divendres, 12 d’octubre del 2012

27. Te odio.


Vuelvo a la cama, ahora no tengo ganas de desayunar. Todavía tengo que asimilar lo que ha pasado. Cuando llego a la habitación, lo veo todo por el suelo tirado: mi sujetador, cojines, las sábanas… Me sonrojo. La verdad es que ayer nos sobraba todo…

Me tumbo en la cama y cojo el móvil. Quiero llamar a Júlia y contarle que lo he hecho con Raúl, pero no puedo… Es demasiado temprano. Me pongo a mirar las fotos y encuentro la única foto de Otra Movida que no borré: mi foto preferida de Raúl. Sonrío, la beso y acabo durmiéndome con el móvil en el pecho.

Me despierto, miro la hora y son las 10 y media. Me cambio deprisa y voy rápido a desayunar, quiero llegar cuanto antes a la piscina.

Cuando llego allí no hay nadie. Otra vez. Bueno, es temprano, quizás todavía no se han despertado los niños. Estoy un rato sentada con los pies dentro del agua, removiéndola y pensando. De repente noto unas manos en mi espalda que me empujan y me hacen caer dentro del agua. Está congelada, y salgo chillando y casi sin respirar. Me giro y le veo, perfecto, riendo, con sus sobrinos. Los niños chillan divertidos y se tiran rápido al agua, salpicándose entre ellos. Yo le salpico desde dentro, con cara enfadada.

-Lo siento. Era demasiado tentativo. – Dice acercándose al borde de la piscina, arrodillándose para estar a mi altura, sonriéndome. Yo me acerco al borde de la piscina y me aguanto en ella.
-Te odio.  – Sonríe pícaro y se acerca hacia mí. Mira a los lados, comprobando que no hay nadie y que los niños no miran, y me besa fugazmente.
-Lo sé. – yo, que no me lo esperaba, me lo quedo mirando sorprendida. Pero no se me olvida lo que me ha hecho, le cojo el brazo y tiro con todas mis fuerzas para hacerlo caer. Y lo consigo. Enseguida se llena todo de risas y gritos de los niños, que se acercan a nosotros divertidos para mojar a Raúl. Cuando éste saca la cabeza chilla – ¡Pero no ves que llevaba la toalla y la ropa!
-Bueno, pues ahora lo dejas al sol para que se seque. Tiene dos horitas buenas. – Sonríe y rápidamente me hunde, como venganza. – Si, ¡tú sigue ahogándome! ¡Ya verás, ya!
-Ui si, que vas a hacerme, ¿eh? – dice mientras sale de la piscina apoyándose con la pierna en el borde de ella.
-¡Tirarte otra vez, por ejemplo! – le agarro del bañador y tiro de él, haciendo que caiga de espalda a mi lado. Los niños vuelven a reír divertidos, le cogen y le ahogan, mientras que yo río y me aparto, para evitar que me hagan a mí algo. Se aparta de los niños, que vuelven a jugar entre ellos, y me rodea la cintura con un brazo, acercándome a él.
-Después vas a quejarte... – dice susurrándome en el oído.
-Yo, ¿de qué?
-De que te castigue… – y sonríe pícaramente.
-¿Y cómo vas a castigarme, si se puede saber? – le susurro yo también, siguiéndole el juego. Entonces empieza a acercar su cara a la mía, sin dejar de sonreír y mirándome a los ojos. Baja su mirada hacia mis labios, mira de reojo a los niños y, al comprobar que no están por nosotros, roza con su nariz la mía.
-Podría castigarte sin mis besos… – suspira, yo me muerdo el labio y le cojo por la cintura, acercándole a mí – Pero eso sería un doble castigo… – me besa dulcemente y se separa disimuladamente de mi. – No se me da bien castigar… 

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