Vuelvo a la cama, ahora no tengo ganas de desayunar. Todavía tengo que
asimilar lo que ha pasado. Cuando llego a la habitación, lo veo todo por el
suelo tirado: mi sujetador, cojines, las sábanas… Me sonrojo. La verdad es que
ayer nos sobraba todo…
Me tumbo en la cama y cojo el móvil. Quiero llamar a Júlia y contarle que
lo he hecho con Raúl, pero no puedo… Es demasiado temprano. Me pongo a mirar
las fotos y encuentro la única foto de Otra Movida que no borré: mi foto preferida
de Raúl. Sonrío, la beso y acabo durmiéndome con el móvil en el pecho.
Me despierto, miro la hora y son las 10 y media. Me cambio deprisa y voy
rápido a desayunar, quiero llegar cuanto antes a la piscina.
Cuando llego allí no hay nadie. Otra vez. Bueno, es temprano, quizás
todavía no se han despertado los niños. Estoy un rato sentada con los pies
dentro del agua, removiéndola y pensando. De repente noto unas manos en mi
espalda que me empujan y me hacen caer dentro del agua. Está congelada, y salgo
chillando y casi sin respirar. Me giro y le veo, perfecto, riendo, con sus
sobrinos. Los niños chillan divertidos y se tiran rápido al agua, salpicándose
entre ellos. Yo le salpico desde dentro, con cara enfadada.
-Lo siento. Era demasiado tentativo. – Dice acercándose al borde de la
piscina, arrodillándose para estar a mi altura, sonriéndome. Yo me acerco al
borde de la piscina y me aguanto en ella.
-Te odio. – Sonríe pícaro y se
acerca hacia mí. Mira a los lados, comprobando que no hay nadie y que los niños
no miran, y me besa fugazmente.
-Lo sé. – yo, que no me lo esperaba, me lo quedo mirando sorprendida. Pero
no se me olvida lo que me ha hecho, le cojo el brazo y tiro con todas mis
fuerzas para hacerlo caer. Y lo consigo. Enseguida se llena todo de risas y
gritos de los niños, que se acercan a nosotros divertidos para mojar a Raúl.
Cuando éste saca la cabeza chilla – ¡Pero no ves que llevaba la toalla y la
ropa!
-Bueno, pues ahora lo dejas al sol para que se seque. Tiene dos horitas
buenas. – Sonríe y rápidamente me hunde, como venganza. – Si, ¡tú sigue
ahogándome! ¡Ya verás, ya!
-Ui si, que vas a hacerme, ¿eh? – dice mientras sale de la piscina
apoyándose con la pierna en el borde de ella.
-¡Tirarte otra vez, por ejemplo! – le agarro del bañador y tiro de él,
haciendo que caiga de espalda a mi lado. Los niños vuelven a reír divertidos,
le cogen y le ahogan, mientras que yo río y me aparto, para evitar que me hagan
a mí algo. Se aparta de los niños, que vuelven a jugar entre ellos, y me rodea
la cintura con un brazo, acercándome a él.
-Después vas a quejarte... – dice susurrándome en el oído.
-Yo, ¿de qué?
-De que te castigue… – y sonríe pícaramente.
-¿Y cómo vas a castigarme, si se puede saber? – le susurro yo también,
siguiéndole el juego. Entonces empieza a acercar su cara a la mía, sin dejar de
sonreír y mirándome a los ojos. Baja su mirada hacia mis labios, mira de reojo
a los niños y, al comprobar que no están por nosotros, roza con su nariz la
mía.
-Podría castigarte sin mis besos… – suspira, yo me muerdo el labio y le
cojo por la cintura, acercándole a mí – Pero eso sería un doble castigo… – me
besa dulcemente y se separa disimuladamente de mi. – No se me da bien castigar…
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