dimarts, 16 d’octubre del 2012

29. Buenos días, pequeña.


Me deja tumbada en la cama y él se tumba encima mío. Me besa los labios, las mejillas, el cuello… Va recorriendo todo mi cuerpo, sin prisa, haciendo erizar todo mi  cuerpo. Nota cuánto le deseo y sonríe. Vuelve a mis labios mientras con las manos me acaricia el torso, la espalda, la barriga. Lentamente me va sacando la ropa, al mismo tiempo que le saco yo la suya. Seguimos abrazados, besándonos, sin prisa. Todo es mucho más dulce que ayer... No quiero que pase el tiempo, así estamos bien, y noto que él siente lo mismo.

Pero el deseo va creciendo: los besos cada vez son más apasionados, sus caricias se vuelven más fuertes, sus manos se pierden en mi espalda, bajando hacia el muslo, y poco a poco va apretándome más hacia él. Nuestras respiraciones son ya más entrecortadas, y, finalmente, acabamos haciendo el amor.

Acabamos sudados, sonriéndonos el uno al otro, y el cae rendido a mi lado, abrazándome por la espalda. Empieza a besarme el cuello y me giro para besarle los labios. Se tumba hacia arriba y yo apoyo mi cabeza en su pecho. Y así nos dormimos.

Por la mañana nos despierta la sintonía de mi móvil. Suena des de la mesita de Raúl, y él, medio dormido, lo coge con una mano y me lo pasa. Yo, sin levantar la cabeza de su pecho, descuelgo el teléfono y lo dejo caer encima de mi oreja. 

-¿Seh…? – digo lo más dormida posible.
-¿Dormías? – Es Júlia. ¿Qué hace llamándome a estas horas?
-Un poco…
-Son las 11 de la mañana, tía. Anda, ¡levántate y sal a pasear por el camping!
-Sí, sí… Ahora voy… – Bostezo.
-Uh, que perezosa estás… ¿Qué pasa, que has tenido marcha con Raúl esta noche, o qué? – ¡La madre que la parió! Espero que Raúl no haya escuchado eso. Levanto la cabeza hacia él, buscando su mirada, asustada. Pero le veo con los ojos cerrados y la cabeza mirando hacia la pared, dormidito. Que precioso está… No ha escuchado nada.
-Sht, cállate. – Susurro – Más tarde te llamo y te cuento lo que quieras. – Vuelvo a hablar normal, para que Raúl no se dé cuenta. – Bueno, ¿qué quieres?
-Avisarte. Ya sé que día viene tu madre.
-¿Sí? ¿Cuándo?
-El lunes.
-¿El lunes? Ah bueno… ¿A qué día estamos hoy?
-Viernes.
-¿¡Cómo!?
-Claro, estás aquí en tu mundo feliz y no te das cuenta de la realidad…
-Mierda… – Raúl empieza a removerse en la cama, abre sus preciosos ojitos marrones, me mira y me sonríe. – Bueno, tengo que dejarte… Gracias por avisar.
-De nada. Que te vaya bien con tu principito, ya me contarás.
-Sí, sí…
-Te quiero.
-Yo más. – Cuelgo. Raúl sigue sonriéndome, le devuelvo la sonrisa y le beso. – Buenos días.
-Buenos días, pequeña.
-Oye… Son más de las 11, ¿no te estarán esperando?
-¿Qué? Oh, mierda… Bueno, ahora me acerco al súper de aquí al lado, compro un poco de cruasanes y les digo que he salido temprano a pasear y ya está. – Se acerca y me besa. – Me encantaría quedarme toda la mañana aquí, contigo.  

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