Me lanzo a su cuello, apretándome fuertemente contra su cuerpo, y le beso
la mejilla. Él me aprieta por la espalda, me acaricia, me tranquiliza y me besa
la cabeza.
- Cómo me gustaría quedarme a dormir contigo…
- Quédate en mi casa – dice con una sonrisa.
- Ojalá pudiera… – digo levantando la cabeza y contagiándome de su sonrisa.
- Puedes. – dice contundente – Puedes y vas a hacerlo – se separa de mí con
la gran sonrisa que le caracteriza, me coge de la mano y empieza a caminar
hacia su casa, la cual está casi al lado.
- Que no, Raúl, que no puedo, de verdad – voy diciendo mientras tiro de su
mano e intento frenarle. Él hace caso omiso de mí y empieza a subir las
escaleritas.
- Ven, tonta – susurra entre risas, abre la puerta y hace un gesto para que
calle.
- Que no, ¡Raúl! – grito flojito, riendo al hacerlo.
- Shhhhht – me pone el dedo índice en la boca y con una sonrisa me hace
entrar en su casa, cerrando la puerta con llave al entrar. – No hagas ruido –
susurra, me coge de la mano y me lleva hacia su habitación. Al entrar, me
siento al borde de su cama, mordiéndome el labio inferior, y él cierra la
puerta con cuidado. Cuando se gira y me ve, sonríe pícaro, resopla, y poco a
poco va acercándose a mí – Mmmmm… – susurra mirándome los labios con una gran
sonrisa traviesa – No podemos hacer ruido… – me mira a los ojos sensualmente y
se muerde el labio.
- No, no podemos… – susurro imitándole – y no vamos a hacerlo… – sonrío, me
separo de él y gateo por la cama, sacando las sábanas y colándome dentro de
ellas. Él se queda de pié, mirándome sorprendido.
- Ah… ¿no? – susurra sacándose los pantalones e imitándome, estirándose a mi
lado.
- No… – susurro en un hilillo de voz, sin ninguna credibilidad en mis
palabras.
- Bien… Entonces… Buenas noches. – me besa dulcemente, jugando con mis
labios y mi lengua, mordiéndome el labio inferior y separándose de mí con una
sonrisa. Se da la vuelta y se coloca bien.
- No, no… – susurro dándole un golpe en el brazo. Raúl se gira y me mira
divertido – si vamos a dormir, hagámoslo bien. – le aparto el brazo y me abrazo
a él, apoyando la cabeza en su pecho y dejándole un beso allí. – Buenas noches –
cierro los ojos y me recoloco. Él suelta una pequeña risa y me besa la cabeza,
apretándome un poco más a él, pasando su mano por mi espalda y acariciándome el
brazo con la otra.
Abro los ojos lentamente y no reconozco la pared que tengo delante. Levanto
un poco la cabeza, analizando la habitación y me doy cuenta que tengo un brazo
encima de la barriga. Sonrío y lo acaricio, girándome hacia él, hacia Raúl.
- Buenos días. – susurra sonriéndome, le contesto con un dulce y largo beso,
cogiéndole de las mejillas y poniéndome encima suyo, llena de felicidad. –
Ummmmh… Ojalá me despertara así todos los días – susurra entre besos.
- Ojalá… – susurro besándole nuevamente – Pero ahora tengo que irme…
- No… – se queja besándome y colando su mano por mi cuello.
- Te quiero… – susurro separándome un poco de sus labios, volviendo a
besarle al decirlo.
- Te quiero – dice más sereno que yo, volviendo a unir nuestros labios en un
largo y sentido beso. Poco a poco, y doliéndome al hacerlo, me voy separando de
él y me levanto. Al empezar a vestirme, se levanta él también y se viste,
saliendo primero de la habitación para guiarme hacia la puerta y evitar que me
vean sus amigos. – Nos vemos luego – susurra al abrirme la puerta – Si pasa
algo, llámame – arqueo una ceja.
- No tengo tu núm… – Sonriendo, me coge la muñeca y me gira el brazo
suavemente. Bajo la mirada intrigada y veo un número apuntado en él. – ¿C…
Cómo? – pregunto sorprendida.
- Te lo he apuntado mientras dormías… – susurra divertido. Me acerco a él y
le beso tiernamente.
- Gracias, Rulo. – susurro a pocos milímetros de sus labios. Le dejo un
corto pico y me giro rápido, dirigiéndome a mi casa sin mirar atrás, porque si
no me quedaría allí…
Al llegar a mi casa, veo dentro de esta a mis padres, preocupados.
- ¿¡Se puede saber dónde estabas!? – grita mi madre al verme entrar. La miro
sorprendida y asustada.
- ¿Qué… ¿Qué hacéis aquí? – pregunto enfadada y preocupada. Entonces sale de
la cocina Carol, con una sonrisa victoriosa y una ceja alzada. La fulmino con
la mirada y aprieto las manos y los dientes con fuerza. Antes que pueda decirle
nada, sale detrás de ella Juan, mi ex, con un ramo de flores y una sonrisa
tímida.
- Hola…
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