Me despierto con suaves besos en el cuello. Abro un poco los ojos, y
enfrente de mí tengo la pared. Bajo la mirada y veo un brazo sobre mi barriga,
que me va acariciando y me aprieta hacia un cuerpo. Sonrío. Giro la cabeza y le
veo tumbado a mi lado, besándome el hombro y sonriendo. “Buenos días,
princesa”. Subo mi mano, le cojo de la barbilla y le beso. Con el brazo que
tiene sobre mi barriga me gira, poniéndome de cara a él. Me acerca más a él,
apretando nuestros cuerpos por mi espalda, mientras con la otra mano me
acaricia la cara.
-Este es el mejor despertar de mi vida… – Sonríe y me besa.
-Yo tendría que volver a casa antes de que se den cuenta que no he dormido
allí… – miro la hora, son las 7 de la mañana.
-Tranquilo, que no van a descubrirte… – Ríe y vuelve a besarme. Me encanta
que me bese sonriendo, es un beso perfecto.
Se gira y va a levantarse, yo me quedo tumbada.
-¿No vas a despedirme?
-¿Para qué voy a levantarme? De aquí unas cuantas horas voy a volver a
verte en la piscina. – Se queda mirándome mosqueado, pero con media sonrisa en
la cara, ya que ve la mía. No me cree.
-Bueno, pues si es así, voy marchando… – Dice mientras se viste.
-Bien. Nos vemos después. – Me abrazo al cojín, haciendo ver que voy a
quedarme aquí dormida.
Oigo como baja las escaleras, me levanto corriendo de la cama, me pongo una
camiseta y bajo corriendo. Casi tropiezo con la última escalera, pero aprovecho
el impulso para saltar y llegar con dos pasos largos hasta la puerta, que él
estaba a punto de abrir. Le rodeo la barriga con los brazos y lo abrazo muy
fuerte. “¡No te vayas, no te vayas, no te vayas!” le grito. Él ríe y se gira,
abrazándome y me besa. “Nos vemos en unas horas en la piscina. Pero recuerda…
Esto es un secreto”. Asiento con la cabeza y la levanto para que vuelva a
besarme. Me besa, cogiéndome la cara de esa manera que tanto me gusta. Yo apoyo
mis manos en su pecho. Se separa de mí, me guiña un ojo, abre la puerta y se
va.
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