dilluns, 31 de desembre del 2012

32. Eres perfecto.


Vuelve a besarme dulcemente, sin soltar mi cara. Yo subo mis manos y le rodeo el cuello, entrelazando mis dedos con sus rizos, que tanto me gustan, y él aprovecha para apretarme por la cintura. Separa un poco su cabeza y roza con su nariz la mía. Y entonces, su dulce y tímida voz deja ir las palabras con las cuales llevaba soñando todos estos días: “Te quiero”.

Sus palabras resuenan en mi cabeza como una melodía, como esa canción que describe tu vida a la perfección y no dejas de tatarear en tu interior. Me quedo tan sorprendida que no sé cómo reaccionar. Le miro a los ojos, buscando en ellos la verdad, y la verdad era que él también estaba sorprendido de lo que había dicho, incluso estaba un poco rojo. Al verlo así, sonrojado y tímido, me echo a reír. Él, más sorprendido todavía, intenta preguntar el porqué de mis carcajadas, pero le corto con un beso. Un beso largo, apasionado, con amor.

- No puedes llegar a imaginarte lo feliz que me has hecho con estas dos palabras, Raúl… – digo sin apartarme casi de sus labios, para volverlos a besar al acabar. Él sonríe mientras le beso, y aparta un poco su cabeza para contestarme.
- Tenía miedo de decírtelo, pero me ha salido solo…  – Me besa.
- ¿Miedo? – digo separándome de él, apoyando mis manos en su pecho y buscando su mirada. Sonríe tímido otra vez y aparta la mirada. Yo no me muevo, sigo mirándole a los ojos, perdiéndome en esos perfectos ojos marrones. Vuelve a mirarme, me coge por las mejillas y me besa.
- Es raro… Tan solo hace 3 días que te conozco… Nunca me había pasado esto, pero no te puedes llegar a imaginar lo a gusto que estoy contigo y lo fácil que me ha sido decirte que… Que te quiero…  – Sonrío como una boba y vuelvo a besarle. – Será que el verte así, llorando por mi culpa, ha hecho que me diera cuenta de lo que siento…
-Tendré que llorarte más a menudo…
-No, por favor. No puedo verte llorar, me partes el corazón. – dice poniendo cara de preocupado.
-Eres perfecto. – Le beso. Ríe.
-Y tú una embustera.
-Vaya, tienes un defecto.
-¿Solo uno? – Vuelve a reír.
-No me hagas contar más.
-Podemos hacer una lis… – le corto con un beso, volviendo a rodearlo por el cuello, y él vuelve a apretarme por la cintura.

Casi sin separar sus labios de los míos, susurra un “Te quiero”. Me estremezco al oír esas palabras y, al notar otra vez sus labios sobre los míos, le muerdo el labio inferior, sacándole una sonrisa. Imitándole le susurro “Te quiero, te quiero mucho”. Sonríe y me agarra por debajo del trasero, levantándome y apoyándome encima de la mesa. Se aparta de mí y, mirándome con una sonrisa pícara y vuelve a susurrar “Te deseo”. 

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