Ceno y me voy a la cama. ¿Cuándo tendrá previsto venir mi madre? Quizás
vienen cuando Raúl se va… Espera… ¿Cuándo se va Raúl? Me dijo que estaría aquí
un par de semanas. De momento solo han pasado tres días… Tres días… Parece que
hayan sido más con todo lo que he pasado con él…
Suena el timbre. No puede ser. Cojo el móvil y miro la hora. Las 00:15.
¿Quién viene a molestarme a estas horas? Sonrío. Solo hay una persona en este
camping a la que le gusta molestarme… Espero que sea él.
Bajo corriendo las escaleras, sin cambiarme, con mi “pijama” y el pelo
recogido con un moño casero. Abro la puerta y le veo delante de mí, sonriéndome
con una rosa en la mano.
-Guau, menudo recibimiento, chica. –
Lo dice mirándome las pintas.
-¿Qué tiene de malo ir con una camiseta ancha y en bragas? Estoy en mi
casa, oiga.
-¿Sabes? Una camiseta mía te quedaría mejor.
-No lo dudo. – Sonríe, le sonrío y me lanzo a su cuello, besándole. Él
rápidamente rodea mi cuerpo, abrazándome. Se separa de mí y me da la rosa.
-Buenos días.
-A buenas horas…
-No podía esperar hasta mañana. Quería verte otra vez, abrazarte, besarte…
– dice mientras va pegando nuestros cuerpos, hasta al final besarme dulcemente.
Mientras me besa, se agacha, me coge fuerte con los dos brazos por debajo
del trasero y me levanta. Suelto un mini chillido, me ha cogido desprevenida.
Da unos pasos hacia delante, entrando en casa, y cierra la puerta con el pie.
Cuando entra hasta el comedor, me baja, sin dejar de besarme. Me separo de él,
le cojo de la mano, sonriéndole, y me dirijo hacia las escaleras. Él me sigue,
sin decir nada.
Llegamos a mi habitación, suerte que está ordenada y que no hay nada de
raro en ella. Sonríe, me rodea por la cintura y vuelve a besarme, dirigiéndose
hacia la cama. Cuando choco contra ella, caigo tumbada en el colchón, el sonríe
y se tumba encima de mí, sin dejar de besarme.
Poco a poco nos vamos colocando en la cama, entre caricias, besos y
mordisquitos. Yo le rodeo el cuello, enredo mis dedos en sus rizos, le acaricio
la espalda… Él me acaricia la barriga, la espalda, sube una de mis piernas y va
acariciándome el muslo.
Entre juegos y besos acabamos sacándonos la ropa, lanzándola al suelo. Y
así, con pasión y ternura, acaba haciéndome suya.
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