no deje que me tropiece, que me guíe bien.

Después de andar un buen rato, paramos. Me saca el casco y antes de quitarme el pañuelo me dice “¿Estás preparada?”. Tardo un poco en asentir, después de ese largo paseo no se me ocurre donde puede haberme llevado. Me quita el pañuelo, tapándome la vista con sus manos y, cuando las aparta, grita: “¡Tachán!”

dimarts, 21 d’agost del 2012

19. Una sorpresa


Me levanto temprano y feliz. He soñado con él y la verdad es que despertarse sabiendo que no solo es un sueño, que hoy lo volveré a ver, me hace sentir la persona más especial del mundo.

Bajo a desayunar, pero antes miro la puerta, a ver si hoy también me ha dejado una notita. Pero no, hoy no hay nada de nada. Eso no me desilusiona, ya que quiere decir que le veré por aquí porque no se ha ido.

Desayuno rápido, me cambio y mientras pienso que podría hacer. No estaré todo el día en la piscina… Podría ir a dar una vuelta, o coger una bici… Pero no puedo ir muy lejos, porque si no no me encontraré con Raúl… Ya está. Iré a la piscina a ver si está. Si está allí me quedo un rato, y si no me voy al lago del lado, a pasear.

Voy decidida hacia la piscina, pero no escucho ruido: ni chillidos, ni agua moviéndose, ni niños… Qué raro… Llego allí y no está, no hay nadie, así que decido irme a pasear por los prados, a ver si se llegar al lago.

Llego al prado donde me lo encontré ayer, doy vueltas en círculos para ver si lo encuentro, “de casualidad” pero nada. Estoy empezando a preocuparme. No preocuparme por él, si no por mí, porque no quiero estar un día sin verle… Además, si ayer se tomó la molestia de avisarme, ¿por qué hoy no?

Cuando encuentro el lago, lo veo todo desértico. Pf… Hoy se esconde de mí. Pues nada, me quedo aquí un rato y luego vuelvo a la piscina. Me baño un rato, intento no pensar en nada, simplemente disfrutar de las vistas y relajarme. Pero es inevitable no pensar en él… Es todo tan extraño… No solo el hecho de haberle conocido y habernos hecho “amigos”, si no que haya desaparecido de esta manera sin haberme avisado… Sé que no está obligado a hacerlo, pero si ayer se molestó en decirme que se iba… ¿Por qué hoy no?

Pasan las horas y decido volver a casa. No paso por la piscina, paso de decepcionarme al ver que no está. Por la tarde tampoco salgo, llamo a mi amiga por teléfono y me quedo encerrada en casa. Lo único que quiero ahora mismo es que suene el timbre y al abrir la puerta me lo encuentre sonriendo delante de mí.

Pero pasan las horas y nadie llega. Voy a prepararme la cena y de repente, suena el timbre. Voy corriendo hacia la puerta, y al abrirla, allí está él, perfecto como siempre: con su pelo despeinado, una camiseta cualquiera y un pantalón bañador. Pero sobretodo, con esa sonrisa que me vuelve loca.

-Buenos días. ¿Me has echado de menos?
-Demasiado.
-Lo siento, preparaba una sorpresa.
-Una… ¿Sorpresa?
-Si, ven. 

dijous, 16 d’agost del 2012

18. Prefiero no hablar de mi trabajo


Fue un abrazo fuerte, largo, con sentimiento. Con un brazo me tenía apretada por la cintura, aplastándome contra su pecho, y con el otro iba acariciándome el pelo, suavemente. Yo, aturdida como estaba, apoyaba mi cabeza en su pecho, sonriendo, y mis manos le acariciaban la espalda.

Cuando se separó de mi, se quedo mirándome directamente a los ojos, sin decir nada. Como no podía aguantar esa situación, tuve que desviar la mirada y carraspear.

-Gracias. – Dice al estar un rato en silencio.
-¿Cómo?
-Gracias, por todo. Por haberme conocido y no haberle dicho a nadie que estoy aquí, por hacer ver que no me conocías, por querer conocerme poco a poco, sin cosas locas de fans…
-Bueno… Lo hice más por mí que por ti. Sabía que si directamente te pedía foto y corría a ponerlo en twitter, nunca hubiese tenido la oportunidad de conocerte… Y no quería que pasara eso…  – Sonríe, un poco extrañado. – La verdad es que me sentía mal, sentía que te estaba mintiendo, que en algún momento te darías cuenta que soy una fan más y… Y tenía miedo que dejaras de hablarme o así…  – Me acaricia la cara, sin dejar de sonreír. Me limito a volver a abrazarle y apoyar mi cara en su pecho. Él responde abrazándome también, igual de fuerte que antes.
-Ha sido… Raro. – Dice sin dejar de abrazarme. – Cuando me has llamado Rulo una parte de mi se ha extrañado, no sabía si lo habías dicho porque si o porque sabías que es mi “mote”. Después me he sentido como… Traicionado. Me ha dolido saber que ya me conocías, que… No sé, que no era un extraño para ti como tú lo eras para mí… Pero por otra parte entiendo que lo hayas hecho así… Cuando yo llegué a Otra Movida tuve que reprimir mi parte fan hacia Anna, Dani y Flo. Les tuve que tratar como compañeros y me parecía extraño…  – Río. – ¿Qué? ¿Qué pasa? ¿No te lo crees?
-Si, si te creo… Pero eso de que “reprimías tu parte fan”… Se notaba el aprecio que les tienes… Con Flo sobretodo. Y aunque Dani no te tratara bien, siempre le reías las cosas… Al principio, sobretodo, es cuando se notaba más.

 Está un rato en silencio, abrazándome. Hasta que al final, un poco serio, dice.

-Prefiero no hablar de mi  trabajo…
-¿Por… Por qué? – Digo separándome un poco de él para mirarle la cara. Noto que está un poco tenso, así que decido cambiar de tema. – Bueno pues nada… Me iré para casa que quiero dormir para estar fresca para mañana…
-¿Te acompaño?
-Como quieras, estamos cerca.
-Seré un buen caballero y la acompañaré, señorita.
-Me parece perfecto.

Caminamos en silencio hacia mi casita. Al llegar, subo a la primera escalerita y me giro para despedirle.

-Bueno, caballero, ya he llegado. Gracias por cubrirme.
-De nada, damisela. Ha sido un placer.

Sonrío como una boba. Después de saber que soy una fan y que estoy loca por él, sigue tratándome del mismo modo que antes, y eso me encanta.

-Hasta mañana. – Dice sonriéndome. Como ayer, vuelve a cogerme de la cintura, me aprieta hacia él, y me da un beso en cada mejilla, cerca del labio, provocando.
-Has.Hasta… Hasta mañ… ñana.  – sonríe al verme así, me guiña un ojo y se va. 

dilluns, 13 d’agost del 2012

17. ¿Qué quieres?


No puedo explicar la cara con la que me mira. Sus ojos muestran tristeza, enfado, piden una explicación. Los míos están a punto de llenarse de lágrimas, no puedo verle así, con la cara tan seria, apagada, sin esa sonrisa que me da vida.

-¿Qué pasa, Raúl? No entiendo a que viene esto…  – digo intentando cortar el silencio.
-¿Qué pasa? Eso tendrías que decírmelo tú, ¿no crees? – se pone más serio y se separa de mi, mirándome fijamente.
-¡¿Pero decirte el que?! Es que no entiendo esta reacción tuya, así, de repente…  – mi voz se va apagando cada vez más, después de cada palabra…
-Marta, ¿porque me lo has escondido?
-¿Esconderte el que? – intento disimularlo, aunque ya sabe que sé de lo que hablamos. Su expresión de la cara no cambia, incluso diría que se pone aún más serio.
-¿Qué quieres?
-¿Perdón? – digo extrañada, esta vez de verdad. No le entiendo.
-Que qué quieres. ¿Quieres conocer un famoso? ¿Fardar por ahí que has estado conmigo? ¿Ir inventándote cosas, sin más, solo para buscar tu fama? – cada vez se pone más tenso y serio, y se va exaltando solo al ir diciéndolo.
-¿Qué? ¿Pero qué estás diciendo? – me exalto yo también – ¿¡Tú te piensas que si yo hubiese querido eso desde el principio, hubiese dejado que me molestaras y hubiese mantenido en secreto que te he conocido!? ¿¡De verdad crees que yo soy así!? – cada vez chillo más, y su cara, poco a poco va cambiando de expresión. Ya no está serio, está sorprendido, ya no parece enfadado, más bien parece que va a sonreír, hasta que ve que cae una lágrima de mis ojos, y vuelve a ponerse triste, pero de compasión. Hace un intento de acercarse a mí, acercando su mano a mi cara para secarme las lágrimas, pero me levanto, cojo mi toalla y le doy la espalda.
-Eh, ¡espera! – Él también se levanta y me sigue.

Aún así no me giro, voy con paso firme hacía mi casita, llorando de la rabia, mientras le oigo gritándole tras de mí. De repente, oigo como sus pasos se aceleran, pero mis piernas no pueden correr, al contrario, me tiemblan. Noto como me coge del brazo, fuerte, y me gira dejándome frente a él.

– Lo siento, ¡joder!. ¡Lo siento! – intento soltarme del brazo, moviéndolo con fuerza, pero es inútil. Él tira de mí para que quedemos más pegados, y con el otro brazo me rodea la cintura para impedir que me vaya. – Deja que me explique, por favor. – dice, bajando el tono. Lo miro mal, con rabia, me ha dolido que lo único que saliera de su boca sean prejuicios sobre mí. – Muchas chicas se acercan a mí solo para buscar fama o para vender información sobre mí. Al no decirme que me conocías, que sabías quien era, confié en ti. Pero ahora, al descubrir que si sabes quién soy… – me suelta de la cintura, volviendo a separarse de mí y poniéndose serio otra vez – Eso… Me crea confusión… Ahora mismo no se qué creer, si solo te haces la víctima o… O de verdad sigues aquí… Por mi yo normal… – Pone una cara extraña. Ni el mismo se entiende cuando habla, pero creo que pillo lo que quiere decir.
-Sigues prejuzgándome. Vuelves a decirme que solo he estado contigo por tu fama… ¿No te das cuenta?
-Sí, me he dado cuenta al acabar la frase… – esta vez soy yo quien aguanta la mirada, mientras él agacha la cabeza. Resoplo, sigo enfadada. Levanto su cabeza suavemente por su barbilla y busco su mirada.
-Solo te diré una cosa: Si hubiese querido vender información sobre ti a parte de pasar contigo los dos maravillosos días que hemos pasado, este camping solitario estaría lleno de fans y paparazis. – Le suelto y doy un paso hacia atrás, observando cómo su cara pasa de estar seria a sorprendida otra vez. Me giro y empiezo a caminar hacia adelante, dejándole allí.

De repente, vuelvo a oír sus pasos, a lo lejos. Eso me hace sacar una sonrisa, saber que vuelve a por mí me hace feliz. Esos pasos van acelerando, ya que yo no paro y estoy lejos. Decido aflojar un poco el paso, hasta que lo oigo detrás de mí. Freno, espero a que diga algo, pero no lo hace, así que decido girarme. Al hacerlo, le veo parado frente mí, sonriendo como solo él sabe, y al devolverle la sonrisa, se acerca a mí, corriendo, me coge de la cintura y me aprieta fuerte hacia él.

diumenge, 12 d’agost del 2012

16. ¿A caso no quieres dármelo?


Me encanta que me diga que quiere molestarme. El simple hecho de saber que quiere hacer algo conmigo, aunque sea eso, ya me hace feliz.

-Y bien, ¿Cómo está tu amiga? ¿Te echa de menos?
-¿Te importa mucho esta información?
-Pues no, pero no veo otra manera de empezar una conversación.
-Ah, me parece bien. Pues sí, está bien, en su casa, echándome de menos...
-¿Y quién no echaría de menos a alguien como tú? – sonríe.
-Tú, por ejemplo, cuando te vayas de aquí. – le devuelvo la sonrisa.
-¿Y tú que sabes? Quizás no pare de pensar en ti y te llame a cada minuto… – empieza a acercarse a mí, lentamente, todo lo que el cuerpo sentado le deja.
-¿Cómo vas a llamarme si no tienes mi número? – empiezo a sonrojarme, lo sé, no aguanto esta situación. Siento como su hombro ya toca el mío, y su sonrisa está demasiado cerca de la mía.
-Bueno, eso se puede solucionar, ¿no? – No aguanto tener clavada mi mirada en la suya, y menos con esta sonrisa de lela que tengo ahora y atomacada como estoy, así que agacho la cabeza.
-Em… Bueno, de… Depende. – Ríe. Se da cuenta de que esta situación puede conmigo, pero aún así no para, sigue acercando su rostro hacía mí, y con su mano izquierda me levanta un poco la cabeza, cogiéndome por la barbilla, para hacer que le mire a los ojos.
-¿A caso no quieres dármelo? – se acerca más. Noto su respiración en mi cara y no me puedo mover. Me quedo hipnotizada mirándole la sonrisa, cuando le miro otra vez a los ojos, suelta una carcajadita. Le tengo demasiado cerca… Cierro los ojos, suspiro y…
-Rulo… No…
-¿Qué? – abro los ojos corriendo, sorprendida. Está mirándome con cara de sorprendido y no entiendo qué pasa. Me suelta de la barbilla, se separa un poco de mí y repite – ¿Qué has dicho? – está exaltado, yo simplemente le miro alucinada, no lo entiendo.
-Que… ¿Que he dicho de qué? – digo, todavía sin saber que pasa.
-¿Cómo me has llamado, Marta...? – baja un poco el tono, mirándome con cara seria, pidiéndome una explicación. Y entonces es cuando me doy cuenta, le he llamado Rulo, sin querer, y no tengo ninguna escusa para ello.
-R… Rulo… 

divendres, 10 d’agost del 2012

15. Me gusta molestarte.


Me agarra por los hombros y me hunde. Cuando saco la cabeza para coger aire, repite el proceso, unas cuantas veces. Yo, enfadada, me intento apartar de él, empujándolo y mojándole, pero es más fuerte que yo. Intento nadar, ayudarme con los niños, pero no hay manera. Intento hundirle yo a él, apretándole la cabeza o pegándole pataditas, pero nada. Él se ríe y, con solo mover un brazo, me ahoga.

Cuando se cansa de verme sufrir, me deja y vuelve a por los niños, que jugaban entre ellos a ahogarse o pasarse la pelota. Yo aprovecho para sentarme al borde de la piscina y así descansar. Contemplo como juega con los pequeños, como chilla, como sonríe… Es algo increíble, es el típico sueño que tienes un día y al despertar prefieres no haberlo hecho y vuelves a taparte con las sábanas esperando a que pase algo más. Pero ahora no estoy soñando. Llevo dos días con el hombre de mis sueños en el camping de mi infancia…

Viendo que están jugando tranquilos, voy a tumbarme al césped. Me pongo las gafas de sol y cierro los ojos, recordando lo vivido esta mañana con Raúl. Pero poco me dura el recuerdo: algún listillo me está mojando la barriga con una pistola de agua y sé quién es. Me siento y lo miro. Lo tengo de pie delante de mí, riendo como un niño.

-No me vas a dejar descansar, ¿verdad?
-Ya has descansado bastante, abuela. – vuelve a mojarme. Sonrío, me vienen a la cabeza Flo, Dani y Anna. Sobretodo Anna… Como les quiero… Pero no puedo decírselo, no quiero que lo sepa.
-Todavía no, niño. – respondo, haciendo voz de mujer mayor.
-Oh, que madura. – me dice con voz aniñado.
-Habló, el señor más maduro. – ríe.
-Te dejaré un poquito tranquila porque hoy ha sido un día movidito, pero no te acostumbres. – vuelve al agua.

Vuelvo a tumbarme y me tapo la cara, aguantándome un chillido de fan alocada. En ese momento suena mi teléfono. Es mi amiga, no lo cojo, se que va a preguntarme por Raúl y no quiero hablar de él con él a pocos pasos de mi. Vuelve a llamarme y lo cojo, no vaya a ser que sea algo importante.

-¿Qué pasa? – le digo preocupada.
-No, nada. ¿Cómo te va con tu principito?
-Oh, cállate. ¡Pensaba que te pasaba algo!
-¿Ahora una amiga no puede llamar a su amiga para saber cómo le va con su futuro marido? – ríe. La madre que la parió.
-De verdad, no sabes cómo te quiero. – reímos. Oigo como alguien carraspea a mi lado, me giro y veo a Raúl sentado junto a mí. Me sonrojo y me exalto. Me siento corriendo, tapo el móvil. –  ¿Qué haces? ¿Otra vez espiándome? – ahora es él quien se sonroja.
-No, no. Venía a hablar contigo pero no me había dado cuenta de que estabas hablando por el móvil, lo siento. – Se levanta, dispuesto a irse.
-¡No! – se gira sorprendido  – Quiero decir… Eh… No te vayas, ahora cuelgo. Es una amiga – remarco esa palabra – quería saber cómo estaba. Espera. – pico el suelo de mi lado, indicándole que se siente, como siempre. Me hace caso y se sienta. – Te tengo que dejar, hablamos esta noche, ¿vale? … Sí, sí, yo también, enga. – Cuelgo. Le miro, está mirándome, sonriendo. Me sonrojo. – ¿Y bien? ¿Ya te has cansado de jugar con los niños?
-Sí, querían volver a casa, ya estaban cansados.
-Ah, muy bien…  ¿Y te has quedado aquí para…?
-Molestarte.  
-Me gusta. – Sonrío tontamente.
-Lo sé. 

dimecres, 8 d’agost del 2012

14. Quieres jugar, ¿eh?


Me despido de ellos, quiero ir a casa a descansar y llamar a mis padres para contarles que he estado en nuestra cabaña. Antes de que me vaya, Raúl me vuelve a coger de la cintura, acercándome a él, y me da dos besos en las mejillas, riendo al acabar por qué me pongo como un tomate.

Al llegar a casa me tumbo en el sofá. Esto cada vez me supera más… todavía no me puedo creer lo que me está pasando… Llamo a mi amiga y le cuento lo que ha pasado esta mañana. Se interesa más en saber que había en la cabaña, ya que recuerda que algunos dibujos de allí eran suyos, y ella también sale en la foto. Me riñe por no haberme quedado la caja y se ríe de la situación que he vivido. Toda ella es contradicción, pero me encanta. Es la persona que más me apoya y comprende en todo, y sé que puedo confiar en ella.

También llamo a mis padres, pero no les cuento que estuve con Raúl. Les miento y les digo que he encontrado la cabaña y que la escalera no estaba del todo mal y he podido subir sola, pero que al bajar casi me mato. Se ríen de mí al escucharlo y a la vez me riñen, diciéndome que tendría que haber bajado la caja… La verdad es que podría haberlo hecho pero… No sé, me parecía más bonito dejarla en su sitio…  

Después de descansar, me dirijo a hacerme algo de comida. Me fijo que encima de la mesa hay un papel, lo cojo. Es la nota de Raúl… Sonrío al volver a leerla, no me acordaba… “Por la tarde estaré en la piscina”. Creo que ya he tenido bastante esta mañana con él… Pero me muero de calor, así que seguramente me pasaré por allí.

Cuando acabo de comer, me vuelvo a estirar al sofá, para pensar, pero me acabo durmiendo. Al despertar, son más de las 5 y media. Al verlo, voy corriendo a mi habitación y me pongo el bikini. 

Llego a la piscina, ya está allí. Me pongo nerviosa: las piernas vuelven a temblarme y me cuesta caminar. Suerte que está de espalda y no se da cuenta. Pero uno de sus sobrinos chilla “Mira tito, tu amiguita” cosa que hace que se gire y sonría al verme, y yo me pongo más roja y siento como muero por dentro. Si va a pasarme esto siempre que lo vea, vamos mal. Le sonrío, le saludo con la mano y vuelvo a caminar, llegando al césped y dejando allí mi toalla. Él no aparta la mirada de mí y eso me pone más nerviosa aún.

Me dirijo hacia las escaleras, voy a entrar y chilla “¡Atacar!”. En cuanto me doy cuenta, todos los niños están chillando, riendo y mojándome y, rápidamente, vuelvo al césped. Raúl está allí, riendo a más no poder, chocando los cinco con los niños. Se gira, me mira y me guiña un ojo. “¡Ven a jugar, mujer!”. ¿Quieres jugar, eh? Muy bien. Doy dos pasos hacia atrás, cojo carrerilla y salto en modo bomba a su lado, salpicándole directamente en la cara. Al salir, empiezo a reír y le veo con cara de mosqueado, pero divertido, y en ese momento me susurra “Ahora te vas a enterar”. 

dilluns, 6 d’agost del 2012

13. Nunca dejes que el miedo actúe por ti.


Caigo en sus brazos, me tiene cogida por la espalda. Yo tengo los ojos cerrados con fuerza, aun que caen dos lágrimas al notarme cogida. Abro los ojos, veo su perfecto rostro a poca distancia de mi cara. Él sigue sonriendo, nunca pierde esta hermosa sonrisa. Le sonrío también y me abrazo fuerte a él, cogiéndome alrededor de su cuello. Estoy volando, mis pies todavía no han tocado el suelo, ni falta que hace, estoy bien así, entre sus brazos.

-¿Ves como podías confiar en mí, tonta?
-Nunca he dejado de confiar en ti, pero el miedo impedía que me soltara. – digo sin despegarme de él. Ríe y me aprieta un poquito, como muestra de afecto, supongo.
-Nunca dejes que el miedo actúe por ti.  – Me quedo un poco sorprendida al escuchar eso y sonrío. Le dejo ir, apoyo mis manos en sus hombros y me echo para atrás. Le miro a los ojos.
-Gracias. – Muevo un poco el culo, inquieta, quiero que me suelte. Lo nota y me suelta.
-De nada, pequeña. – Me pongo roja al escuchar eso y sonríe.

Seguimos a la misma distancia, pero no aguanto más y me aparto un poco. Me seco las pocas lágrimas que hay en mi cara y sonrío.

-De verdad, muchas gracias por todo… Por llevarme aquí, por subirme, por aguantarme allí arriba… Y por bajarme… – se queda mirándome, sonriendo, sin decir nada. – Bueeeeeeno… Pueees… – digo, intentando romper el silencio. Sonríe, da dos pasos hacia mí, me coge de las mejillas y me da un beso en la mejilla derecha, muy cerca del labio.
-De nada, tonta. – Sonríe al verme roja – Me has asustado, ¿sabes? Lo he pasado muy mal cuando estabas ahí colgada llorando. No me lo vuelvas a hacer más. – Y me acaricia las mejillas.
-V... Vale… – No puedo tenerle tan cerca. Vuelvo a dejar de sentir mis piernas, intento dar un paso atrás, pero no puedo. Raúl se da cuenta, y me deja ir, dando él un paso hacia atrás.
-Vamos, me deben estar buscando.
-S…Si.

Volvemos hacia el prado donde nos habíamos encontrado, yo no hubiese llegado sola, la verdad, me hubiese perdido. Allí nos encontramos con sus "sobrinos", que jugaban a la pelota. Al verle, empiezan a chillar y a correr hacia él, abrazándole y riñéndole por que no sabían dónde estaba. Él se excusa, diciendo que tenía que "rescatar a una princesa que se había perdido" y, al decirlo, me sonríe. Yo me sonrojo al escuchar eso y agacho la mirada. Sus amigos, que también se habían acercado a preguntar qué había pasado, sonríen maliciosos creyendo quien sabe qué que hubiese pasado entre nosotros. No ha pasado nada, pero yo he sido, durante unas horas, la mujer más feliz del mundo.

diumenge, 5 d’agost del 2012

12. No llores, no puedo soportarlo.


Cuando está acabando de bajar, pega un saltito y cae de pie al suelo. Cada día me sorprende más este hombre… Me mira y grita “¡Salta!”. ¿Perdón? Me lo quedo mirando sorprendida y con miedo, y supongo que entiende mi cara, a lo que añade “Confiabas en mi, ¿verdad?” consigue que ría y le contesto “Sí, pero las alturas no es que me gusten mucho”.

-Aguántate a las escaleras y baja de cara, como te he subido, yo desde aquí te aguanto.
-Sí, si parece todo muy bonito dicho… Pero llevarlo a la práctica… – Vuelve a reír.
-Va, tonta, que yo te aguanto, ¡de verdad!

Dudo. Miro y compruebo la altura a la que estoy, doy un paso atrás, me da mucho miedo. Vuelvo a sacar la cabeza y le veo allí, sonriendo, con los brazos tendidos, esperándome. No puedo negarme a eso… Pongo un pie en la escalera, aguantándome en el tronco y sentándome en el. Al apoyar el otro pie en el segundo escalón, resbalo y caigo, y me quedo colgando, cogida del primer escalón con la mano. Empiezo a chillar. Él, corriendo, se coloca debajo de mí y me coge de un pie.

-Marta, ¡Marta suéltate!
-¿¡Pero cómo me voy a soltar!? ¿¡Que quieres, que me coma el suelo!?
-¿Pero qué dices, ¡tonta!? ¡Si estoy yo aquí cogiéndote!
-¡Que no, que no! ¡Que me voy a morir! – Empiezo a sollozar.
-No llores, por favor te lo pido. Suéltate, de verdad, que yo te cojo.
-¡No!
-¡Marta por Dios!
-¡Que no! ¡Que me como el suelo!
-¡Que estoy yo aguantándote, joder! – Empiezo a llorar, aunque intento contenerme, se da cuenta. – Marta, por favor, no me llores. No puedo soportarlo… Confía en mí, de verdad, que yo te cojo. – Giro la cabeza, busco su mirada. Está con cara triste, diciéndome con la mirada que confíe en él, que él me coge y que no pasará nada. Cierro los ojos llenos de lágrimas y me suelto.

divendres, 3 d’agost del 2012

11. ¿Confías en mí?


La cabaña está construida en las ramas grandes de arriba, a propósito, para que no se viera a simple vista. Esta aguantada entre dos ramas del mismo árbol que están bastante juntas. La escalera está un poco alta. No llego solo con las manos… Raúl me coge de las piernas y me levanta recta, yo estiro las manos todo cuanto puedo, y consigo cogerme de una barra. Raúl me empuja fuerte de los pies para que consiga subir un poco más. Cuando ya puedo agarrarme de las branquitas del árbol, me suelta, pero se queda allí de pie con los brazos abiertos por si me caigo. Consigo entrar dentro de la casita y al verla, vuelvo a llorar. Me olvido de que Raúl esta abajo esperándome. Empiezo a registrar cada parte de esa pequeña casa… Reconozco que antes me parecía más grande…

Todavía había allí la mesa en la que dibujábamos, con las tres sillitas… Ahora ni siquiera quepo en ellas… También siguen las pintadas en las paredes. No puedo dejar de llorar al ver todo esto… No me acordaba. Me fijo en que en una esquina hay una caja de zapatos. No puede ser, nuestra caja de los recuerdos. Corro hacia ella y la casa cruje un poco. Cojo la caja y me siento en una de las sillitas.  Cuando abro la cajita veo lo que allí habíamos guardado: un reloj, dos muñecas pequeñas, dibujos… Estaba tan inmersa en mi mundo que no me había dado cuenta de que Raúl estaba de pie delante de mí, mirándome, sonriendo. Le miro y le sonrío, con las lágrimas en mi cara. Pico al suelo indicándole que se siente a mi lado y me hace caso.

No hablamos, simplemente miramos lo que hay dentro. Le voy pasando lo que voy sacando. Él ríe al ver los dibujos. Los míos están firmados con una huella de gato dibujada. La mayoría son dibujos de niños, representándome a mí con mi hermano y primos. También hay alguno de nuestros padres, algún animal y alguno de paisajes verdes, que dibujábamos desde la “ventana” de esta cabaña. Cuando acabo de sacar todo lo de dentro, encuentro una foto enganchada al fondo de la caja. Somos nosotros de pequeños. Sonrío más, si cabe. Él se ríe de mis pintas: iba con un vestido azul con flores amarillas y unas gafas de sol. Le pico el brazo y reímos juntos. Le cuento batallitas de nosotros, lo que hacíamos por aquí cada verano… Él escucha, ríe y comenta. Parece que nos conozcamos de siempre.

Cuando acabamos de comentar las cosas de la caja, lo volvemos a guardar todo y lo dejo en su sitio. Raúl me dice que me lleve la caja a casa, para enseñarla a los demás cuando vuelva, pero no quiero. Esto debe quedarse aquí. De repente, los dos nos damos cuenta del tiempo que llevábamos aquí: más de dos horas. “Mierda, mierda, estarán preocupados…” suelta. Yo me río y le digo “¿Quien se va a preocupar por ti, muchacho?” él me da un codazo, riendo, y se dirige a salir. Entonces, me percato de la situación: estamos los dos encima de un árbol, sin escalera para bajar, y esto está muy alto como para saltar…

-Oye… ¿Y ahora como bajamos?
-Pues como hemos subido.
-A mí me has subido tú… – Le miro sorprendida, no había parado a pensar en eso –  Pero… ¿Tú como has subido?
-Trepando – Empieza a reír. Me viene a la cabeza de él disfrazado de “araña” enganchado a las señales de tráfico de Madrid, en las bromas de Otra Movida.
-Ah… Claro. ¿Y cómo vamos a bajar? – Sonríe.
-¿Confías en mí? – Se queda mirándome, sonriendo. El corazón me late muy deprisa otra vez.
-S... Sí.

Y entonces se agarra al árbol, fuerte, y empieza a deslizarse hacia el suelo… 

dimecres, 1 d’agost del 2012

10. Recuerdos a su lado


Se queda quieto, parece que le ha sorprendido. Empiezo a separarme de él, pero me abraza también. Se queda cogiéndome por la espalda y me aprieta hacia él. Oigo como suelta una risita, y eso me hace sonreír. No sé como habrá interpretado este abrazo, pero estaba deseando hacerlo des de que lo vi ayer. Lo suelto del cuello y me aparto. Dejo mis manos en su pecho, mientras le miro a los ojos. Esta sonriendo y está precioso. Sé que estoy roja y que es eso lo que le hace sonreír. Doy unos pasos hacia atrás, mirando al suelo y carraspeo.

-Bueno… Te dejo que estoy buscando una cosa… – Digo sin levantar la vista.
-¿Qué cosa? – Pone cara de interesado. Sonrío. 
-Una cabaña que construyó mi padre por alguno de estos árboles.
-¿Una cabaña de madera con unas escaleras medio rotas que está en un árbol por las brancas grandes de arriba gravado con una especie de letras? – Lo miro con cara de alucinada. Lo ha descrito bastante bien… Hace años que no la veo, pero estoy segura que es así como dice él.
-¡Sí! ¿La has visto?
-Pues la verdad es que no, no me suena. – Ríe.
-Anda y vete a cagar. – Le empujo por el pecho. Me coge la mano, riendo.
-Anda, ven, que si vas sola te vas a perder. – y empieza a caminar hacia la dirección contraria a la que estaba yendo yo.

Me lleva cogida de la mano, arrastrándome, casi corriendo. Mientras, le voy chillando “Eh, Raúl, espera, ¡para un momento, hombre!” pero no me hace caso. Al contrario, se pone a reír y empieza a correr más, sin soltarme, lo cual hace que yo también tenga que correr. Y así, como dos tontos, estamos corriendo y riendo, sin pronunciar palabra, entre arboles y flores, sin dejarme ver con tranquilidad estos paisajes tan bonitos.

Al fin llegamos al árbol. Casi sin respiración, mientras me sujetaba en las piernas y suspiraba, lo contemplaba. Mi cabaña, mi casita de madera construida encima de un árbol, con su escalera de cuerdas que se nos rompió. Ahora recuerdo por que dejamos de venir… sigue rota, nadie debe haber encontrado este lugar… Empiezo a llorar, en mi mente brotan los recuerdos de cuando era niña. Raúl, que se da cuenta, pasa su brazo por mis hombros, haciendo que me apoye en su pecho. El apoya su cabeza en la mía.

-Es muy bonito. – Me dice.
-S…Si… – Respondo, llorando. El me aprieta más contra él y yo le cojo por la cintura, mirando todavía mi cabaña.
-¿Quieres que te suba? – me giro. Le miro sorprendida.
-¿Puedes? – Sonríe y con la mano que tiene libre me seca las lágrimas de las mejillas.
-Claro. Ven.