dissabte, 23 de novembre del 2013

42. ¿Y todo para qué?

Sigo corriendo sin mirar atrás. Las lágrimas me nublan la vista y casi no puedo respirar. Detrás de mí ya no escucho a Raúl, se debe haber cansado de correr inútilmente. Lo ha dejado muy claro con su mirada: se va para no volver y no volvernos a ver más. Solo he sido un rollete de verano que le ha durado las dos semanas que ha estado en este camping.


Paro de correr en seco, tengo flato, me duele el pecho e hiperventilo. No estoy acostumbrada a hacer ejercicio y se nota, estoy agotada. Al levantar la vista me doy cuenta de dónde me han llevado mis pasos: estoy en el camino de mi casita del árbol. Sonrío y empiezo a caminar hacia él, viéndolo a lo lejos, con sus nuevas escaleras colgando… Raúl se tomó la molestia de cambiarlas únicamente por mí… Dedicó todo un día a ir a comprarlos, volver sin que le viera y montarlo… ¿Y todo para qué? ¿Para poder disfrutarlo dos días conmigo?... Prefiero no recordarlo, así que me decido a subir. Subiendo me acuerdo de la primera vez que vine, cuando me caí y Raúl me cogió… Ladeo la cabeza intentando borrar los recuerdos de mi cabeza, pero al llegar arriba vuelvo a recordar todo lo que he vivido con Rulo estas dos semanas, que no ha sido poco, y rompo a llorar otra vez. Apoyo la cabeza en mis piernas y me abrazo, haciéndome una bolita y desahogándome tranquila… Cuando me doy cuenta que tengo el brazo pintado. Extrañada, extiendo el brazo y lo miro detenidamente… Es un número de móvil… El número de móvil de Raúl… Me lo ha pintado esta noche mientras dormía en su cama, me lo ha dicho esta mañana… Sonrío sin darme cuenta y saco el móvil del bolsillo. 

- No hace falta  – doy un salto del susto y me giro hacia la puerta  – estoy aquí. – Raúl está en la entrada de la casita, con una gran sonrisa. Aprieto los puños, agacho la cabeza y me quedo quieta. Él mientras acaba de subir y se sienta a mi lado, pasando su brazo por mi espalda y llevándome hacia él en silencio.
- Tengo miedo  – susurro.
- ¿Miedo? ¿Por qué? – dice acercándose a mí con el rostro preocupado.
- Porque siento que ya no voy a verte más…  – se queda callado y agacha la cabeza resoplando. Le miro dolida a los ojos y me levanto, apartándome de él con fuerza. – ¿Qué coño he sido para ti? ¿Qué significaban todos tus ‘te quiero’? – me entra la llorera de nuevo, pero esta vez de rabia. Él se queda callado, petrificado, mirándome incrédulo. – ¿Ni vas a responderme tampoco? Solo he sido un juego para ti, ¿no?
- No…  – susurra agachando la cabeza.
- No me niegues más lo evidente, Raúl  – grito. – Vete, vete por favor, déjame sola aquí. – me mira en silencio, dolido. – Por favor…  – digo en un hilillo de voz. Se levanta, se gira y se apoya en las maderas de la puerta, para empezar a bajar.
- No quiero perderte…  – susurra desde allí  –  Pero la distancia nos impide estar juntos…  – se agacha, apoyando los pies en el primer “escalón” – Lo siento  – dice mirándome a los ojos y empezando a bajar. Me quedo quieta en mi sitio, analizando lo que me acaba de decir.
- Entonces  – grito acercándome a la puerta  – ¿el problema es la distancia? – grito desde allí. Él todavía no ha llegado abajo.
- Yo no puedo dejar Madrid… Ya tuvimos esta conversación, ¿recuerdas? – me quedo en silencio. Sí lo recuerdo, lo hablamos uno de los primeros días en la piscina… Lo había olvidado… Me contó que su vida estaba en Madrid, que tenía trabajo, sueños y proyectos…
- Pensaba que te hacías el interesante con una desconocida para ligar…  – sonrío. Fue exactamente lo que pensé al escucharlo. Él también sonríe y acaba de bajar las escaleras en silencio. Me siento en el borde de la casita, con los pies apoyados en el primer escalón y le veo a punto de alejarse. Estoy a punto de gritarle, de pedirle que suba de nuevo, pero se da la vuelta. Me mira y veo sus ojos llorosos, sus manos cerradas y sus dientes rechinando al ser apretados. Vuelve a darse la vuelta y empieza a caminar a paso rápido por el prado, volviendo a su casa. Me tapo la boca con las manos, me estiro hacia atrás, apoyándome en el suelo, e intento asimilar lo que acaba de pasar. Extiendo el brazo hacia arriba, mirando los números con atención, pensando en todo lo vivido con él. Hace unos meses le veía en televisión, soñando conocerle, imaginando como sería pasar 5 minutos con él para pedirle una foto. Y ahora, dos semanas después de estar en este maldito camping… Estoy rompiendo con él…  

“¿Cuándo se ha roto nuestra bonita relación y se ha convertido en una absurda telenovela mejicana?”

Enviado. Me quedo estirada mirando el fondo de pantalla… Mi foto con Raúl, la que me sacó Júlia con él creyendo que no le conocía… Vuelvo a sonreír, beso la pantalla y me levanto, dispuesta a volver a casa, cuando me suena el móvil. Raúl me ha contestado. 

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