Me muerdo el labio inferior sin dejar de mirarle a los ojos.
- ¿Qué? ¿No me vas a contestar a eso? – dice con su sonrisa pícara y riendo.
- Sí, que yo te deseo más.
Sin dejar que me conteste, me lanzo sobre él, rodeándole el cuello y
besándolo con fuerza. Él me agarra del trasero y yo, bajando mis manos, le voy
apretando la espalda hacia mí, hasta que llego a su cintura. Entonces, cuelo
mis manos por dentro de su camiseta y voy acariciando su espalda, su pecho, su
barriguita… Y poco a poco nos vamos sacando la ropa.
Y incluso así, encima de una mesa, me hizo sentir especial. Me hizo
estremecer con todas sus caricias, sus besos y sus mordisquitos. Me hizo llegar
hasta más allá de la luna y volver.
Al acabar me dice que se quiere quedar a dormir, que ya les había dicho a
sus amigos que se iba por ahí y que ya volvería. Vamos a la habitación y me
tumbo a su lado, abrazándole mientras él me acaricia la espalda.
- Así que a partir del lunes tenemos que ser dos extraños, ¿verdad? – No me
acordaba de eso… Estoy tan a gusto con Raúl que consigue hacerme olvidar de mis
problemas…
- Sí… No quiero que te turre mi prima…
- Pero me verá igualmente por el camping…
- Pero una cosa es que te vea por el camping, y la otra que te vea conmigo…
Sé como es. Respetará el no hablar de ti mientras ella esté aquí, pero en
cuanto llegue a casa comenzará a publicar la foto y a chulear que estuvo
contigo. Y si sabe que entre nosotros ha pasado algo… No quiero saber que
haría.
- Bueno… Pero escapadas nocturnas si podremos tener, ¿verdad? – dice
besándome la cabeza y sonriendo.
- Sí, pero tendrán que ser tarde. Supongo que estarán al loro de lo que
haga.
Seguimos hablando durante un rato y al final nos dormimos.
El fin de semana pasó demasiado rápido. Él estuvo casi todo el tiempo con
sus amigos, aprovecharon para irse a la montaña a pasear y yo me aburrí en
casa, saliendo a pasear por el prado o bañándome en la piscina. El domingo
llamé a Júlia para preguntarle la hora a la que llegarían. Me dijo que no lo
sabía, que seguramente a partir de las 11 de la mañana. Eso quería decir que,
si Raúl venía a dormir a mi casa el domingo, tendría que irse puntual para que
no lo vieran. Y la verdad es que yo deseaba que viniera, porque esos dos días
sin él se me hicieron eternos.
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