dimarts, 4 de juny del 2013

38. Por encima de todo.

Al llegar a la casita, veo a mis padres sentados en el sofá con los brazos cruzados.

- No os enfadéis… He ido a buscar a Carol, que se había dado a la fuga… – les digo sentándome a su lado.
- Ya, ya… – contesta mi madre. La abrazo y la beso.
- Venga, contarme, ¿qué hacéis por aquí? – digo cogiéndome a su brazo, como le gusta que lo haga.
- Te echábamos de menos, hija. Además, aquí solíamos venir toda la familia y nos ha parecido un buen sitio para despejarnos… Como tú, que ni nos avisaste…
- Bueno, mamá… Pasaba por malos momentos y…
- Lo necesitaba – Júlia me corta viendo que me estoy poniendo nerviosa, mi madre me aprieta la mano.
- Sé que lo has pasado mal por Juan, pero lo último que debías hacer era irte sola… – susurra mi madre.
- Mamá, no quiero hablar del tema…
- Perdón, perdón…
- Cuéntanos – nos corta mi padre – ¿qué has hecho por aquí?


Sonrío de oreja a oreja al pensar en Raúl, pero no se lo cuento. Les cuento cuando encontré la casita, que subí y estaba todo tal y como lo dejamos y me inventé historias en el lago para que no sospecharan nada. Las horas fueron pasando y se quedaron a cenar. Cada vez se hacía más tarde y empezaba a temer que Raúl no se presentara en casa pensándose que ya se habían ido y me pillaran, así que se lo dije a Júlia para que me ayudara. Y así lo hizo, empezó a hacerse la dormida y dijo que se iba a casa, que necesitaba dormir. Mi padre, que estaba cansado de estar rodeado de mujeres, se levantó para acompañarla, y mi madre, que no se fiaba un pelo de él, lo siguió, así que Carol no tuvo más remedio que irse con ellos. 


Toc toc toc. Sonrío, bajo corriendo las escaleras y abro la puerta.

- Amor. – susurra Raúl lanzándose a mis brazos, abrazándome y levantándome del suelo.  – No sabes cómo te he echado de menos – cierra la puerta con el pie y corre hacia el sofá, tumbándose encima de mí y besándome dulcemente.
- No sabes lo mal que lo he pasado con mis padres aquí – susurro entre besos.
- El momento en el bosque con tu prima ha sido lo mejor – empieza a reír y le doy un golpe en el hombro. – ¿Qué? – ríe – será que no te ha divertido…
- ¿Divertido? Pensaba que en un momento u otro nos pillaría… – le rodeo el cuello y empiezo a besarle – Me moría de ganas de abrazarte – sonríe y me muerde el labio inferior, colocándose bien encima de mi cuerpo, subiéndome la camiseta.
- Ahora estamos solos… Vuelves a ser solo mía… – susurra besándome el cuello. Suelto un pequeño gemido y cierro los ojos, echando hacia atrás la cabeza para que pueda besarme.
- No me lo puedo creer… – Raúl se levanta de un salto y se queda de pie, mirando hacia la puerta. Yo, asustada, me siento corriendo y me bajo la camiseta.
- Carol… ¿Qué… Qué haces aquí? – pregunto como puedo, con un hilillo de voz.
- Estaba en el comedor y he visto pasar a Raúl… No puedo creerlo, ¡no puedo creerlo! – se tapa la boca y contempla a Raúl con los ojos como platos. Me levanto corriendo y cierro la puerta.
- Vale, Carol… Necesito que seas prudente…
- ¿¡Prudente!? Esto es… Dios… ¡La has cagado pero bien!
- ¿Perdona? – la miro mal, echándome hacia atrás. ¿Quién es ella para decirme eso? Raúl se acerca a nosotras un poco asustado y me coge por la cintura, poniéndose detrás de mí, protegiéndome así de ella.
- Madre mía, Marta… – se pone una mano en la frente y se dirige hacia una silla, sentándose en ella.
- ¿Qué pasa, Carol? – pregunto extrañada – Lo único que te pedimos es discreción… – susurro.
- ¿Discreción? Pídemela mañana, cuando se presente aquí Juan con un ramo de flores para arreglar las cosas. – abro los ojos como platos y me quedo petrificada. Raúl se pone a mi lado y me mira extrañado.
- ¿Juan? – susurra.
- ¿Cómo que…? ¿Qué quieres…? – empiezo a temblar y no me salen las palabras para preguntarle a Carol.
- Que Juan vino a buscarte a casa para arreglar las cosas y, cuando tu madre le dijo que habías venido aquí, decidió venirte a ver. Por eso vinimos antes, para poder ver como estabas y avisarle…
- ¿¡Cómo!? ¿Pero estáis locos o que os pasa? – me avalanzo encima de Carol, llorando de la rabia. Raúl viene tras de mí y me aparta de ella, poniéndome enfrente de él, cogiéndome de los hombros.
- ¿Quién es Juan? – susurra intentando tranquilizarme, pero su tono de voz muestra preocupación e ira.
- Su ex. Bueno… “ex”, ya sabes… – suelta Carol. Raúl me mira con los ojos bien abiertos, sin creérselo, cuestionándome.
- Yo… – intento defenderme pero no me salen las palabras. Raúl me suelta y se dirige hacia la puerta, sin mirarme – ¡Raúl, ven! – se gira y me mira con los ojos entristecidos – todos tenemos un pasado… – susurro acercándome a él.
- Yo te lo conté todo y tú no me dijiste nada sobre esto… – niega con la cabeza, defraudado – Solo jugabas conmigo. – se gira, abre la puerta y sale hacia afuera.
- ¡Que no, Raúl! – corro detrás de él – ¡Que yo te quiero! – rompo a llorar y me quedo quieta en los escalones de casa mientras le veo irse corriendo hacia la suya. Me giro y veo a Carol apoyada en la puerta, con una sonrisa – ¿¡Pero cómo puedes ser tan hija de puta? – se sorprende y parece dolida.
- ¿Y tú? – vuelve a sonreír, la ira me corroe todo el cuerpo y sin pensármelo le giro la cara de una bofetón.
- Vete a la mierda. – me giro y corro detrás de Raúl, gritándole. Antes de llegar a su casa frena, y, después de apretar los puños, se da la vuelta y se enfrenta a mí. – Escúchame, por favor – le suplico llorando. Él está serio, se cruza de brazos y agacha la cabeza. – Me engañó, jugó conmigo, se fue con la primera que pasó por delante suyo, no le importaba una mierda – no puedo parar de llorar y me ahogo con cada palabra y recuerdo que saco a la luz – Quería olvidarlo, quería empezar de cero, cómo si no le hubiese conocido, recuperar la felicidad – Raúl empieza a mirarme con otros ojos y empieza a preocuparse por mi ansiedad – Y apareciste tú, mi ídolo, mi amor platónico… Y ocurrió lo que más deseaba – sonríe tímidamente, agachando la cabeza – me devolviste la felicidad, me hiciste olvidarme del mundo, de ese capullo, de mi vida… Para mí ahora solo existes tú – suelto en un último aliento y me derrumbo en su pecho, llorando abrazada a su cuerpo, notando como me aprieta fuerte por la espalda y me besa la cabeza.
- Tranquila… – susurra – Perdóname… – va acariciándome el pelo y me besa la frente.
- Te quiero… – susurro en un suspiro.
- Y yo a ti, por encima de lo que pase mañana… 

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