Suena el timbre de la puerta… Qué raro. ¿Qué clase de persona viene a
molestarme a mi casa a las 12 de la noche? Podría ser Raúl, pero él nunca toca
el timbre. Salto de la cama y bajo rápido las escaleras. Abro la puerta y allí
está, tan perfecto como siempre, con su perfecta sonrisa de oreja a oreja.
- Sabía que mi camiseta te quedaría mejor que la que llevabas. – dice
después de darme un repasón de arriba abajo.
Sus palabras se deben a que, de pijama, llevo una camiseta suya de manga
corta que se dejó aquí y unos pantalones shorts, tipo culotte.
- Llevo todo el fin de semana con tu camiseta, así te he echado un poco menos
de menos. – ríe y me abraza, fuerte, levantándome del suelo y besándome.
- Yo no he podido ponerme ninguna camiseta tuya… – Empiezo a reír y vuelvo a
besarlo.
- Tampoco te cabría...
- Quién sabe… – Vuelve a reír, me besa, me coge a brazos y subimos a la
habitación. – ¿A qué hora me echas?
- A las 10…
- ¿¡Tan temprano!? – Se queda mirándome entristecido, pero supongo que mi
cara, que no es distinta a la suya, hace que lo comprenda. – Pues mejor nos
vamos a dormir ya, que estoy muy cansado… – Lo suelta en un tono picarón, pero me
besa dulcemente y se tumba – Buenas noches, pequeña. – Esto me descoloca.
¿Después de todo un fin de semana va a dejarme así, sabiendo que estaremos una
semana alejados?
- Buenas noches, ricitos… – Contesto entristecida. Me tumbo y oigo como
suelta una risita. Me giro y lo miro. Está girado, mirándome y riendo. – ¿Qué?
– Le digo con una sonrisa inocente.
- Te quiero. – Y entonces me besa furtivamente, cogiéndome de las mejillas y
poniéndose encima de mí, besándome el cuello y nuevamente los labios.
- Me vuelves loca, ricitos… – Susurro entre besos.
- Tú no te quedas atrás… – Susurra besándome y sacándome la camiseta. – No
sabes cuánto voy a echarte de menos… – Susurra mientras empieza a acariciar
todo mi cuerpo.
- Nos veremos disimuladamente por aquí… – Casi no puedo hablar, me provoca
tales escalofríos y sentimientos que no puedo casi respirar.
- No sabes lo difícil que va a ser verte y no poderte besar…
- Aprovechemos esta noche… – Susurro lo más pícara que puedo, sonriendo al
ver su cara de niño travieso.
- ¿Me das permiso para poseerte toda la noche? – Vuelve a decir travieso.
- Solo soy tuya, Raúl. – Y entonces nos fundimos en un intenso beso, que
acaba uniendo nuestros cuerpos hasta tal punto que ya ninguno de los dos se intenta
separar.
Suena el despertador a las 9:30 de la mañana. Raúl le da un manotazo al
móvil, callándolo al segundo. Empieza a acariciarme la espalda, para
despertarme, y me da besos en la cabeza. Me aprieto fuerte a él susurrándole
“No quiero que te vayas” a lo que me contesta “yo tampoco quiero irme”. Pero se
separa de mí y antes de levantarse me besa en los labios.
Se va de mi casa y yo me quedo tumbada, esperando a que lleguen mis padres.
Y al fin, a las 11 y media, suena el timbre. Bajo tranquilamente, en teoría es
una sorpresa, así que no tengo que fingir que no sé nada.
Abro la puerta y gritan todos a la vez “¡Sorpresa!”. Hago cara de
sorprendida, me tapo la cara y les digo “¿Pero qué hacéis aquí?” abrazando a
mis padres. Entonces noto como otra persona se une al abrazo. Es Júlia… Espera…
¿3 personas? ¿¡Dónde está mi prima!?
- Eh, mamá, papá, Júlia… ¡Qué sorpresa más grande! Eh… ¿No ha venido Carol?
- Oh, sí, pero ha visto a no sé quien paseando por allí – señala con la mano el prado
– y se ha ido corriendo a buscarle. – contesta mi madre.
Miro asustada a Júlia y ella asiente con la cabeza. Sí, ha visto a Raúl y
ha ido en su búsqueda.
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