dimarts, 31 de juliol del 2012

9. Así que te molesto, ¿eh?


Me giro y lo veo sonriendo.

-Voy a empezar a pensar yo que me sigues tú a mí. Siempre me sorprendes por la espalda, será que me vigilas… – le digo con una sonrisa pícara, también.
-Me gusta hacerlo.
-¿El qué? ¿Vigilar a chicas indefensas? – Se acerca.
-No, a chicas indefensas no. – Se acerca un poco más, demasiado, para mi debilidad, y susurra – pero a ti sí. – y vuelve a separarse con una sonrisa en la cara.
-P..p…pues me parece muy bien, oye. – Empieza a reír. Ha notado que estoy nerviosa, y se ve que le gusta…  Me lo quedo mirando “mal”, en plan enfadada.
-Pones una carita de niña mona cuando te pones nerviosa…
-¿De niña mona?
-Si, no se… Te pones rojita e intentas apartar la mirada, pero te quedas con los ojos bien abiertos, esperando que pase algo, con una cara de susto…
-Hablas de mí como si me conocieras de toda la vida… – Ríe.
-Ayer lo hiciste un par de veces, y me quedé con eso.
-¿Ah sí? – Seguro. Es mi cara de empanamiento y de fliparlo cuando lo tengo delante… Pero no me imaginaba que se había dado cuenta…
-Sí. Primero en la piscina, cuando te pedí la pelota, luego cuando estaba detrás de ti y te molesté mientras “disfrutabas del paisaje” y luego cuando nos despedimos… – Vuelve a sonreír.
-Si que te fijas en los detalles, ¿no? – Le digo sonriéndole también, y noto como vuelvo a ponerme roja, ya que se vuelve a acercar a mí.
-Solo un poco… Y bien, ¿Qué haces por aquí?
-Pasear. ¿Y tú?
-Lo mismo. He venido con los pequeños. Están jugando por ahí. – Dice señalando vagamente hacia el lado.
-Que buen canguro eres, los dejas en medio del bosque corriendo, sin miedo a que les pase nada. – Le sonrío, él ríe.
-Están con sus padres, que los cuiden ellos… Además, me he apartado de ellos porque te he visto de lejos y quería venirte a molestar.
-Ah, pues lo has conseguido. – Miento. Me mira con cara de sorprendido, sonríe, y empieza a acercarse más a mí.
-¿Ah sí? – dice, acercándose más, poniendo cara de “seductor” y sonriendo. Las piernas empiezan a temblarme y no puedo moverme.  – Así que te molesto, ¿eh? – Se acerca más, hasta el punto de que estamos a escasos centímetros. Con una mano me agarra de la cintura y me lleva un poco más cerca de él. No le contesto, ni siquiera puedo respirar. – Vuelves a hacerlo. – Ríe – Me encanta tu cara… – Se queda quieto, sonriéndome, sin apartar su mirada de mis ojos. Parpadeo y agacho la mirada, no puedo aguantarlo más. Ríe y me suelta, parece que va a separarse. Un último impulso me mueve, levanto los brazos corriendo y le abrazo rodeándole el cuello, apoyando mi cabeza en su hombro. 

dimarts, 24 de juliol del 2012

8. Voy a empezar a pensar que me sigues.


Al despertar, entró una ráfaga de aire por la ventana. Respiré tranquila. Fui a desayunar, todavía con mi “pijama”, y me quedé contemplando el paisaje que se veía desde mi ventana.

Cuando terminé y me acabé de despejar, decidí cambiarme para ir a dar una vuelta por el bosque, y así recordar los sitios a los que iba cuando era más pequeña. Recuerdo que tenía una cabaña por ahí, hecha en un árbol perdido… La construyó mi padre, con la ayuda de mis tíos. La hicimos escondida para que nadie la encontrara… Y la verdad es que des de que no voy con ellos no la sé encontrar… Hace varios años que vengo con los amigos y no suelo ir por allí, pero si hubiese ido, tampoco la hubiese encontrado.

En cuanto estoy cambiada, cojo las llaves de mi casita,  el móvil y me dirijo a salir. Al abrir la puerta me encuentro una nota bajo de ella. Extrañada, la cojo y la leo:

“¡Buenos días! Te estarás preguntando que hago escribiéndote… Era solamente para informarte que me he ido con la “familia” a pasear por estos lugares, así que no creo que coincidamos. Por la tarde estaré en la piscina. ¡No me eches de menos! Raúl G.”

Pero pero pero… Voy a comerme a este hombre, de verdad… Ni siquiera nos conocemos y se molesta en hacerme una nota para que sepa que está de paseo… Pues nada, esta tarde tendré que ir a la piscina. Total, lo iba a hacer igual, con el calorcito que hace…

Dejo la nota encima de la mesa y me voy, a ver si me aireo y se me pasa el momento de enamoramiento que estoy sufriendo. No quiero que me pase eso, no me quiero enamorar… Aunque no puedo enamorarme más de él, es como un sueño hecho realidad.

Llego al bosque. Empiezo a andar por allí, inspeccionando todos los lados. Veo un camino que me suena familiar. Me da un poco de miedo adentrarme demasiado, me da miedo perderme, aun que sea temprano, puede que nadie pueda venir a rescatarme. “Podría venir mi príncipe azul…” Río como una idiota recordando a Raúl vestido de príncipe azul en uno de sus videos en Otra Movida. Esto se me está yendo de las manos, lo veo.

Llego a una especie de prado rodeado de árboles. Esta imagen me suena… Creo que voy por buen camino… En mi mente empiezan a aparecer imágenes de mis primos corriendo por aquí, de mis padres sentados vigilándonos, yo bañándome en el rio que hay enfrente… Definitivamente, mi cabaña debe estar en alguno de estos caminos…

-¿Qué haces por aquí? ¿Te has perdido o  tengo que empezar a pensar que me sigues?

Reconozco su voz. Es la voz más dulce que he escuchado. 

dilluns, 23 de juliol del 2012

7. ¿Y si luego lo descubre y se enfada?


Voy a mi habitación, me encierro y empiezo a saltar, chillar y bailar. Todavía no me lo creo… Empiezo a llorar otra vez. Es todo como un sueño… ¿Quién me iba a decir a mí que conocería a mi ídolo y amor platónico en el camping donde veraneo?

Cuando me pasa un poco la euforia, me quedo observando el cuarto. Está peor que antes. Empiezo a ordenarlo todo y, mientras lo hago, pongo el reproductor del móvil. Aleatoriamente, empieza a sonar “Summer is crazy” y me pongo a bailar y  reír como una loca. Decido llamar a mi mejor amiga para contarle como ha acabado la tarde mientras recojo la habitación un poco.

Cuando acabo de recoger la habitación, me tumbo en la cama y sigo hablando con ella.

-¿Pero qué vas a hacer? ¿Vas a estar acosándole todo el mes que estés aquí?
-Perdona, pero yo no estoy acosando a nadie, ¿eh? – Ríe – No, ¡a mí no me hace gracia! A ver si alguien te va a oír y va a pensar que… ¡EH! ¡EH, EH EH! ¡De esto ni una palabra a nadie, ¿me oyes?! ¡Esto es un secreto! No puede saber nadie que él está aquí, ni de que yo estoy con él, ¿vale?
-Ya empezamos con los celos… – Empieza a reír.
-No, no, celos no, que la podemos liar…
-Tranquila, cielo, ya sé que no puedo decir nada y que esto es un secreto. Aunque… Así más para ti, ¿eh?
-¡Que te dejes ya de tonterías!
-¡Las justas! – Vuelve a reír. No puedo evitar reír, aquí la ha acertado…
-Sí, tonterías y movidas las justas. Sobretodo movidas… Que si se entera de que sé que es famoso y que he dicho que él está aquí y pasa algo….
-¿Perdón? ¿No sabe que le conoces?
-Pues no… No ha surgido el momento de decirle… Y la verdad es que lo prefiero así, si le hubiese contado que le conozco, que me encanta y que me enamoré de él el primer día que salió en Otra Movida, probablemente no hubiésemos pasado esta tarde tan perfecta…
-Ya pero… ¿Y si luego lo descubre y se enfada?
-¿Qué? Que va, no mujer, no… Además, ¿cómo lo va a saber?
-Borra tus fotos y canciones de Otra Movida del móvil, va.
-Pero pero pero…
-Bueno, pues nada, tú verás lo que haces.
-Vale…

Seguimos un rato charlando de nuestras cosas y al final cuelgo. Ceno y vuelvo a la cama. La verdad es que lo que me ha dicho me ha hecho reflexionar bastante… ¿Y si algún día descubre que soy una fan de él y el programa y… se enfada? Aun que no tendría por qué hacerlo, él en ningún momento me ha preguntado si lo veo o le conozco, así que tampoco es culpa mía… Al final, decido borrar todo lo que tengo del programa en el móvil, excepto una foto: la primera foto que guardé de Raúl. Una foto de la cara de Raúl sonriendo, con el pelo despeinado, y el fondo blanco. Mi preferida. Me la quedo mirando, sonriendo, y vuelvo a comerme la cabeza.

Prefiero dejar de pensar e irme a la cama. A ver qué pasa mañana.

divendres, 20 de juliol del 2012

6. Hasta mañana


Y así estamos un rato. Hablando sobre nosotros. Me cuenta que ha venido con unos amigos y sus respectivos hijos, que son los niños con los que hemos jugado. Dice que los considera como sobrinos, ya que han crecido con él. Va a pasar aquí unos diitas, hasta que sus amigos puedan, ya que están de vacaciones. No me dice nada de su trabajo, ni que ha salido en la tele, ni que es famoso… Nada. Ni tan si quiera me pregunta si no le conozco de otra cosa… Es como si lo quisiera esconder… Y yo tampoco se lo pregunto, no quiero que piense que soy una fan loca que solo habla con él para enterarme de sus movidas… Nunca mejor dicho.

-Tito Raúl, ¡ven ya! – Es uno de los pequeños.
-¡Ahora voy! – Mira el móvil. Son las 8 de la tarde… Llevamos hablando más de una hora y media…  – Madre, si que ha pasado rápido el tiempo.
-Pues si… Yo también tendría que irme a mi casita, tengo que arreglarlo todo. – Se ríe. – ¿Y ahora de que te ríes?
-De ti… “Arreglar la casita” dice…
-Sí, ¿Qué pasa? He llegado con ganas de bañarme y lo he dejado todo por el medio…  – si supiera que tengo la habitación hecha un asco por su culpa…
-Ya, ya… Pero son cabañas, no casitas.
-Oye, ¡aquí cada uno las llama como quiere! – Reímos.
-Ah vale, ¡perdón, perdón!

Nos quedamos un rato mirándonos con una sonrisa. No se puede describir lo perfecto que es… Me quedaría aquí toda la noche, hablando con él… Pero no podemos. Parpadea, gira la cara y carraspea. “Bueno…” dice mientras se levanta, yo me levanto también.

-¿Quieres que te acompañe a tu casita, señorita? – Dice riendo.
-Pues sería un placer, señorito.

Y, tranquilamente, vamos andando por el camino, contemplando el paisaje. Llegamos a mi “cabaña”.

-Es aquí…  – Digo señalando las escaleras de delante de la puerta.
-Ah… La 14, me quedo con ello. – Sonríe.
-Si, la 14…  – Digo sonriéndole también. – ¿Tú en cual estas?
-En la 20.
-Pero si hemos pasado por delante de ella.
-Ya, ¿y?
-Ah, no sé, te podrías haber quedado allí…
-¿No te había dicho que te acompañaba a casa?
-Ah, sí sí, pero…
-Ah, pues nada, la próxima vez no te acompaño. – Sonríe. ¿La próxima vez? El corazón vuelve a latirme deprisa y sonrío como una tonta. – Bueno pues… hasta mañana.
-¿Hasta… mañana? – digo inocentemente.
-Estaré por la piscina. – me guiña un ojo. Se gira para irse, yo me quedo allí, mirándole. Frena, se gira y dice  – ¡Que poco caballero soy! – Se acerca a mí, me coge de la cintura, me acerca a él y me da dos besos. Siento que voy a morir. – Adiós. – Me sonríe, se gira y empieza a irse.
-Adiós… ¡Hasta mañana! – le chillo cuando está un poco lejos, sonriendo como una tonta. Veo como se gira, riendo y vuelve a girarse para seguir hacia adelante. 

dimecres, 18 de juliol del 2012

5. Como si no te hubiese gustado…


Cuando los niños se cansaron, salieron y se fueron a sus casitas a merendar. Me invitaron, pero no quise ir, les dije que prefería quedarme descansando en el césped. Raúl se quedó conmigo, les dijo que no hicieran mucho ruido, que sus madres dormían. Y entonces el corazón me dio un vuelco de dolor… ¿Sus madres? Pues claro, Marta, no estarán los cuatro niños solos con él… Tendrán que haber venido con alguien más, pero… ¿Él es padre de alguno?

Me aparto un poco de él, voy hacia mi toalla y me siento. Empiezo a comerme la cabeza… “En twitter una vez se lió… Empezaron a decir que Raúl era padre… Y que tenia pareja…”. Y así, mientras me rallaba la cabeza, no me daba cuenta de que lo tenía sentado al lado.

-¿Te pasa algo?
-¿Qué?
-No sé, te veo ausente, así, de repente.
-¿Eh? ¡Ah! No. – De los nervios solo me salen monosílabos… Parezco tonta. Ríe, lo miro, se gira y me mira, sonriéndome, le devuelvo la sonrisa. – Es… Estoy bien. Solo que un poco cansada.
-Normal, menuda guerra me has dado…
-¡Si claro! ¡Como si ahora hubiese sido yo la que ha empezado a liarla con los niños!
-¡Claro que has empezado tú! ¡Yo estaba tranquilamente y has llegado tú y has empezado a mojarnos! – Se ríe, le doy un golpe en el brazo.
-Va hombre va, si ni tan solo os estaba molestando. Estaba tranquila mirando cómo te divertías con ellos y has venido a atacarme…
-Como si no te hubiese gustado…  – Dice flojito, acabando con una sonrisa pícara.
-Pues no, no me ha gustado. El agua estaba muy fría. – Le sonrío también. Que mal se me da mentir.
-Claro, claro…
-Ñeñeñeñe  – Digo sin sentido. Se queda mirándome alucinado y empieza a reír. Eso me ha quedado muy infantil, lo sé.

Los dos volvemos a mirar enfrente. Por el bosque paseaba una pareja con un perro. Me quedo empanada mirando como el perro tiraba del chico. El carraspea.

-Bueno y… ¿Y vas a estar por aquí mucho tiempo?
-¿Yo? – No mira, tu tía. De verdad, cuando estás nerviosa, dices cada gilipollez…  – Em, no. Es decir, si, todo este mes…
-Ah, que bien. Nosotros también estaremos un mes y pico por aquí depende de los niños y los otros… He venido con la familia. – No se lo había preguntado, pero sabía que lo quería saber.
-Ah, que bien... Que son, ¿tus primos, tus hijos…?  – Ríe fuerte. Me pongo roja.
-¿Tan viejo me ves como para tener cuatro hijos?
-¡No! ¡No hombre! Pero no sé, sí podría ser uno tuyo, ¿no?
-No, no tengo hijos, estoy soltero. – Vuelve a sonreírme pícaramente. Yo también sonrío, pero de felicidad. Está soltero.

dimarts, 17 de juliol del 2012

4. ¿Crees que me había olvidado de ti?


Y nos quedamos así, mirándonos, con nuestras manos cogidas. Y entonces, se oyen unos niños chillando por detrás. Los dos nos giramos a la vez, y vemos a cuatro niños corriendo hacia nosotros. Los dos damos un bote del susto, me suelta la mano y se aparta un poco de mi. Yo también me aparto un poco, esos niños vienen muy rápidos y flechados hacia nosotros… Sé lo que va a pasar. Él se levanta corriendo intentando evitar que le empujen, pero lo único que consigue es que lo tiren de espalda al agua y que nos moje a todos. Empiezo a reír, al unísono de los niños, que chillaban “¡Raúl al agua, Raúl al agua!”. Al sacar la cabeza y ver los niños riéndose, empieza a chillarles “¡Traidores! ¡Ahora os vais a enterar!” Yo seguía riéndome, y más con esa imagen tan mona. Él se gira, me mira, y al verme riendo dice “¿Y tú de qué te ríes?” y entonces, sin dejarme defender, empieza a tirarme agua. Yo, corriendo, me levanto y me aparto, para que no me dé más. Los niños empiezan a reír más fuerte y a chillar, y entonces, los dos de atrás, sacan unas pistolas enormes de agua, que seguro que es lo que habían ido a buscar, ya que antes no las tenían…

Y así, empiezan una guerra de agua: él mojándolos desde dentro, y los niños mojándole con las pistolas. Yo, entretanto, me había apartado y estaba contemplando esa escena, la cual todavía no me podía creer. Entonces, sale  de la piscina por las escaleras. Me lo quedo mirando, y me imagino esa escena a cámara lenta… Es tan perfecto…

Los niños, adivinando lo que iba a pasar, empiezan a chillar y a correr, escapándose de él, y empieza a perseguirlos. Uno que se había quedado quieto, atacándole con la pistola, es el primero en caer: lo coge en brazos y lo lanza, bruscamente, al agua. Me asusto por el niño, ha caído de espaldas y podría haberse hecho daño, pero al sacar la cabeza empieza a reír y a nadar hacia las escaleras, para que se lo vuelva a hacer.

Y así se están un rato, persiguiéndose alrededor de la piscina y tirándose. Y yo mientras, como una espía, mirándolos y riendo. Y de repente, cuando estaban corriendo por delante de mí, se desvía de ellos y, lentamente, empieza a acercarse a mí y, al estar a mi lado, me susurra “¿Crees que me había olvidado de ti?”. No me deja responder. Me coge en brazos, como si fuera una princesa, empieza a correr y se tira conmigo al agua.

Allí, empieza a salpicarme, y yo, enfadada y emocionada, se lo devuelvo. Los niños, que seguían chillando y riendo, se tiran a jugar con nosotros al agua.

Creo que estuvimos más de una hora jugando en el agua, sin hablar, simplemente mojándonos, riendo, y jugando con los niños. De vez en cuando, cuando le salpicaba en los ojos, venía corriendo hacia mí y me ahogaba. Y a mí eso me encantaba. 

dilluns, 16 de juliol del 2012

3. Cuando todo empieza…


Vuelvo a mi casita. Busco en el armario, que estaba ordenado, mi bikini nuevo. Con tanta prisa lo voy lanzando todo por los aires, tirándolo por el suelo, dejándolo hecho una pocilga… Pero me da igual, nadie va a entrar, ya lo ordenaré cuando vuelva de mi misión.

Me dirijo hacia la piscina, no veo los niños. No puede ser… ¿Se han ido? Cuando llego al césped, dejo mi toalla en el suelo y me acerco lentamente hacia el borde de la piscina, mirando si, por casualidad, están buceando o algo… Pero nada, no hay rastro de ellos… Ni les oigo reír ni nada… Mierda, llego tarde… Resoplo. Me siento en el borde y pongo las piernas dentro del agua, removiéndola. Sigo mirando hacia los lados, hacia el bosque a ver si veo algún rastro de ellos. Va hombre va, ¿por arte de magia han desaparecido y se han ido?… No, si es que para suerte la mía, de toda la vida…

-Hola. ¿Buscas algo?

Creo que reconozco esa voz… No puede ser, está detrás de mí. Tranquilízate, gírate, sonríe y saluda.

-Pues no, estaba aquí… Disfrutando de las vistas…
-Ah, pues quizás aquí en medio molesto... – dice, y entonces sonríe pícaramente.

El corazón empieza a latirme demasiado rápido otra vez, las piernas vuelven a temblarme. Me quedo mirándolo embobada, sonriendo, analizando poco a poco como está… Mojado, despeinado, y con un bañador azul que combina con el mío perfectamente. Mierda, no le he contestado.

-Eh… No, no hombre, ¿¡cómo vas a molestarme!? – Creo que he chillado demasiado, no controlo mis actos… Que no lo note… y que no se piense que estoy loca, por favor. Hago el intento de levantarme pero antes de que lo haga, se acerca y dice…
-¿Puedo sentarme? – vuelve a sonreírme. Voy a acabar muriéndome, no puedo aguantarlo.
-Sí, claro. – Le doy golpecitos al suelo, a mi lado, indicándole que se siente… y lo hace. Se apoya en el suelo, igual que estoy yo, y su mano queda muy cerca de la mía. El corazón vuelve a darme un golpe. Como odio que haga eso.
-Que tranquilo es esto, ¿Verdad? – Intento no mirarle a los ojos directamente, me fijo en las vistas que tengo delante. Aspiro.
-Si, y es precioso…  – Sonrío.  La verdad es que me encanta ese lugar, y me siento muy a gusto al hablar de él.
-Si… Se respira una paz… – Aspira fuerte. Se ríe. El corazón vuelve a saltar. – Nunca había estado aquí, pero creo que volveré más veces. Es el mejor lugar para descansar…
-Yo suelo venir cada verano aquí. Siempre venia con mi familia, pero esta vez he venido sola. – Le miro, estaba mirándome. Nos sonreímos. Es perfecto, estaría así siempre. Y entonces, empiezo. – Por cierto, me llamo Marta, ¿y tú? – Hace cara de asombro, disimulada. Entonces, me sonríe y responde.
-Raúl, encantado. – Me tiende la mano. Le devuelvo la sonrisa, y le doy la mano.
-Encantada. 

2. Lucha por tus sueños


No puede ser… ¿Pero qué hace un chico como él en un sitio como este?

Empiezo a temblar, el corazón me late demasiado rápido, y noto como la barriga se me llena de cositas que me hacen “cosquillas”. Serán las mariposas de las que la gente habla. Aprieto la pelota, no puedo contenerme. Los ojos se me están llenando de lágrimas… ¿Pero qué hago con mi vida? ¡Tengo 22 años! ¿Qué hago comportándome como una adolescente alocada? Por dios, serénate y pásale la pelota…

-¡Toma! – Le chillo mientras se la paso. La coge al vuelo, me sonríe. El corazón me da un vuelco, intento aparentar normalidad.
-¡Gracias guapa! – Me guiña el ojo y se gira a jugar con los niños.

El corazón me da otro salto. El cuerpo empieza a temblar, las piernas no me sostienen, y quieren saltar. Quieren empezar a correr y bailar y mostrar lo felices que son al verle aquí. Contengo un grito, no puedo empezar a chillar como una fan loca. Empiezo a caminar rápido, bastante rápido, tengo que alejarme de aquí para poder desahogarme tranquila.

Cuando estoy lejos de la piscina, empiezo a correr, a brincar y a saltar, hasta llegar al bosque, a ese bosque donde de pequeña jugaba con mi hermano y mis amigas, donde cuando era joven iba a ligar con los chicos sin que mis padres lo supieran, donde me escondía cuando no quería saber nada de nadie… Y aquí, escondida del mundo, empiezo a gritar, a reír como una loca, a saltar, a botar, a correr…

Esto no puedo callármelo. Saco el móvil y rápidamente llamo a mi mejor amiga para contarle lo que ha pasado, y empiezo a llorar y a ahogarme… No puedo creerlo todavía. Ella se enfada conmigo, no sabía que yo estaba aquí, no se lo he dicho nadie y eso le duele, porque ella venia conmigo siempre en este lugar, nuestro lugar especial. Después de pedirle disculpas y explicarle que necesitaba estar sola y descansar, me felicita y me dice que me comporte como mujer adulta que soy.

¿Mujer adulta? Todavía no he madurado. Todavía sigo mirando las novelas de adolescentes, todavía me enamoro de los actores, todavía sueño con conocer a mis ídolos… Todavía sigo llorando cuando veo a mis ídolos. ¿Quién quiere madurar? Ser adolescente es de lo mejor que hay, lo único malo es que no puedes salir con tus ídolos porque son más grandes que tu… A no ser que te los busques de tu edad… Pero en este caso no, en este caso Raúl es más grande que yo… Pero solo nos llevamos 6 años, ¡no es tanto! Espera… No… No es tanto… Solo son 6 años… Y además, ¿a quién le importa la edad? Dios… ¿Es esta mi oportunidad? ¿Y si lo intento? ¿Y si intento conocerle? Aunque solo sea para hacernos amigos… Entonces recuerdo el cuadro que tengo colgado en mi cuarto “Lucha por tus sueños”… Eso haré, cuando se tiene la oportunidad delante, no se puede desaprovechar. Marta, es hora de actuar. 

1. Empezar el verano con buen pie.


Empieza el verano. Como cada verano, decido ir a un camping a disfrutar un mes de la libertad y la tranquilidad del campo. Este año voy sola, ni familiares ni pareja… No quiero que me lo arruinen como el año pasado. Allí podré estar tranquila, hacer amigos y no pensar, relajarme, disfrutar de la naturaleza.

Cojo las maletas, el coche, y me dirijo hacia allí. Me encanta este lugar, es todo tan perfecto, tan verde, tan silencioso… No es un camping con caravanas, es un camping con casitas de madera, tipo campamento de verano. Está todo rodeado de árboles, cerca hay un bosque. También hay una piscina, y se pueden alquilar bicis para ir a dar una vuelta por aquí.

Me dan la casita número 14, como yo lo pedí. Sonará a tontería, pero es mi número preferido, y siempre he pensado que eso me daría suerte o cualquier cosa así. Entro. Es grande, no hay paredes, solamente una habitación donde hay el baño y la ducha, todo lo demás está junto. En un lado hay una pequeña cocina, y en la otra hay sofás, una televisión y una mesa. Las escaleras te llevan a una habitación, igual de grande que todo el comedor de abajo. Me gustaría vivir de verdad aquí, es todo tan bonito…

Dejo las maletas en la habitación, las abro y voy poniendo toda la ropa en el armario. Me fijo en el detalle de que la cama es doble… No creo invitar a nadie a dormir aquí, pero así dormiré más ancha y podré descansar mejor.

En cuanto acabo de ordenarlo todo, salgo. Quiero empezar a disfrutar cuanto antes de todo esto. Doy un paseo por todo el camping, mirando las casitas, intentando ver quién hay dentro de cada una, para saber con qué vecinos conviviré este mes. Veo muchas familias paseando, niños jugando, jóvenes ligando, mayores que descansan en sus sofás… Como siempre.

Me dirijo a la piscina, que está llena de niños jugando. Oír sus risas me hace sonreír, me recuerdan a mí cuando venía aquí de pequeña con mis padres… De repente, me cae la pelota de plástico con la que jugaban en los pies. Antes de que pueda girármela a cogerla oigo que me chillan.

-Ei! ¿Me pasas la pelota, por favor?
-Si si, eso iba a hacer, tranquilo. – digo mientras todavía estoy de espaldas. Me agacho, la cojo, y me giro. Busco con la mirada al chico que me ha chillado, mucha voz de niño no tenía… Y entonces le veo. No puede ser… Es Raúl Gómez