dimecres, 26 de juny del 2013

40. ¿Estás bien?

Estoy de pie, en silencio, con los ojos muy abiertos, contemplando la escena en silencio. Juan está a pocos metros de mí, con una sonrisa fingida y un gran ramo de flores. Poco a poco se va acercando a mí, intentando decir algo, pero no le sale la voz.

- ¿Qué haces aquí? – Pregunto contundente y lo más borde que puedo. Se queda parado, sorprendido, y hace una pequeña mueca. – Que qué coño haces aquí, te he dicho.
- Marta, yo… – susurra.
- Vete.
- ¿Qué?
- ¡Que te vayas! – alzo mucho la voz y levanto la mano, señalando la puerta, mirándole con odio, rabia y asco.
- Pero… – susurra.
- ¿¡Es que no me oyes!? – grito más, poniéndome más nerviosa y apretando el puño que tengo al lado del cuerpo.
- No te pongas así – intenta tranquilizarme mi madre con la voz temblorosa.
- ¡Tú cállate! – contesto girándome y mirándola mal – ¡Todo esto es por tu culpa! – digo sin pensar – ¡Iros! ¡Salir de aquí todos! – doy un paso hacia atrás y me quedo señalando la puerta, mirando con rabia a Juan, mis padres y mi prima, que estaba de pie al lado de Juan. Mis padres se levantan asustados y se dirigen a la puerta, agachando la cabeza. Puedo ver como mi madre rompe a llorar, pero no le hago caso. Carol carraspea, agacha la cabeza y se dirige hacia la puerta. Al salir, veo como sonríe victoriosa y se va. Aprieto los dientes y los puños con rabia y me giro, buscando la mirada de Juan, que sigue de pie, atónito. – ¿Qué coño esperas?
- Quiero hablar contigo – dice serio.
- ¿Qué? – suelto una carcajada – ¿Es que no me has escuchado?
- Sí – me corta antes que vuelva a atacarle – pero no voy a irme hasta que hablemos.
- Me importa una mierda lo que quieras, Juan – vuelvo a subir el tono de voz – ¡Que te vayas de mi casa!
- No. – contesta enfadándose y lanzando el ramo contra el suelo. Poco a poco va acercándose a mí, mirándome fijamente. Doy dos pasos hacia atrás, asustada y enfadada, y noto que ya no puedo apartarme más porque tengo la pared.
- No te me acerques – digo amenazándole levantando las manos y poniéndolas enfrente de mí, para empujarle. Él no para de avanzar y se para a pocos centímetros de mí, a punto de rozar mis manos.
- Te he dicho que quiero hablar. – contesta entre dientes.
- Y yo te he dicho que – me corta cogiéndome de las manos y acercándome hacia él, apretándolas con fuerza. – ¡Ah! – grito del dolor – ¡Para! – hago fuerza para que me suelte, pero no puedo. Aprieto los dientes con miedo y rabia y los ojos se me llenan de lágrimas. – ¡Suéltame! – grito.
- ¡Solo quiero hablar! – grita acercándome más a él, apretando las manos y haciendo que todavía me duela más.
- ¡Para! – grito del dolor. Entonces, me suelta de la mano derecha y me rodea la espalda, apretándome a él.
- Solo quiero arreglar las cosas – susurra a pocos centímetros de mi boca.
- Juan, ¡que me sueltes! – con la mano que tengo suelta empiezo a empujarlo y giro la cabeza para que no me bese. Empieza a hacer fuerza por la espalda y se acerca más a mí, empotrándome contra la pared para evitar que pueda resistirme – ¡Suéltame! ¡Suéltame! – cada vez grito más fuerte y rompo a llorar.
- ¡Te ha dicho que la sueltes! – grita Raúl, entrando enfurecido, apoyando sus manos en el pecho de Juan y empujándolo con fuerza, lanzándolo al suelo al momento. Me quedo de pie, apoyada a la pared, asustada, dolida, llorando, mirando sorprendida la escena. Juan esta de espalda al suelo, quejándose por el golpe, y se levanta lentamente, mirando poco a poco a Raúl. Él está de pie enfrente de él, mirándolo con furia, apretando los puños al lado de su cuerpo.
- ¿Qué coño haces? – grita Juan.
- ¡No, qué coño haces tú! – contesta Raúl con el mismo tono, acercándose amenazadoramente a Juan. Sigo apoyada a la pared, sin moverme, temblando. Juan abre los ojos de golpe, reconociéndolo. Entonces me mira de reojo, cuestionándome. –¡Ni la mires! – vuelve a gritar Raúl. Juan empieza a levantarse sin dejar de mirarme fijamente, cada vez con más odio – ¡Te he dicho que no la mires! – grita Raúl empujándolo de nuevo, lleno de ira. Juan le coge del brazo, lo aparta y le pega un puñetazo a la barriga.
- ¡Raúl! – grito asustada al verlo.
- ¿Te dejo venir sola al camping y me los pones con tu “amor” de los huevos? – grita Juan, encarándose a mí. Raúl, girándose rápidamente dolorido, lo gira rápidamente y le devuelve el puñetazo, pero esta vez en la cara. Éste vuelve a caer al suelo y me tapo la boca asustada, mirando a Raúl sin reconocerlo.
- ¿Estás bien? – susurra Raúl acercándose a mí, cogiéndome de las mejillas con suavidad, mirándome preocupado. Asiento con la cabeza todavía asustada y le abrazo, temblando. Al separarse de mí, me besa dulcemente y se gira rápido al escuchar que Juan empieza a levantarse. – Vete – contesta encarándose a él. Juan, que está sangrando por la nariz, lo mira con rabia, aprieta los dientes y sale de la casita, no sin antes mirarme de reojo. Raúl le sigue hasta las escaleras, confirmando que se va. Al verle desaparecer, vuelve a entrar. – ¿Marta?
- Estoy aquí… – contesto desde el sofá. Estoy sentada, con los brazos cruzados, intentando tranquilizarme. Raúl se acerca rápidamente a mí, se sienta a mi lado y me abraza, acariciándome, para conseguir que deje de temblar.
- ¿Estás bien? – repite preocupado.
- Sí… Sí… – le miro con los ojos llorosos. Resopla, preocupado, me coge por las mejillas y me besa dulcemente.
- Lo siento, lo siento… – susurra entre besos.

- Tranquilo… – le contesto – Gracias... 

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