Sus palabras hacen que me sienta la mujer más feliz del mundo. Me tiro
encima de él y empiezo a besarle, dulcemente. Le agarro las mejillas y aprieto
mis labios contra los suyos. Él sonríe divertido y me agarra del trasero. Separa
un poco su cabeza de la mía, y susurra “Tengo que irme…” pero no dejo de
besarle, así que gira y se queda él tumbado encima de mí, besándome y llevando
él el mando. “De verdad, tengo que irme” y me besa nuevamente. Se levanta y
empieza a vestirse. Me quedo sentada en la cama, con las manos cruzadas y cara
de enfadada. Al verme ríe, me besa y cuando está en la puerta dice “Nos vemos
después”.
Cuando oigo la puerta de abajo cerrarse, decido levantarme e ir a
desayunar. Empiezo a pensar en qué pasará la semana que viene… Mi madre, mi
padre, mi prima y Júlia vendrán al camping a pasar unos diitas… Todavía suerte
que mi hermano, como ya es más mayor y está con su pareja, no ha querido venir…
Tendré que esconderme de Raúl, hacer ver que no le conozco… Tendré que evitar
que mi prima lo vea… Porque ella también es "tontaca", y como vea a Raúl la
liará, lo sé: se pondrá en plan fan loca, chillando y saltando, y le pedirá una
foto, y lo abrazará y lo publicará… No puedo dejar que pase. Él no busca esto.
Tendré que avisarle… Pero… No puedo contarle que he estado con él, no confío en
ella, sé que eso será peor…
Intento no pensar más, esta tarde, si hace falta, se lo cuento a Raúl y ya
veremos qué podemos hacer. De momento me toca ordenar la habitación y pensar
que hacer ahora. Tengo ganas de estar con Raúl, pero sé que él está con los
niños y que no puedo hacer nada al respecto, así que me voy a la piscina para
airearme y descansar.
Durante toda la mañana él no aparece, estoy tranquila, nadando sin que
nadie me moleste, ni niños, ni pelotas, ni hundimientos… Como intuyo que se han
ido de paseo, voy a casa a comer y vuelvo a pasar la tarde aquí, tumbada en el
césped y tirándome al agua cuando me apetece.
Llega la hora de cenar. Como no tengo ganas de cocinar, pido una pizza.
Mientras no llega aprovecho para ducharme y tumbarme en el sofá. Escucho una
moto. Voy a mi habitación a buscar el dinero, y mientras bajo las escaleras
suena el timbre.
-Su pizza, señorita – Es él. Está de pié enfrente mío con la caja de la pizza en
las manos.
-Pe… Pe… Pero. – Digo con cara
extrañada y con el monedero en la mano.
-Tranquila, – Adivina mis pensamientos. – lo he pagado yo. ¿Puedo? – dice
sonriendo.
-Sí, claro, pasa.
Entra con una sonrisa de oreja a oreja, deja la pizza encima de la mesa, se
gira y viene en mi búsqueda. Con un brazo me rodea la cintura, me aprieta hacia
él y me besa. Da dos pasos hacia atrás y se apoya en la mesa. Yo le cojo
suavemente las mejillas y sigo su beso.
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