dissabte, 23 de novembre del 2013

42. ¿Y todo para qué?

Sigo corriendo sin mirar atrás. Las lágrimas me nublan la vista y casi no puedo respirar. Detrás de mí ya no escucho a Raúl, se debe haber cansado de correr inútilmente. Lo ha dejado muy claro con su mirada: se va para no volver y no volvernos a ver más. Solo he sido un rollete de verano que le ha durado las dos semanas que ha estado en este camping.


Paro de correr en seco, tengo flato, me duele el pecho e hiperventilo. No estoy acostumbrada a hacer ejercicio y se nota, estoy agotada. Al levantar la vista me doy cuenta de dónde me han llevado mis pasos: estoy en el camino de mi casita del árbol. Sonrío y empiezo a caminar hacia él, viéndolo a lo lejos, con sus nuevas escaleras colgando… Raúl se tomó la molestia de cambiarlas únicamente por mí… Dedicó todo un día a ir a comprarlos, volver sin que le viera y montarlo… ¿Y todo para qué? ¿Para poder disfrutarlo dos días conmigo?... Prefiero no recordarlo, así que me decido a subir. Subiendo me acuerdo de la primera vez que vine, cuando me caí y Raúl me cogió… Ladeo la cabeza intentando borrar los recuerdos de mi cabeza, pero al llegar arriba vuelvo a recordar todo lo que he vivido con Rulo estas dos semanas, que no ha sido poco, y rompo a llorar otra vez. Apoyo la cabeza en mis piernas y me abrazo, haciéndome una bolita y desahogándome tranquila… Cuando me doy cuenta que tengo el brazo pintado. Extrañada, extiendo el brazo y lo miro detenidamente… Es un número de móvil… El número de móvil de Raúl… Me lo ha pintado esta noche mientras dormía en su cama, me lo ha dicho esta mañana… Sonrío sin darme cuenta y saco el móvil del bolsillo. 

- No hace falta  – doy un salto del susto y me giro hacia la puerta  – estoy aquí. – Raúl está en la entrada de la casita, con una gran sonrisa. Aprieto los puños, agacho la cabeza y me quedo quieta. Él mientras acaba de subir y se sienta a mi lado, pasando su brazo por mi espalda y llevándome hacia él en silencio.
- Tengo miedo  – susurro.
- ¿Miedo? ¿Por qué? – dice acercándose a mí con el rostro preocupado.
- Porque siento que ya no voy a verte más…  – se queda callado y agacha la cabeza resoplando. Le miro dolida a los ojos y me levanto, apartándome de él con fuerza. – ¿Qué coño he sido para ti? ¿Qué significaban todos tus ‘te quiero’? – me entra la llorera de nuevo, pero esta vez de rabia. Él se queda callado, petrificado, mirándome incrédulo. – ¿Ni vas a responderme tampoco? Solo he sido un juego para ti, ¿no?
- No…  – susurra agachando la cabeza.
- No me niegues más lo evidente, Raúl  – grito. – Vete, vete por favor, déjame sola aquí. – me mira en silencio, dolido. – Por favor…  – digo en un hilillo de voz. Se levanta, se gira y se apoya en las maderas de la puerta, para empezar a bajar.
- No quiero perderte…  – susurra desde allí  –  Pero la distancia nos impide estar juntos…  – se agacha, apoyando los pies en el primer “escalón” – Lo siento  – dice mirándome a los ojos y empezando a bajar. Me quedo quieta en mi sitio, analizando lo que me acaba de decir.
- Entonces  – grito acercándome a la puerta  – ¿el problema es la distancia? – grito desde allí. Él todavía no ha llegado abajo.
- Yo no puedo dejar Madrid… Ya tuvimos esta conversación, ¿recuerdas? – me quedo en silencio. Sí lo recuerdo, lo hablamos uno de los primeros días en la piscina… Lo había olvidado… Me contó que su vida estaba en Madrid, que tenía trabajo, sueños y proyectos…
- Pensaba que te hacías el interesante con una desconocida para ligar…  – sonrío. Fue exactamente lo que pensé al escucharlo. Él también sonríe y acaba de bajar las escaleras en silencio. Me siento en el borde de la casita, con los pies apoyados en el primer escalón y le veo a punto de alejarse. Estoy a punto de gritarle, de pedirle que suba de nuevo, pero se da la vuelta. Me mira y veo sus ojos llorosos, sus manos cerradas y sus dientes rechinando al ser apretados. Vuelve a darse la vuelta y empieza a caminar a paso rápido por el prado, volviendo a su casa. Me tapo la boca con las manos, me estiro hacia atrás, apoyándome en el suelo, e intento asimilar lo que acaba de pasar. Extiendo el brazo hacia arriba, mirando los números con atención, pensando en todo lo vivido con él. Hace unos meses le veía en televisión, soñando conocerle, imaginando como sería pasar 5 minutos con él para pedirle una foto. Y ahora, dos semanas después de estar en este maldito camping… Estoy rompiendo con él…  

“¿Cuándo se ha roto nuestra bonita relación y se ha convertido en una absurda telenovela mejicana?”

Enviado. Me quedo estirada mirando el fondo de pantalla… Mi foto con Raúl, la que me sacó Júlia con él creyendo que no le conocía… Vuelvo a sonreír, beso la pantalla y me levanto, dispuesta a volver a casa, cuando me suena el móvil. Raúl me ha contestado. 

dijous, 18 de juliol del 2013

41. Prométemelo.

Raúl sigue abrazándome con la cabeza apoyada en la mía, en silencio, acariciándome los brazos dulcemente. Todavía no puedo creer lo que ha pasado, en mi mente revivo una y otra vez el momento en que Juan me tenía rodeada, a punto de besarme por la fuerza, y Raúl lo empujó fuertemente hasta dejarlo caer al suelo… La ira de sus ojos, las venas hinchadas en sus brazos, el ruido de sus dientes al apretarlos, la fuerza de su voz al gritar…

- ¿Estas mejor…? – susurra cortándome los pensamientos.
- S…Sí… – sigo mirando al suelo, sin punto fijo, con la cabeza todavía ida.
- Yo… No quería que me vieras así… – ladeo la cabeza poco a poco y poso mi mirada en sus ojos. Están arrepentidos, preocupados, tímidos. Cuando ve que le miro, se sonroja y dibuja una pequeña sonrisa que contagia una gran sonrisa en mi rostro. Sin pensarlo, levanto la cabeza y le beso, cogiéndole suavemente por la barbilla, acariciando su barbita de pocos días. Raúl responde al beso, sonriendo en él, y rápido me aprieta más hacia él, entreabriendo nuestros labios, mordiéndome cariñosamente. Me separo de él, sin soltarle, y le sonrío.
- Te quiero.
- Y yo a ti – contesta después de un pequeño silencio en el que esbozaba una gran sonrisa. Poco a poco vuelve a acercarse a mí y me besa, pero vuelve a apartarse para mirarme nuevamente. Los ojos se le entristecen de golpe, por mucho que intente negarlo con una sonrisa fingida, los cierra, suspira y se acerca para besarme.
- ¿Qué pasa? – pregunto apartándome y frenándolo colocando mis manos en su pecho.
- Nada, nada… – vuelve a sonreír forzadamente.
- Raúl… – susurro, resopla.
- Tenemos que irnos antes. – susurra. Le miro sorprendida, no puedo creerlo.
- ¿Qué? – no puede ser, me dijo que se quedaba hasta el domingo, estamos a martes… – ¿Por qué?
- Álex tiene que irse…
- Pues que se vaya – contesto cortándole. Consigo que suelte una pequeña carcajada.
- Tenemos que irnos con él, vinimos en dos coches, ¿recuerdas?
- Bueno, ya volverás conmigo… – se queda en silencio, mirándome con una sonrisita. Me acaricia la mejilla y posa su mirada en mis labios. Alza la mirada y se da cuenta que estoy a punto de romper a llorar. Su mirada se entristece e intenta dibujar una sonrisa, pero no lo consigue, y eso hace que no pueda contener las lágrimas ni un segundo más. Raúl, rápidamente me abraza y me aprieta fuertemente, intentando calmarme.
- Shhhh… Tranquila… Esto no es una despedida… – dice acariciándome la cabeza.
- Es un “hasta pronto” – susurro con una sonrisa.
- ¿Qué? – dice soltando una pequeña risita.
- Es lo que dijo Flo cuando acabó TLJ… – susurro separándome de él y secándome las lágrimas. Al escuchar eso sonríe y susurra “Ai, tito Flo…”. Eso hace que me entre nostalgia y vuelvo a abrazarme a él para volver a llorar.
- Prométeme que volverás a trabajar con ellos… – susurro pegada a su cuerpo.
- ¿Cuándo hemos empezado a hablar de trabajo? – vuelve a reír, pero lo dice un poco molesto.
- Prométeme que volveremos a vernos. – vuelvo a separarme de él y le miro fijamente.
- Todavía no me voy… – susurra.
- Prométemelo… – susurro temblorosa. Se queda en silencio, mirándome serio. Los ojos vuelven a soltar lágrimas sin que me dé cuenta y me levanto de un salto del sofá.

- ¡Marta! – grita desde el sofá. Ya es tarde, ya he cerrado la puerta de un portazo y me dirijo hacia el prado, sin mirar atrás, sin rendirme al escuchar sus gritos detrás de mí… 

dimecres, 26 de juny del 2013

40. ¿Estás bien?

Estoy de pie, en silencio, con los ojos muy abiertos, contemplando la escena en silencio. Juan está a pocos metros de mí, con una sonrisa fingida y un gran ramo de flores. Poco a poco se va acercando a mí, intentando decir algo, pero no le sale la voz.

- ¿Qué haces aquí? – Pregunto contundente y lo más borde que puedo. Se queda parado, sorprendido, y hace una pequeña mueca. – Que qué coño haces aquí, te he dicho.
- Marta, yo… – susurra.
- Vete.
- ¿Qué?
- ¡Que te vayas! – alzo mucho la voz y levanto la mano, señalando la puerta, mirándole con odio, rabia y asco.
- Pero… – susurra.
- ¿¡Es que no me oyes!? – grito más, poniéndome más nerviosa y apretando el puño que tengo al lado del cuerpo.
- No te pongas así – intenta tranquilizarme mi madre con la voz temblorosa.
- ¡Tú cállate! – contesto girándome y mirándola mal – ¡Todo esto es por tu culpa! – digo sin pensar – ¡Iros! ¡Salir de aquí todos! – doy un paso hacia atrás y me quedo señalando la puerta, mirando con rabia a Juan, mis padres y mi prima, que estaba de pie al lado de Juan. Mis padres se levantan asustados y se dirigen a la puerta, agachando la cabeza. Puedo ver como mi madre rompe a llorar, pero no le hago caso. Carol carraspea, agacha la cabeza y se dirige hacia la puerta. Al salir, veo como sonríe victoriosa y se va. Aprieto los dientes y los puños con rabia y me giro, buscando la mirada de Juan, que sigue de pie, atónito. – ¿Qué coño esperas?
- Quiero hablar contigo – dice serio.
- ¿Qué? – suelto una carcajada – ¿Es que no me has escuchado?
- Sí – me corta antes que vuelva a atacarle – pero no voy a irme hasta que hablemos.
- Me importa una mierda lo que quieras, Juan – vuelvo a subir el tono de voz – ¡Que te vayas de mi casa!
- No. – contesta enfadándose y lanzando el ramo contra el suelo. Poco a poco va acercándose a mí, mirándome fijamente. Doy dos pasos hacia atrás, asustada y enfadada, y noto que ya no puedo apartarme más porque tengo la pared.
- No te me acerques – digo amenazándole levantando las manos y poniéndolas enfrente de mí, para empujarle. Él no para de avanzar y se para a pocos centímetros de mí, a punto de rozar mis manos.
- Te he dicho que quiero hablar. – contesta entre dientes.
- Y yo te he dicho que – me corta cogiéndome de las manos y acercándome hacia él, apretándolas con fuerza. – ¡Ah! – grito del dolor – ¡Para! – hago fuerza para que me suelte, pero no puedo. Aprieto los dientes con miedo y rabia y los ojos se me llenan de lágrimas. – ¡Suéltame! – grito.
- ¡Solo quiero hablar! – grita acercándome más a él, apretando las manos y haciendo que todavía me duela más.
- ¡Para! – grito del dolor. Entonces, me suelta de la mano derecha y me rodea la espalda, apretándome a él.
- Solo quiero arreglar las cosas – susurra a pocos centímetros de mi boca.
- Juan, ¡que me sueltes! – con la mano que tengo suelta empiezo a empujarlo y giro la cabeza para que no me bese. Empieza a hacer fuerza por la espalda y se acerca más a mí, empotrándome contra la pared para evitar que pueda resistirme – ¡Suéltame! ¡Suéltame! – cada vez grito más fuerte y rompo a llorar.
- ¡Te ha dicho que la sueltes! – grita Raúl, entrando enfurecido, apoyando sus manos en el pecho de Juan y empujándolo con fuerza, lanzándolo al suelo al momento. Me quedo de pie, apoyada a la pared, asustada, dolida, llorando, mirando sorprendida la escena. Juan esta de espalda al suelo, quejándose por el golpe, y se levanta lentamente, mirando poco a poco a Raúl. Él está de pie enfrente de él, mirándolo con furia, apretando los puños al lado de su cuerpo.
- ¿Qué coño haces? – grita Juan.
- ¡No, qué coño haces tú! – contesta Raúl con el mismo tono, acercándose amenazadoramente a Juan. Sigo apoyada a la pared, sin moverme, temblando. Juan abre los ojos de golpe, reconociéndolo. Entonces me mira de reojo, cuestionándome. –¡Ni la mires! – vuelve a gritar Raúl. Juan empieza a levantarse sin dejar de mirarme fijamente, cada vez con más odio – ¡Te he dicho que no la mires! – grita Raúl empujándolo de nuevo, lleno de ira. Juan le coge del brazo, lo aparta y le pega un puñetazo a la barriga.
- ¡Raúl! – grito asustada al verlo.
- ¿Te dejo venir sola al camping y me los pones con tu “amor” de los huevos? – grita Juan, encarándose a mí. Raúl, girándose rápidamente dolorido, lo gira rápidamente y le devuelve el puñetazo, pero esta vez en la cara. Éste vuelve a caer al suelo y me tapo la boca asustada, mirando a Raúl sin reconocerlo.
- ¿Estás bien? – susurra Raúl acercándose a mí, cogiéndome de las mejillas con suavidad, mirándome preocupado. Asiento con la cabeza todavía asustada y le abrazo, temblando. Al separarse de mí, me besa dulcemente y se gira rápido al escuchar que Juan empieza a levantarse. – Vete – contesta encarándose a él. Juan, que está sangrando por la nariz, lo mira con rabia, aprieta los dientes y sale de la casita, no sin antes mirarme de reojo. Raúl le sigue hasta las escaleras, confirmando que se va. Al verle desaparecer, vuelve a entrar. – ¿Marta?
- Estoy aquí… – contesto desde el sofá. Estoy sentada, con los brazos cruzados, intentando tranquilizarme. Raúl se acerca rápidamente a mí, se sienta a mi lado y me abraza, acariciándome, para conseguir que deje de temblar.
- ¿Estás bien? – repite preocupado.
- Sí… Sí… – le miro con los ojos llorosos. Resopla, preocupado, me coge por las mejillas y me besa dulcemente.
- Lo siento, lo siento… – susurra entre besos.

- Tranquilo… – le contesto – Gracias... 

diumenge, 16 de juny del 2013

39. Gracias, Rulo.

Me lanzo a su cuello, apretándome fuertemente contra su cuerpo, y le beso la mejilla. Él me aprieta por la espalda, me acaricia, me tranquiliza y me besa la cabeza.

- Cómo me gustaría quedarme a dormir contigo…
- Quédate en mi casa – dice con una sonrisa.
- Ojalá pudiera… – digo levantando la cabeza y contagiándome de su sonrisa.
- Puedes. – dice contundente – Puedes y vas a hacerlo – se separa de mí con la gran sonrisa que le caracteriza, me coge de la mano y empieza a caminar hacia su casa, la cual está casi al lado.
- Que no, Raúl, que no puedo, de verdad – voy diciendo mientras tiro de su mano e intento frenarle. Él hace caso omiso de mí y empieza a subir las escaleritas.
- Ven, tonta – susurra entre risas, abre la puerta y hace un gesto para que calle.
- Que no, ¡Raúl! – grito flojito, riendo al hacerlo.
- Shhhhht – me pone el dedo índice en la boca y con una sonrisa me hace entrar en su casa, cerrando la puerta con llave al entrar. – No hagas ruido – susurra, me coge de la mano y me lleva hacia su habitación. Al entrar, me siento al borde de su cama, mordiéndome el labio inferior, y él cierra la puerta con cuidado. Cuando se gira y me ve, sonríe pícaro, resopla, y poco a poco va acercándose a mí – Mmmmm… – susurra mirándome los labios con una gran sonrisa traviesa – No podemos hacer ruido… – me mira a los ojos sensualmente y se muerde el labio.
- No, no podemos… – susurro imitándole – y no vamos a hacerlo… – sonrío, me separo de él y gateo por la cama, sacando las sábanas y colándome dentro de ellas. Él se queda de pié, mirándome sorprendido.
- Ah… ¿no? – susurra sacándose los pantalones e imitándome, estirándose a mi lado.
- No… – susurro en un hilillo de voz, sin ninguna credibilidad en mis palabras.
- Bien… Entonces… Buenas noches. – me besa dulcemente, jugando con mis labios y mi lengua, mordiéndome el labio inferior y separándose de mí con una sonrisa. Se da la vuelta y se coloca bien.
- No, no… – susurro dándole un golpe en el brazo. Raúl se gira y me mira divertido – si vamos a dormir, hagámoslo bien. – le aparto el brazo y me abrazo a él, apoyando la cabeza en su pecho y dejándole un beso allí. – Buenas noches – cierro los ojos y me recoloco. Él suelta una pequeña risa y me besa la cabeza, apretándome un poco más a él, pasando su mano por mi espalda y acariciándome el brazo con la otra.


Abro los ojos lentamente y no reconozco la pared que tengo delante. Levanto un poco la cabeza, analizando la habitación y me doy cuenta que tengo un brazo encima de la barriga. Sonrío y lo acaricio, girándome hacia él, hacia Raúl.

- Buenos días. – susurra sonriéndome, le contesto con un dulce y largo beso, cogiéndole de las mejillas y poniéndome encima suyo, llena de felicidad. – Ummmmh… Ojalá me despertara así todos los días – susurra entre besos.
- Ojalá… – susurro besándole nuevamente – Pero ahora tengo que irme…
- No… – se queja besándome y colando su mano por mi cuello.
- Te quiero… – susurro separándome un poco de sus labios, volviendo a besarle al decirlo.
- Te quiero – dice más sereno que yo, volviendo a unir nuestros labios en un largo y sentido beso. Poco a poco, y doliéndome al hacerlo, me voy separando de él y me levanto. Al empezar a vestirme, se levanta él también y se viste, saliendo primero de la habitación para guiarme hacia la puerta y evitar que me vean sus amigos. – Nos vemos luego – susurra al abrirme la puerta – Si pasa algo, llámame – arqueo una ceja.
- No tengo tu núm… – Sonriendo, me coge la muñeca y me gira el brazo suavemente. Bajo la mirada intrigada y veo un número apuntado en él. – ¿C… Cómo? – pregunto sorprendida.
- Te lo he apuntado mientras dormías… – susurra divertido. Me acerco a él y le beso tiernamente.
- Gracias, Rulo. – susurro a pocos milímetros de sus labios. Le dejo un corto pico y me giro rápido, dirigiéndome a mi casa sin mirar atrás, porque si no me quedaría allí…


Al llegar a mi casa, veo dentro de esta a mis padres, preocupados.

- ¿¡Se puede saber dónde estabas!? – grita mi madre al verme entrar. La miro sorprendida y asustada.
- ¿Qué… ¿Qué hacéis aquí? – pregunto enfadada y preocupada. Entonces sale de la cocina Carol, con una sonrisa victoriosa y una ceja alzada. La fulmino con la mirada y aprieto las manos y los dientes con fuerza. Antes que pueda decirle nada, sale detrás de ella Juan, mi ex, con un ramo de flores y una sonrisa tímida.
- Hola… 

dimarts, 4 de juny del 2013

38. Por encima de todo.

Al llegar a la casita, veo a mis padres sentados en el sofá con los brazos cruzados.

- No os enfadéis… He ido a buscar a Carol, que se había dado a la fuga… – les digo sentándome a su lado.
- Ya, ya… – contesta mi madre. La abrazo y la beso.
- Venga, contarme, ¿qué hacéis por aquí? – digo cogiéndome a su brazo, como le gusta que lo haga.
- Te echábamos de menos, hija. Además, aquí solíamos venir toda la familia y nos ha parecido un buen sitio para despejarnos… Como tú, que ni nos avisaste…
- Bueno, mamá… Pasaba por malos momentos y…
- Lo necesitaba – Júlia me corta viendo que me estoy poniendo nerviosa, mi madre me aprieta la mano.
- Sé que lo has pasado mal por Juan, pero lo último que debías hacer era irte sola… – susurra mi madre.
- Mamá, no quiero hablar del tema…
- Perdón, perdón…
- Cuéntanos – nos corta mi padre – ¿qué has hecho por aquí?


Sonrío de oreja a oreja al pensar en Raúl, pero no se lo cuento. Les cuento cuando encontré la casita, que subí y estaba todo tal y como lo dejamos y me inventé historias en el lago para que no sospecharan nada. Las horas fueron pasando y se quedaron a cenar. Cada vez se hacía más tarde y empezaba a temer que Raúl no se presentara en casa pensándose que ya se habían ido y me pillaran, así que se lo dije a Júlia para que me ayudara. Y así lo hizo, empezó a hacerse la dormida y dijo que se iba a casa, que necesitaba dormir. Mi padre, que estaba cansado de estar rodeado de mujeres, se levantó para acompañarla, y mi madre, que no se fiaba un pelo de él, lo siguió, así que Carol no tuvo más remedio que irse con ellos. 


Toc toc toc. Sonrío, bajo corriendo las escaleras y abro la puerta.

- Amor. – susurra Raúl lanzándose a mis brazos, abrazándome y levantándome del suelo.  – No sabes cómo te he echado de menos – cierra la puerta con el pie y corre hacia el sofá, tumbándose encima de mí y besándome dulcemente.
- No sabes lo mal que lo he pasado con mis padres aquí – susurro entre besos.
- El momento en el bosque con tu prima ha sido lo mejor – empieza a reír y le doy un golpe en el hombro. – ¿Qué? – ríe – será que no te ha divertido…
- ¿Divertido? Pensaba que en un momento u otro nos pillaría… – le rodeo el cuello y empiezo a besarle – Me moría de ganas de abrazarte – sonríe y me muerde el labio inferior, colocándose bien encima de mi cuerpo, subiéndome la camiseta.
- Ahora estamos solos… Vuelves a ser solo mía… – susurra besándome el cuello. Suelto un pequeño gemido y cierro los ojos, echando hacia atrás la cabeza para que pueda besarme.
- No me lo puedo creer… – Raúl se levanta de un salto y se queda de pie, mirando hacia la puerta. Yo, asustada, me siento corriendo y me bajo la camiseta.
- Carol… ¿Qué… Qué haces aquí? – pregunto como puedo, con un hilillo de voz.
- Estaba en el comedor y he visto pasar a Raúl… No puedo creerlo, ¡no puedo creerlo! – se tapa la boca y contempla a Raúl con los ojos como platos. Me levanto corriendo y cierro la puerta.
- Vale, Carol… Necesito que seas prudente…
- ¿¡Prudente!? Esto es… Dios… ¡La has cagado pero bien!
- ¿Perdona? – la miro mal, echándome hacia atrás. ¿Quién es ella para decirme eso? Raúl se acerca a nosotras un poco asustado y me coge por la cintura, poniéndose detrás de mí, protegiéndome así de ella.
- Madre mía, Marta… – se pone una mano en la frente y se dirige hacia una silla, sentándose en ella.
- ¿Qué pasa, Carol? – pregunto extrañada – Lo único que te pedimos es discreción… – susurro.
- ¿Discreción? Pídemela mañana, cuando se presente aquí Juan con un ramo de flores para arreglar las cosas. – abro los ojos como platos y me quedo petrificada. Raúl se pone a mi lado y me mira extrañado.
- ¿Juan? – susurra.
- ¿Cómo que…? ¿Qué quieres…? – empiezo a temblar y no me salen las palabras para preguntarle a Carol.
- Que Juan vino a buscarte a casa para arreglar las cosas y, cuando tu madre le dijo que habías venido aquí, decidió venirte a ver. Por eso vinimos antes, para poder ver como estabas y avisarle…
- ¿¡Cómo!? ¿Pero estáis locos o que os pasa? – me avalanzo encima de Carol, llorando de la rabia. Raúl viene tras de mí y me aparta de ella, poniéndome enfrente de él, cogiéndome de los hombros.
- ¿Quién es Juan? – susurra intentando tranquilizarme, pero su tono de voz muestra preocupación e ira.
- Su ex. Bueno… “ex”, ya sabes… – suelta Carol. Raúl me mira con los ojos bien abiertos, sin creérselo, cuestionándome.
- Yo… – intento defenderme pero no me salen las palabras. Raúl me suelta y se dirige hacia la puerta, sin mirarme – ¡Raúl, ven! – se gira y me mira con los ojos entristecidos – todos tenemos un pasado… – susurro acercándome a él.
- Yo te lo conté todo y tú no me dijiste nada sobre esto… – niega con la cabeza, defraudado – Solo jugabas conmigo. – se gira, abre la puerta y sale hacia afuera.
- ¡Que no, Raúl! – corro detrás de él – ¡Que yo te quiero! – rompo a llorar y me quedo quieta en los escalones de casa mientras le veo irse corriendo hacia la suya. Me giro y veo a Carol apoyada en la puerta, con una sonrisa – ¿¡Pero cómo puedes ser tan hija de puta? – se sorprende y parece dolida.
- ¿Y tú? – vuelve a sonreír, la ira me corroe todo el cuerpo y sin pensármelo le giro la cara de una bofetón.
- Vete a la mierda. – me giro y corro detrás de Raúl, gritándole. Antes de llegar a su casa frena, y, después de apretar los puños, se da la vuelta y se enfrenta a mí. – Escúchame, por favor – le suplico llorando. Él está serio, se cruza de brazos y agacha la cabeza. – Me engañó, jugó conmigo, se fue con la primera que pasó por delante suyo, no le importaba una mierda – no puedo parar de llorar y me ahogo con cada palabra y recuerdo que saco a la luz – Quería olvidarlo, quería empezar de cero, cómo si no le hubiese conocido, recuperar la felicidad – Raúl empieza a mirarme con otros ojos y empieza a preocuparse por mi ansiedad – Y apareciste tú, mi ídolo, mi amor platónico… Y ocurrió lo que más deseaba – sonríe tímidamente, agachando la cabeza – me devolviste la felicidad, me hiciste olvidarme del mundo, de ese capullo, de mi vida… Para mí ahora solo existes tú – suelto en un último aliento y me derrumbo en su pecho, llorando abrazada a su cuerpo, notando como me aprieta fuerte por la espalda y me besa la cabeza.
- Tranquila… – susurra – Perdóname… – va acariciándome el pelo y me besa la frente.
- Te quiero… – susurro en un suspiro.
- Y yo a ti, por encima de lo que pase mañana… 

dissabte, 6 d’abril del 2013

37. ¿Y tú como lo sabes?


Carol sigue mirándome sin entender porqué no le contesto, yo no soy capaz de decir nada. ¿Cómo es capaz de decir eso delante de él? Él se ha quedado igual de parado que yo, incluso está un poco sonrojado.

– ¿O ya tienes una? – Carol corta mis pensamientos.
-Sí.
-No. – Raúl y yo contestamos a la vez. Nos quedamos mirando, él sonríe divertido.
-¿Perdón?  – dice Carol sin entender nada. Júlia no aguanta más y empieza a reírse a carcajada limpia. Le doy un codazo. Carol nos mira muy mal a las dos.
-Eh… No… No tenemos ninguna foto…
-Ven, ven mujer. – dice Raúl cogiéndome de la mano. Me acerca a él y me coge por la cintura, colocándose para la foto. Yo me sonrojo y agacho la cabeza.
-Ya está. – dice guardando el móvil. Mientras está distraída poniéndoselo en el bolsillo, Raúl me besa la cabeza. Yo me aparto de su lado rápidamente.
-Bueno, chicas… Espero que estas fotos no salgan a la luz hasta que yo me vaya, ¿eh?
-Sí, sí. Tranquilo. Ya me ha dicho mi prima que quieres qu… Espera. – Carol nos mira a los dos. – Antes me has dicho que habías hablado con él. ¿Hablaste con él y no te hiciste una foto? – Raúl y yo nos sorprendemos. Me quedo callada sin saber qué contestar.
-Estaba tan nerviosa al verle que no podía ni respirar – contesta Júlia – ella le pidió una foto pero Raúl le dijo que no, porque no quería que supieran que estaba aquí.
-¿Y tú como lo sabes? – dice Carol mirándola mal. Nunca se han llevado muy bien.
-La llamé al llegar a casa. – contesto defendiendo a Júlia.
-Bueno, chicas, yo me tengo que ir. ¡Pasarlo bien! – dice Raúl antes de girarse e irse con los niños y sus amigos.
-Qué majo es. Se ve que a él no se le ha subido a la cabeza. – dice Carol.
-Sí, sí. – le contesto mientras observo como Raúl se va.
-Bueno, mejor volvemos a casa antes de que tus padres se enfaden más. – dice Júlia.
-Sí, vámonos, esto ha estado demasiado surrealista…

dissabte, 30 de març del 2013

36. Pienso hacerme una foto con él.


Le quito a Carol el móvil de las manos y me pongo a buscar el tweet.

-Acabo de llegar al camping y ya tengo una sorpresa: ¡Raúl Gómez también está aquí! – leo en voz alta. Miro la foto y se ve a Raúl riendo con los niños, de perfil. Bueno, no pueden localizarle. Carol me quita el móvil.
-No he puesto en que camping estamos, tranquila. No van a venir a acosarle. – dice leyéndome la mente.
-Más te vale que no pongas nada, Carol. – digo riñéndole. Vuelvo a mirar a Raúl para tranquilizarlo, pero ya no está. Me giro y le busco y  veo como se está yendo hacia el camping. Espero que no se haya enfadado…
-Oye, ¿le seguimos? – dice Carol divertida.
-¿Cómo?
-Quiero una foto con él, y pienso hacérmela. – dice Carol girándose y yendo detrás de él.
-¡Carol! ¡Carol, ven aquí! – digo chillándole. Júlia me coge del brazo y me estira.
-Escucha, Marta. Déjale que le siga, que se hagan una foto y que Raúl le diga que no la publique. Así él sabrá que nadie lo sabe y no estará enfadado contigo, y tu prima no sospechará que le has conocido. – Me parece un buen plan, pero aún así tengo miedo de lo que le pueda decir mi prima.

Seguimos a Carol, que se pone a correr detrás de Raúl. Al llegar al prado, Carol ya estaba lo suficientemente cerca como para chillarle, y así lo hizo. Yo intenté correr más, para ver bien lo que pasaba allí, y me esforcé al máximo para llegar lo más cerca posible para escuchar.

-¡Raúl! – grita Carol. Él se gira, la mira y se para. Ella se acaba de acercar a él. – Perdona, es que… Me encantas, ¿sabes? Y… Quería pedirte una foto. – Raúl se la queda mirando extrañado, le sonríe y le dice “Sí, claro”. Estoy segura que Raúl sabe que es mi prima, pero aún así es buena persona y le concede la foto… – Espera, a ver si llega la pesada de mi prima y nos hace una foto – Carol se gira para ver si llego y me ve detrás de ella, andando tranquilamente. Yo miro a Raúl y él me sonríe, al oír lo que ha dicho Carol. – Toma, Marta. Haznos una foto. – me da el móvil.
-Sí, claro…

Lo cojo y la miro mal. Vuelvo a mirar a Raúl, y él sigue sonriéndome. Veo como la coge por el hombro y la aprieta hacia él, y Carol le abraza por la cintura con los dos brazos. Eso me pone celosa. Hago la foto lo más rápido posible y le devuelvo el móvil.

– Toma, ya está. Ahora déjale tranquilo, que debe de tener cosas por hacer. – digo mirándole de reojo. Veo como ríe y me guiña un ojo.
-Escucha, Raúl, ¿Qué haces por aquí? ¿Estarás muchos días? – ya empieza a interrogarle.
-¿Eh? Pues… No, me voy ya. He venido a pasar unos días con la familia y… – me mira preocupado y a la vez divertido, ahora entiende lo que le dije.
-¿Pero cuando te irás? Lo digo para poder colgar la foto tranquila… Oye, ¡podríamos hacerte una fiesta de despedida! – Los tres damos un bote. ¿Pero qué dice? Raúl se queda mirándome sin comprender nada.
-Carol, no te flipes. Venga, déjalo. – digo estirándola del brazo.
-Oye, ¿no quieres tú una foto con él? – contesta. – a ti también te gusta mucho, tienes la pared empapelada con fotos de él. – Júlia se tapa la boca para no empezar a reír. Yo me quedo parada al escuchar eso y no sé qué hacer. 

dimecres, 20 de març del 2013

35. ¿Pero qué has hecho?


No quiero que pase esto, no quiero que mi prima vaya detrás de Raúl. Sé como es, sé lo que hará… Tengo que ir a parar los pies a Carol, no puedo permitir que le arruine las vacaciones, me sentiría demasiado culpable… Además, si por culpa de ella Raúl se va… No le volvería a ver más… No, no puedo dejar que pase eso.

- Eh, Júlia, ¿quieres venir a dar un paseo conmigo? – digo preocupada.
- Sí, ¡vamos! – dice al entender lo que quiero hacer.
- ¿Ahora? – contesta enfadada mi madre – ¿Venimos a verte y tú te vas?
- Bueno mamá… Pero os quedareis aquí unos días, ¿no? Ya tendremos tiempo de vernos. – mis padres se ponen serios, eso no les ha gustado. – Es que… Quiero enseñare a Júlia la cabaña… ¿Sabéis? ¡La encontré! – Mis padres se sorprenden al oír eso.
- ¿¡Sí!? Ah, pues vamos todos a verla, ¿no? – Mierda.
- Eh… Sí, por la tarde vamos todos, pero ahora quiero ir sola con ella... – Vuelven a mirarme mal. – Mamá, por favor, tengo que hablar de cosas con ella. Llevamos una semana sin hablar, ¡a saber que ha hecho esta sin mí!

No les convenzo, pero nos dejan irnos mientras ellos se instalan en su casa. Salimos corriendo de casa y, mientras vamos hacia el prado, le cuento lo que estuve hablando con Raúl y ruego que Carol no haga nada malo.

Llegamos al prado, pero no vemos a nadie. Empezamos a buscar y mirar hacia donde habían podido ir y se me ocurre que quizás se han acercado al lago. Y así es. Llegamos allí y vemos a Raúl con los niños y una chica haciéndole fotos, detrás de un árbol. La cojo por el brazo y la estiro.

- Carol, ¿¡qué haces!?
- ¡Marta, tía! ¡Mira quien está ahí! ¡Es Raúl Gómez!
- Sí, ya lo he visto. ¿Pero se puede saber que haces persiguiéndole?
- Me pueden dar una buena pasta si vendo sus fotos.
- ¿Pero a quien le vas a vender nada? ¿No ves que Raúl no es tan famoso? Y encima está con sus sobrinos, ¿quién va a querer esa noticia?
- Ah… Pensaba que eran sus hijos.
- Sí, todos, no te jode… – Júlia empieza a reír, Carol la mira mal.
- ¿Y tu como sabes que son sus sobrinos?
- ¿Eh? – a Julia se le corta la sonrisa, igual que a mí – Bueno… Pues… Porque yo también le vi con los niños y… Y le pregunté.
- ¿Así que sabías que Raúl estaba aquí y no me dijiste nada?
- Me pidió discreción y lo he respetado. Espero que tú hagas lo mismo…
- Eh… Bueno… – dice agachando la cabeza.
- No, bueno no. No hagas nad… – Veo su rostro enrojecido. No puede ser. – Carol, no me digas que ya lo has publicado. – No me responde, agacha la cabeza. – ¿¡Pero qué has hecho!? – Chillo demasiado y noto como las personas que hay alrededor se giran. Busco a Raúl con la mirada, él también contemplaba la escena, y no me mira muy bien… Parece estar furioso, me mira des de lo lejos pidiéndome una explicación. Yo estoy parada, no pensaba que mi prima fuera a publicar nada antes de “acosarle”.
- Pero Carol, ¿qué has puesto? – le pregunta Júlia.
- Na… Nada…

dissabte, 9 de març del 2013

34. Una noche para dos.


Suena el timbre de la puerta… Qué raro. ¿Qué clase de persona viene a molestarme a mi casa a las 12 de la noche? Podría ser Raúl, pero él nunca toca el timbre. Salto de la cama y bajo rápido las escaleras. Abro la puerta y allí está, tan perfecto como siempre, con su perfecta sonrisa de oreja a oreja.

- Sabía que mi camiseta te quedaría mejor que la que llevabas. – dice después de darme un repasón de arriba abajo.  Sus palabras se deben a que, de pijama, llevo una camiseta suya de manga corta que se dejó aquí y unos pantalones shorts, tipo culotte.  
- Llevo todo el fin de semana con tu camiseta, así te he echado un poco menos de menos. – ríe y me abraza, fuerte, levantándome del suelo y besándome.
- Yo no he podido ponerme ninguna camiseta tuya… – Empiezo a reír y vuelvo a besarlo.
- Tampoco te cabría...
- Quién sabe… – Vuelve a reír, me besa, me coge a brazos y subimos a la habitación. – ¿A qué hora me echas?
- A las 10…
- ¿¡Tan temprano!? – Se queda mirándome entristecido, pero supongo que mi cara, que no es distinta a la suya, hace que lo comprenda. – Pues mejor nos vamos a dormir ya, que estoy muy cansado… – Lo suelta en un tono picarón, pero me besa dulcemente y se tumba – Buenas noches, pequeña. – Esto me descoloca. ¿Después de todo un fin de semana va a dejarme así, sabiendo que estaremos una semana alejados?
- Buenas noches, ricitos… – Contesto entristecida. Me tumbo y oigo como suelta una risita. Me giro y lo miro. Está girado, mirándome y riendo. – ¿Qué? – Le digo con una sonrisa inocente.
- Te quiero. – Y entonces me besa furtivamente, cogiéndome de las mejillas y poniéndose encima de mí, besándome el cuello y nuevamente los labios.
- Me vuelves loca, ricitos… – Susurro entre besos.
- Tú no te quedas atrás… – Susurra besándome y sacándome la camiseta. – No sabes cuánto voy a echarte de menos… – Susurra mientras empieza a acariciar todo mi cuerpo.
- Nos veremos disimuladamente por aquí… – Casi no puedo hablar, me provoca tales escalofríos y sentimientos que no puedo casi respirar.
- No sabes lo difícil que va a ser verte y no poderte besar…
- Aprovechemos esta noche… – Susurro lo más pícara que puedo, sonriendo al ver su cara de niño travieso.
- ¿Me das permiso para poseerte toda la noche? – Vuelve a decir travieso.
- Solo soy tuya, Raúl. – Y entonces nos fundimos en un intenso beso, que acaba uniendo nuestros cuerpos hasta tal punto que ya ninguno de los dos se intenta separar.


Suena el despertador a las 9:30 de la mañana. Raúl le da un manotazo al móvil, callándolo al segundo. Empieza a acariciarme la espalda, para despertarme, y me da besos en la cabeza. Me aprieto fuerte a él susurrándole “No quiero que te vayas” a lo que me contesta “yo tampoco quiero irme”. Pero se separa de mí y antes de levantarse me besa en los labios.

Se va de mi casa y yo me quedo tumbada, esperando a que lleguen mis padres. Y al fin, a las 11 y media, suena el timbre. Bajo tranquilamente, en teoría es una sorpresa, así que no tengo que fingir que no sé nada.

Abro la puerta y gritan todos a la vez “¡Sorpresa!”. Hago cara de sorprendida, me tapo la cara y les digo “¿Pero qué hacéis aquí?” abrazando a mis padres. Entonces noto como otra persona se une al abrazo. Es Júlia… Espera… ¿3 personas? ¿¡Dónde está mi prima!?

- Eh, mamá, papá, Júlia… ¡Qué sorpresa más grande! Eh… ¿No ha venido Carol?
- Oh, sí, pero ha visto a no sé quien paseando por allí – señala con la mano el prado – y se ha ido corriendo a buscarle. – contesta mi madre.

Miro asustada a Júlia y ella asiente con la cabeza. Sí, ha visto a Raúl y ha ido en su búsqueda. 

dissabte, 16 de febrer del 2013

33. Te deseo


Me muerdo el labio inferior sin dejar de mirarle a los ojos.

- ¿Qué? ¿No me vas a contestar a eso? – dice con su sonrisa pícara y riendo.
- Sí, que yo te deseo más.

Sin dejar que me conteste, me lanzo sobre él, rodeándole el cuello y besándolo con fuerza. Él me agarra del trasero y yo, bajando mis manos, le voy apretando la espalda hacia mí, hasta que llego a su cintura. Entonces, cuelo mis manos por dentro de su camiseta y voy acariciando su espalda, su pecho, su barriguita… Y poco a poco nos vamos sacando la ropa.

Y incluso así, encima de una mesa, me hizo sentir especial. Me hizo estremecer con todas sus caricias, sus besos y sus mordisquitos. Me hizo llegar hasta más allá de la luna y volver.

Al acabar me dice que se quiere quedar a dormir, que ya les había dicho a sus amigos que se iba por ahí y que ya volvería. Vamos a la habitación y me tumbo a su lado, abrazándole mientras él me acaricia la espalda.

- Así que a partir del lunes tenemos que ser dos extraños, ¿verdad? – No me acordaba de eso… Estoy tan a gusto con Raúl que consigue hacerme olvidar de mis problemas…
- Sí… No quiero que te turre mi prima…
- Pero me verá igualmente por el camping…
- Pero una cosa es que te vea por el camping, y la otra que te vea conmigo… Sé como es. Respetará el no hablar de ti mientras ella esté aquí, pero en cuanto llegue a casa comenzará a publicar la foto y a chulear que estuvo contigo. Y si sabe que entre nosotros ha pasado algo… No quiero saber que haría.
- Bueno… Pero escapadas nocturnas si podremos tener, ¿verdad? – dice besándome la cabeza y sonriendo.
- Sí, pero tendrán que ser tarde. Supongo que estarán al loro de lo que haga.
Seguimos hablando durante un rato y al final nos dormimos.


El fin de semana pasó demasiado rápido. Él estuvo casi todo el tiempo con sus amigos, aprovecharon para irse a la montaña a pasear y yo me aburrí en casa, saliendo a pasear por el prado o bañándome en la piscina. El domingo llamé a Júlia para preguntarle la hora a la que llegarían. Me dijo que no lo sabía, que seguramente a partir de las 11 de la mañana. Eso quería decir que, si Raúl venía a dormir a mi casa el domingo, tendría que irse puntual para que no lo vieran. Y la verdad es que yo deseaba que viniera, porque esos dos días sin él se me hicieron eternos.