divendres, 21 de setembre del 2012

26. Buenos días, princesa.


Me despierto con suaves besos en el cuello. Abro un poco los ojos, y enfrente de mí tengo la pared. Bajo la mirada y veo un brazo sobre mi barriga, que me va acariciando y me aprieta hacia un cuerpo. Sonrío. Giro la cabeza y le veo tumbado a mi lado, besándome el hombro y sonriendo. “Buenos días, princesa”. Subo mi mano, le cojo de la barbilla y le beso. Con el brazo que tiene sobre mi barriga me gira, poniéndome de cara a él. Me acerca más a él, apretando nuestros cuerpos por mi espalda, mientras con la otra mano me acaricia la cara.

-Este es el mejor despertar de mi vida… – Sonríe y me besa.
-Yo tendría que volver a casa antes de que se den cuenta que no he dormido allí… – miro la hora, son las 7 de la mañana.
-Tranquilo, que no van a descubrirte… – Ríe y vuelve a besarme. Me encanta que me bese sonriendo, es un beso perfecto.

Se gira y va a levantarse, yo me quedo tumbada.

-¿No vas a despedirme?
-¿Para qué voy a levantarme? De aquí unas cuantas horas voy a volver a verte en la piscina. – Se queda mirándome mosqueado, pero con media sonrisa en la cara, ya que ve la mía. No me cree.
-Bueno, pues si es así, voy marchando… – Dice mientras se viste.
-Bien. Nos vemos después. – Me abrazo al cojín, haciendo ver que voy a quedarme aquí dormida.

Oigo como baja las escaleras, me levanto corriendo de la cama, me pongo una camiseta y bajo corriendo. Casi tropiezo con la última escalera, pero aprovecho el impulso para saltar y llegar con dos pasos largos hasta la puerta, que él estaba a punto de abrir. Le rodeo la barriga con los brazos y lo abrazo muy fuerte. “¡No te vayas, no te vayas, no te vayas!” le grito. Él ríe y se gira, abrazándome y me besa. “Nos vemos en unas horas en la piscina. Pero recuerda… Esto es un secreto”. Asiento con la cabeza y la levanto para que vuelva a besarme. Me besa, cogiéndome la cara de esa manera que tanto me gusta. Yo apoyo mis manos en su pecho. Se separa de mí, me guiña un ojo, abre la puerta y se va. 

dissabte, 15 de setembre del 2012

25. No podía esperar hasta mañana.


Ceno y me voy a la cama. ¿Cuándo tendrá previsto venir mi madre? Quizás vienen cuando Raúl se va… Espera… ¿Cuándo se va Raúl? Me dijo que estaría aquí un par de semanas. De momento solo han pasado tres días… Tres días… Parece que hayan sido más con todo lo que he pasado con él…

Suena el timbre. No puede ser. Cojo el móvil y miro la hora. Las 00:15. ¿Quién viene a molestarme a estas horas? Sonrío. Solo hay una persona en este camping a la que le gusta molestarme… Espero que sea él.
Bajo corriendo las escaleras, sin cambiarme, con mi “pijama” y el pelo recogido con un moño casero. Abro la puerta y le veo delante de mí, sonriéndome con una rosa en la mano.

-Guau, menudo recibimiento, chica.  – Lo dice mirándome las pintas.
-¿Qué tiene de malo ir con una camiseta ancha y en bragas? Estoy en mi casa, oiga.
-¿Sabes? Una camiseta mía te quedaría mejor.
-No lo dudo. – Sonríe, le sonrío y me lanzo a su cuello, besándole. Él rápidamente rodea mi cuerpo, abrazándome. Se separa de mí y me da la rosa.
-Buenos días.
-A buenas horas…
-No podía esperar hasta mañana. Quería verte otra vez, abrazarte, besarte… – dice mientras va pegando nuestros cuerpos, hasta al final besarme dulcemente.

Mientras me besa, se agacha, me coge fuerte con los dos brazos por debajo del trasero y me levanta. Suelto un mini chillido, me ha cogido desprevenida. Da unos pasos hacia delante, entrando en casa, y cierra la puerta con el pie. Cuando entra hasta el comedor, me baja, sin dejar de besarme. Me separo de él, le cojo de la mano, sonriéndole, y me dirijo hacia las escaleras. Él me sigue, sin decir nada.

Llegamos a mi habitación, suerte que está ordenada y que no hay nada de raro en ella. Sonríe, me rodea por la cintura y vuelve a besarme, dirigiéndose hacia la cama. Cuando choco contra ella, caigo tumbada en el colchón, el sonríe y se tumba encima de mí, sin dejar de besarme.

Poco a poco nos vamos colocando en la cama, entre caricias, besos y mordisquitos. Yo le rodeo el cuello, enredo mis dedos en sus rizos, le acaricio la espalda… Él me acaricia la barriga, la espalda, sube una de mis piernas y va acariciándome el muslo.

Entre juegos y besos acabamos sacándonos la ropa, lanzándola al suelo. Y así, con pasión y ternura, acaba haciéndome suya. 

dissabte, 8 de setembre del 2012

24. Yo también te quiero.


Entro a casa. Estoy feliz, eufórica, todavía no me lo creo. Las piernas me tiemblan, pero a la vez quieren saltar y brincar. Tengo ganas de chillar, de gritarle al mundo que le quiero, pero no puedo hacerlo, y menos a estas horas… Llamo a Júlia y le cuento todo lo sucedido mientras acabo de prepararme la cena.

-Sí, sí, todo muy romántico. Pero, ¿has bajado la cajita?
-Te estoy contando que acabo de besarme con el hombre de mis sueños, ¿¡y lo único que te importa es si he bajado la dichosa cajita!?
-Exacto. ¿Lo has hecho?
-Puedo bajarla cuando quiera, ahora hay unas nuevas escaleras, ¿recuerdas?
-Ah, vale, entonces… La bajarás, ¿no?
-Sí, sí. La bajaré, pesada… – intento hacer ver que estoy desinteresada en ello, quiero que sea una sorpresa para cuando vuelva.
-Ya la has bajado, ¿verdad?
-Te odio.
-Yo también te quiero. Por cierto, tu madre me llamó ayer.
-¿Te llama a ti y a mí no? Me encanta esta familia.
-Te recuerdo que te fuiste al camping sola por que querías desconectar de todo. Tu madre, la pobre, no quiere molestarte. Encima que lo hace por ti…
-Es cierto… Joder, ahora me haces sentir mal…
-Bah, no pasa nada.
-Oye, ¿y qué quería mi madre?
-Ah, sí. Quieren hacerte una sorpresa.
-¿¡Entonces por qué me lo cuentas!?
-Porque no te va a gustar que te pille desprevenida, y menos ahora.
-¿Cómo?
-Van a venir un día de estos al camping, a otra casita, seguramente.
-¿¡Cómo!? Suerte que respetan mi intimidad…
-Oye, ellos también tienen derecho a venir, es el camping familiar. Van a coger otra casita para no molestarte en la tuya, para que tú estés tranquila en la tuya.
-Ya pero… ¿Y si vienen cuando estoy con Raúl? No quiero que me vean con él… Le reconocerán y hablarán más de la cuenta.
-Por eso te he querido avisar… Intentaré adivinar qué días vendrán y te lo diré, ¿vale?

Lo que me faltaba… Que vengan mis padres y mi prima y me van aquí con Raúl, con lo que saben que lo admiro… No van a dejar de hacerle preguntas, de pedirle fotos… No, no quiero que me vean con él. En cuanto vengan, avisaré a Raúl para que no le ocurra nada.