dimecres, 24 d’octubre del 2012

30. ¿Qué voy a hacer con mi familia?


Sus palabras hacen que me sienta la mujer más feliz del mundo. Me tiro encima de él y empiezo a besarle, dulcemente. Le agarro las mejillas y aprieto mis labios contra los suyos. Él sonríe divertido y me agarra del trasero. Separa un poco su cabeza de la mía, y susurra “Tengo que irme…” pero no dejo de besarle, así que gira y se queda él tumbado encima de mí, besándome y llevando él el mando. “De verdad, tengo que irme” y me besa nuevamente. Se levanta y empieza a vestirse. Me quedo sentada en la cama, con las manos cruzadas y cara de enfadada. Al verme ríe, me besa y cuando está en la puerta dice “Nos vemos después”.

Cuando oigo la puerta de abajo cerrarse, decido levantarme e ir a desayunar. Empiezo a pensar en qué pasará la semana que viene… Mi madre, mi padre, mi prima y Júlia vendrán al camping a pasar unos diitas… Todavía suerte que mi hermano, como ya es más mayor y está con su pareja, no ha querido venir… Tendré que esconderme de Raúl, hacer ver que no le conozco… Tendré que evitar que mi prima lo vea… Porque ella también es "tontaca", y como vea a Raúl la liará, lo sé: se pondrá en plan fan loca, chillando y saltando, y le pedirá una foto, y lo abrazará y lo publicará… No puedo dejar que pase. Él no busca esto. Tendré que avisarle… Pero… No puedo contarle que he estado con él, no confío en ella, sé que eso será peor…

Intento no pensar más, esta tarde, si hace falta, se lo cuento a Raúl y ya veremos qué podemos hacer. De momento me toca ordenar la habitación y pensar que hacer ahora. Tengo ganas de estar con Raúl, pero sé que él está con los niños y que no puedo hacer nada al respecto, así que me voy a la piscina para airearme y descansar.

Durante toda la mañana él no aparece, estoy tranquila, nadando sin que nadie me moleste, ni niños, ni pelotas, ni hundimientos… Como intuyo que se han ido de paseo, voy a casa a comer y vuelvo a pasar la tarde aquí, tumbada en el césped y tirándome al agua cuando me apetece.

Llega la hora de cenar. Como no tengo ganas de cocinar, pido una pizza. Mientras no llega aprovecho para ducharme y tumbarme en el sofá. Escucho una moto. Voy a mi habitación a buscar el dinero, y mientras bajo las escaleras suena el timbre. 

-Su pizza, señorita – Es él. Está de pié enfrente mío con la caja de la pizza en las manos.
-Pe… Pe… Pero.  – Digo con cara extrañada y con el monedero en la mano.
-Tranquila, – Adivina mis pensamientos. – lo he pagado yo. ¿Puedo? – dice sonriendo.
-Sí, claro, pasa.

Entra con una sonrisa de oreja a oreja, deja la pizza encima de la mesa, se gira y viene en mi búsqueda. Con un brazo me rodea la cintura, me aprieta hacia él y me besa. Da dos pasos hacia atrás y se apoya en la mesa. Yo le cojo suavemente las mejillas y sigo su beso. 

dimarts, 16 d’octubre del 2012

29. Buenos días, pequeña.


Me deja tumbada en la cama y él se tumba encima mío. Me besa los labios, las mejillas, el cuello… Va recorriendo todo mi cuerpo, sin prisa, haciendo erizar todo mi  cuerpo. Nota cuánto le deseo y sonríe. Vuelve a mis labios mientras con las manos me acaricia el torso, la espalda, la barriga. Lentamente me va sacando la ropa, al mismo tiempo que le saco yo la suya. Seguimos abrazados, besándonos, sin prisa. Todo es mucho más dulce que ayer... No quiero que pase el tiempo, así estamos bien, y noto que él siente lo mismo.

Pero el deseo va creciendo: los besos cada vez son más apasionados, sus caricias se vuelven más fuertes, sus manos se pierden en mi espalda, bajando hacia el muslo, y poco a poco va apretándome más hacia él. Nuestras respiraciones son ya más entrecortadas, y, finalmente, acabamos haciendo el amor.

Acabamos sudados, sonriéndonos el uno al otro, y el cae rendido a mi lado, abrazándome por la espalda. Empieza a besarme el cuello y me giro para besarle los labios. Se tumba hacia arriba y yo apoyo mi cabeza en su pecho. Y así nos dormimos.

Por la mañana nos despierta la sintonía de mi móvil. Suena des de la mesita de Raúl, y él, medio dormido, lo coge con una mano y me lo pasa. Yo, sin levantar la cabeza de su pecho, descuelgo el teléfono y lo dejo caer encima de mi oreja. 

-¿Seh…? – digo lo más dormida posible.
-¿Dormías? – Es Júlia. ¿Qué hace llamándome a estas horas?
-Un poco…
-Son las 11 de la mañana, tía. Anda, ¡levántate y sal a pasear por el camping!
-Sí, sí… Ahora voy… – Bostezo.
-Uh, que perezosa estás… ¿Qué pasa, que has tenido marcha con Raúl esta noche, o qué? – ¡La madre que la parió! Espero que Raúl no haya escuchado eso. Levanto la cabeza hacia él, buscando su mirada, asustada. Pero le veo con los ojos cerrados y la cabeza mirando hacia la pared, dormidito. Que precioso está… No ha escuchado nada.
-Sht, cállate. – Susurro – Más tarde te llamo y te cuento lo que quieras. – Vuelvo a hablar normal, para que Raúl no se dé cuenta. – Bueno, ¿qué quieres?
-Avisarte. Ya sé que día viene tu madre.
-¿Sí? ¿Cuándo?
-El lunes.
-¿El lunes? Ah bueno… ¿A qué día estamos hoy?
-Viernes.
-¿¡Cómo!?
-Claro, estás aquí en tu mundo feliz y no te das cuenta de la realidad…
-Mierda… – Raúl empieza a removerse en la cama, abre sus preciosos ojitos marrones, me mira y me sonríe. – Bueno, tengo que dejarte… Gracias por avisar.
-De nada. Que te vaya bien con tu principito, ya me contarás.
-Sí, sí…
-Te quiero.
-Yo más. – Cuelgo. Raúl sigue sonriéndome, le devuelvo la sonrisa y le beso. – Buenos días.
-Buenos días, pequeña.
-Oye… Son más de las 11, ¿no te estarán esperando?
-¿Qué? Oh, mierda… Bueno, ahora me acerco al súper de aquí al lado, compro un poco de cruasanes y les digo que he salido temprano a pasear y ya está. – Se acerca y me besa. – Me encantaría quedarme toda la mañana aquí, contigo.  

dilluns, 15 d’octubre del 2012

28. Te he echado de menos.


Se separa de mí y sale de la piscina para estirar las toallas para que se sequen. Se saca la camiseta y se tira de cabeza al agua. Empieza a jugar con los niños y, como siempre, yo en el medio, atacada por los dos bandos, casi sin poder defenderme.

Pasan las horas y los niños deciden volver a casa. Raúl aprovecha para quedarse conmigo y hablamos un rato. No le cuento que mi madre va a venir, prefiero decírselo más adelante. Tampoco hablamos sobre el programa. Hablamos de todo y de nada: le cuento mis travesuras de pequeña en este camping y él me cuenta las suyas, le hablo sobre mis aficiones, sobre mis amigos, mi música favorita… Y él escucha y comenta, o se ríe de mí y me hace rabiar.

Durante el rato que estamos hablando, no nos acercamos mucho. Hay gente alrededor y él prefiere no dar muestras de cariño en público. Por una parte lo respeto y entiendo, es normal que siendo famoso no quiera que le vean con chicas, pero con otra se me hace difícil: eso de tenerle cerca, sonriendo y hablando me tienta.

Llega la hora de comer y cada uno va a su respectiva casa. Él me acompaña a la mía, despidiéndome con uno de esos besos que me dejan muerta y con una sonrisa de oreja a oreja. Por la tarde él se va con los niños y sus amigos a dar una vuelta y yo me quedo en casa pasando el rato, me da pereza ir otra vez a la piscina. Las horas pasan lentamente y yo solo pienso en él: en volverle a ver, a abrazar, a besar, a acariciar… Quiero volver a dormir con él, despertarme con sus besos y sus dulces palabras…

Por fin llega la hora de cenar. Como rápido y me siento en el sofá a escuchar música, mientras espero el momento en el que suene el timbre y aparezca él en la puerta. Los minutos pasan lentos y las canciones se hacen eternas. Pero por fin, después de tanta espera, suenan en la puerta tres toquecitos de nudillos. Salto corriendo del sofá y abro la puerta. Allí está, delante mío, con su sonrisa matadora.

-Te he echado de menos.
-Yo más a ti, tontito.

Sin dejarme decir nada más, me abraza fuertemente por la cintura, levantándome del suelo, mientras me besa y entra hacia el comedor, cerrando la puerta con el pie. Sin apartar sus labios de los míos, susurra “¿Me permite, señorita?” moviendo la cabeza hacia las escaleras. Yo, imitando su comportamiento, le susurro “Por favor”.

Y así, entre besos y risas, subimos hacia la habitación. 

divendres, 12 d’octubre del 2012

27. Te odio.


Vuelvo a la cama, ahora no tengo ganas de desayunar. Todavía tengo que asimilar lo que ha pasado. Cuando llego a la habitación, lo veo todo por el suelo tirado: mi sujetador, cojines, las sábanas… Me sonrojo. La verdad es que ayer nos sobraba todo…

Me tumbo en la cama y cojo el móvil. Quiero llamar a Júlia y contarle que lo he hecho con Raúl, pero no puedo… Es demasiado temprano. Me pongo a mirar las fotos y encuentro la única foto de Otra Movida que no borré: mi foto preferida de Raúl. Sonrío, la beso y acabo durmiéndome con el móvil en el pecho.

Me despierto, miro la hora y son las 10 y media. Me cambio deprisa y voy rápido a desayunar, quiero llegar cuanto antes a la piscina.

Cuando llego allí no hay nadie. Otra vez. Bueno, es temprano, quizás todavía no se han despertado los niños. Estoy un rato sentada con los pies dentro del agua, removiéndola y pensando. De repente noto unas manos en mi espalda que me empujan y me hacen caer dentro del agua. Está congelada, y salgo chillando y casi sin respirar. Me giro y le veo, perfecto, riendo, con sus sobrinos. Los niños chillan divertidos y se tiran rápido al agua, salpicándose entre ellos. Yo le salpico desde dentro, con cara enfadada.

-Lo siento. Era demasiado tentativo. – Dice acercándose al borde de la piscina, arrodillándose para estar a mi altura, sonriéndome. Yo me acerco al borde de la piscina y me aguanto en ella.
-Te odio.  – Sonríe pícaro y se acerca hacia mí. Mira a los lados, comprobando que no hay nadie y que los niños no miran, y me besa fugazmente.
-Lo sé. – yo, que no me lo esperaba, me lo quedo mirando sorprendida. Pero no se me olvida lo que me ha hecho, le cojo el brazo y tiro con todas mis fuerzas para hacerlo caer. Y lo consigo. Enseguida se llena todo de risas y gritos de los niños, que se acercan a nosotros divertidos para mojar a Raúl. Cuando éste saca la cabeza chilla – ¡Pero no ves que llevaba la toalla y la ropa!
-Bueno, pues ahora lo dejas al sol para que se seque. Tiene dos horitas buenas. – Sonríe y rápidamente me hunde, como venganza. – Si, ¡tú sigue ahogándome! ¡Ya verás, ya!
-Ui si, que vas a hacerme, ¿eh? – dice mientras sale de la piscina apoyándose con la pierna en el borde de ella.
-¡Tirarte otra vez, por ejemplo! – le agarro del bañador y tiro de él, haciendo que caiga de espalda a mi lado. Los niños vuelven a reír divertidos, le cogen y le ahogan, mientras que yo río y me aparto, para evitar que me hagan a mí algo. Se aparta de los niños, que vuelven a jugar entre ellos, y me rodea la cintura con un brazo, acercándome a él.
-Después vas a quejarte... – dice susurrándome en el oído.
-Yo, ¿de qué?
-De que te castigue… – y sonríe pícaramente.
-¿Y cómo vas a castigarme, si se puede saber? – le susurro yo también, siguiéndole el juego. Entonces empieza a acercar su cara a la mía, sin dejar de sonreír y mirándome a los ojos. Baja su mirada hacia mis labios, mira de reojo a los niños y, al comprobar que no están por nosotros, roza con su nariz la mía.
-Podría castigarte sin mis besos… – suspira, yo me muerdo el labio y le cojo por la cintura, acercándole a mí – Pero eso sería un doble castigo… – me besa dulcemente y se separa disimuladamente de mi. – No se me da bien castigar…