dissabte, 8 de febrer del 2014

43. Ya no importa.

“Cuando me he dado cuenta de la realidad. En ningún momento he querido hacerte daño, pero siempre supe que este día llegaría… Aun así, ha llegado más pronto de lo que pensaba… Lo siento…”
Me quedo sentada en el borde de la casita, asimilando el mensaje. Esto sí que es un adiós… No podemos hacerle nada… Su vida está en Madrid y yo no soy nadie para estropearle lo que tiene… Quizá vuelve a televisión… Quizá con Flo, con Anna, con todos… Ojalá… Resoplo. Quizá nunca hubiese tenido que dejar que esto pasara… Quizá nuestro destino no era estar juntos, sino seguir con la relación fan-ídolo. ¿En qué momento se me giró la cabeza y decidí “acosarle”? Todavía con la mente inmersa en mis pensamientos, bajo las escaleras y camino despacio hacia mi casa. Él se va en un par de días y yo tengo que quedarme aquí con la familia… Y cuando vuelva a casa… Los kilómetros serán nuestro impedimento…

Llego a casa y me encuentro a Júlia preocupada. Al verme entrar por la puerta viene corriendo y salta a mi cuello, abrazándome.
- ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estabas? ¿Estás bien?  – dice alborotada.
- Tranquila, tranquila… Estoy bien… Raúl casi mata a Juan, pero yo estoy bien…
- Se lo merecía… Bendito hijo de puta… ¿Cómo ha tenido la cara de presentarse aquí?
- Eso ahora no importa… – susurro agachando la cabeza. Júlia me la levanta suavemente y me mira intrigada – Raúl se va – abre los ojos como platos y se tapa la boca – Y no puedo hacer nada por nosotros…

- Oh… Lo… Lo siento… Yo… – No sabe qué decir y me abraza, sabe que lo necesito y que es lo mejor que podía hacer en estos momentos. Intento contener las lágrimas pero no puedo, así que me aprieto fuerte contra su cuerpo y me dejo llevar. Lo de Raúl me duele más de lo que podía haber imaginado… 


Al cabo de una hora vienen mis padres a comer, todavía dolidos por lo que ha pasado. Se sienten culpables de todo lo ocurrido, y la verdad es que un poco de culpa sí que la tienen… Pero no puedo tirárselo en cara porque fui yo la que les escondí todo lo que pasó.
Pasamos un día tranquilo, en familia, paseando por el camping, bañándonos, jugando en las actividades de los animadores, ignorando todo lo ocurrido. Y en todo este tiempo no veo a Raúl ni a ninguno de sus amigos… A los niños sí, estaban en la piscina jugando, pero, gracias a Dios, no han venido a hablarme, quizá ya no se acuerdan de mí…  Esto hace que todavía lo pase mejor, aunque sea de lejos, me hubiese gustado verlo, poder verle sonreír de nuevo…


Por la noche, después de cenar con mis padres, dónde no han podido evitar preguntarme todo lo que querían saber y durante el día se lo han callado, me escapo a la casita de Raúl. No puedo con este remordimiento, con saber que se va a ir y estamos así. Necesito hablar con él, aclarar las cosas, pedirle perdón y desearle lo mejor en su nueva etapa.

Al llegar allí, pico la puerta decidida, aunque las piernas me tiemblan. Se abre la puerta lentamente y aparece uno de sus amigos. Me pongo roja al momento y sonrío tímidamente. 

- ¿Está Raúl? – pregunto. Su expresión de cara me lo dice todo, niega con la cabeza y levanta los hombros, disculpándose. Me quedo quieta, con la boca abierta y el corazón roto. ¿Se ha ido? ¿Ya? –  Pero… ¿Volverá? – digo en un hilillo de aire.
- No, no, se ha ido ya a Madrid – contesta. Empiezo a hiperventilar, me pongo la mano en el pecho y el chico me coge por los hombros, asustado. Estoy empezando a marearme y me pongo la otra mano en la cabeza, disculpándome con el chico, pero aun así las piernas no me sostienen de pie y me cuesta respirar. – ¡Llamar a una ambulancia! – grita.
- No, no… – susurro – Estoy bien, es solo que… – intento decir poniéndome de pie. Me apoyo en su pecho, cogiendo aire fuertemente – Me he mareado, eso es todo – finjo una sonrisa. El chico me mira totalmente preocupado y no me suelta. Veo como alguien viene hacia nosotros intrigado, con el móvil en la mano.
- ¿Qué ha pasado? – pregunta.
- Nada, nada – digo recuperando el aliento – ¿Puedes… Acompañarme a casa? – susurro al que me tiene cogida.
- ¿Seguro? ¿No prefieres ir al médico? – dice apretándome fuerte por los hombros.
- No, no, estoy acostumbrada a esto – miento – Dormiré un rato y se me pasará. – vuelvo a sonreírle. No se le ve muy convencido, pero me hace caso. Me coge por la cintura y me apoyo a él, dirigiéndome hacia casa. Paso a paso voy recuperando la tranquilidad, el aire y se me quita el tembleque, voy recuperándome poco a poco. Al llegar a casa, el chico me deja delante de las escaleras. – Gracias – le digo con una gran sonrisa.
- De nada… – dice todavía asustado – ¿Estás mejor?
- Sí, sí, el paseíto me ha venido bien. – sonrío – Muchas gracias, de verdad. – Asiente con la cabeza, sonríe y se da la vuelta para irse, pero antes vuelve a girarse hacia mí.
- Perdona pero… ¿Quién eres?
- Nadie – digo notando como el corazón me da un pinchazo – No tiene importancia. No le digas a Raúl que esto ha pasado, ¿vale? – se queda todavía más atónito después de esto, y parece que quiere volver a preguntarme, pero me escabullo y entro rápidamente. Subo a la habitación y está Júlia esperándome. Al ver mi cara, rápidamente abre los brazos y me lanzo a ellos, contándole entre lágrimas lo ocurrido.
- Tia… Has estado a punto de desmayarte… ¿y lo único que te importa es que él se ha ido? – dice preocupada – ¿No ves que quizá te pasa algo?
- ¿Qué me va a pasar? – digo quitándole importancia – Habrá sido del disgusto… Ya me ha pasado alguna vez antes… Cuando suspendía después de estudiar horas y horas… – ríe y consigue que saque una sonrisa.
- Sí… Ya me acuerdo… Cada vez que sacabas menos de un 7 la liabas parda… – reímos, pero rápido vuelve la preocupación a su rostro. – Perdona que sea indiscreta pero… ¿Cuánto hace que… En fin… Que… Que os… “veis”? – dice sonrojándose.
- Sé por dónde vas, y es imposible, porque de todo esto solo hace dos semanas… Y siempre ha sido con precaución. – ahora soy yo la que se sonroja. De repente, el móvil empieza a sonar. Las dos pegamos un bote de la cama, y intrigada lo cojo. – ¿Si?
- ¡Marta! – dice una voz alborotada – Marta, ¿cómo estás? ¿Qué te ha pasado?
- ¿Raúl? – digo sin poder creerlo – ¿Desde qué número me llamas?
- Eso no importa ahora, dime, ¿Cómo estás?
- Eso tampoco importa ya – digo absolutamente borde y dolida.
- Sí, sí que me importa, has estado a punto de desmayarte encima de Miguel. – Ah, ya sé cómo se llama para la próxima vez…
- Del disgusto que me ha dado al decirme que te has ido a Madrid sin despedirte de mí. – digo contundente.
- Porque no me gustan las despedidas, y después de lo de esta mañana… No podía soportar volver a verte llorar y volver a sufrir por no poder hacer nada…
- Bueno, pues si no te gustan las despedidas, no gastes tiempo ahora. Estoy bien, gracias. – y cuelgo. Júlia me mira atónita.
- ¿Pero no tenías su número de teléfono?
- Sí, pero me ha llamado desde un privado… Lo que no sé es por qué. – el móvil vuelve a sonar, y vuelve a ser él. – ¿Qué? – digo con el mismo tono de voz que antes.
- No me cuelgues, por favor… Déjame aclararlo todo… – me quedo en silencio y Júlia me aprieta la mano que tengo libre para darme fuerzas, y asimila con la cabeza.
- Te escucho… 

dissabte, 23 de novembre del 2013

42. ¿Y todo para qué?

Sigo corriendo sin mirar atrás. Las lágrimas me nublan la vista y casi no puedo respirar. Detrás de mí ya no escucho a Raúl, se debe haber cansado de correr inútilmente. Lo ha dejado muy claro con su mirada: se va para no volver y no volvernos a ver más. Solo he sido un rollete de verano que le ha durado las dos semanas que ha estado en este camping.


Paro de correr en seco, tengo flato, me duele el pecho e hiperventilo. No estoy acostumbrada a hacer ejercicio y se nota, estoy agotada. Al levantar la vista me doy cuenta de dónde me han llevado mis pasos: estoy en el camino de mi casita del árbol. Sonrío y empiezo a caminar hacia él, viéndolo a lo lejos, con sus nuevas escaleras colgando… Raúl se tomó la molestia de cambiarlas únicamente por mí… Dedicó todo un día a ir a comprarlos, volver sin que le viera y montarlo… ¿Y todo para qué? ¿Para poder disfrutarlo dos días conmigo?... Prefiero no recordarlo, así que me decido a subir. Subiendo me acuerdo de la primera vez que vine, cuando me caí y Raúl me cogió… Ladeo la cabeza intentando borrar los recuerdos de mi cabeza, pero al llegar arriba vuelvo a recordar todo lo que he vivido con Rulo estas dos semanas, que no ha sido poco, y rompo a llorar otra vez. Apoyo la cabeza en mis piernas y me abrazo, haciéndome una bolita y desahogándome tranquila… Cuando me doy cuenta que tengo el brazo pintado. Extrañada, extiendo el brazo y lo miro detenidamente… Es un número de móvil… El número de móvil de Raúl… Me lo ha pintado esta noche mientras dormía en su cama, me lo ha dicho esta mañana… Sonrío sin darme cuenta y saco el móvil del bolsillo. 

- No hace falta  – doy un salto del susto y me giro hacia la puerta  – estoy aquí. – Raúl está en la entrada de la casita, con una gran sonrisa. Aprieto los puños, agacho la cabeza y me quedo quieta. Él mientras acaba de subir y se sienta a mi lado, pasando su brazo por mi espalda y llevándome hacia él en silencio.
- Tengo miedo  – susurro.
- ¿Miedo? ¿Por qué? – dice acercándose a mí con el rostro preocupado.
- Porque siento que ya no voy a verte más…  – se queda callado y agacha la cabeza resoplando. Le miro dolida a los ojos y me levanto, apartándome de él con fuerza. – ¿Qué coño he sido para ti? ¿Qué significaban todos tus ‘te quiero’? – me entra la llorera de nuevo, pero esta vez de rabia. Él se queda callado, petrificado, mirándome incrédulo. – ¿Ni vas a responderme tampoco? Solo he sido un juego para ti, ¿no?
- No…  – susurra agachando la cabeza.
- No me niegues más lo evidente, Raúl  – grito. – Vete, vete por favor, déjame sola aquí. – me mira en silencio, dolido. – Por favor…  – digo en un hilillo de voz. Se levanta, se gira y se apoya en las maderas de la puerta, para empezar a bajar.
- No quiero perderte…  – susurra desde allí  –  Pero la distancia nos impide estar juntos…  – se agacha, apoyando los pies en el primer “escalón” – Lo siento  – dice mirándome a los ojos y empezando a bajar. Me quedo quieta en mi sitio, analizando lo que me acaba de decir.
- Entonces  – grito acercándome a la puerta  – ¿el problema es la distancia? – grito desde allí. Él todavía no ha llegado abajo.
- Yo no puedo dejar Madrid… Ya tuvimos esta conversación, ¿recuerdas? – me quedo en silencio. Sí lo recuerdo, lo hablamos uno de los primeros días en la piscina… Lo había olvidado… Me contó que su vida estaba en Madrid, que tenía trabajo, sueños y proyectos…
- Pensaba que te hacías el interesante con una desconocida para ligar…  – sonrío. Fue exactamente lo que pensé al escucharlo. Él también sonríe y acaba de bajar las escaleras en silencio. Me siento en el borde de la casita, con los pies apoyados en el primer escalón y le veo a punto de alejarse. Estoy a punto de gritarle, de pedirle que suba de nuevo, pero se da la vuelta. Me mira y veo sus ojos llorosos, sus manos cerradas y sus dientes rechinando al ser apretados. Vuelve a darse la vuelta y empieza a caminar a paso rápido por el prado, volviendo a su casa. Me tapo la boca con las manos, me estiro hacia atrás, apoyándome en el suelo, e intento asimilar lo que acaba de pasar. Extiendo el brazo hacia arriba, mirando los números con atención, pensando en todo lo vivido con él. Hace unos meses le veía en televisión, soñando conocerle, imaginando como sería pasar 5 minutos con él para pedirle una foto. Y ahora, dos semanas después de estar en este maldito camping… Estoy rompiendo con él…  

“¿Cuándo se ha roto nuestra bonita relación y se ha convertido en una absurda telenovela mejicana?”

Enviado. Me quedo estirada mirando el fondo de pantalla… Mi foto con Raúl, la que me sacó Júlia con él creyendo que no le conocía… Vuelvo a sonreír, beso la pantalla y me levanto, dispuesta a volver a casa, cuando me suena el móvil. Raúl me ha contestado. 

dijous, 18 de juliol del 2013

41. Prométemelo.

Raúl sigue abrazándome con la cabeza apoyada en la mía, en silencio, acariciándome los brazos dulcemente. Todavía no puedo creer lo que ha pasado, en mi mente revivo una y otra vez el momento en que Juan me tenía rodeada, a punto de besarme por la fuerza, y Raúl lo empujó fuertemente hasta dejarlo caer al suelo… La ira de sus ojos, las venas hinchadas en sus brazos, el ruido de sus dientes al apretarlos, la fuerza de su voz al gritar…

- ¿Estas mejor…? – susurra cortándome los pensamientos.
- S…Sí… – sigo mirando al suelo, sin punto fijo, con la cabeza todavía ida.
- Yo… No quería que me vieras así… – ladeo la cabeza poco a poco y poso mi mirada en sus ojos. Están arrepentidos, preocupados, tímidos. Cuando ve que le miro, se sonroja y dibuja una pequeña sonrisa que contagia una gran sonrisa en mi rostro. Sin pensarlo, levanto la cabeza y le beso, cogiéndole suavemente por la barbilla, acariciando su barbita de pocos días. Raúl responde al beso, sonriendo en él, y rápido me aprieta más hacia él, entreabriendo nuestros labios, mordiéndome cariñosamente. Me separo de él, sin soltarle, y le sonrío.
- Te quiero.
- Y yo a ti – contesta después de un pequeño silencio en el que esbozaba una gran sonrisa. Poco a poco vuelve a acercarse a mí y me besa, pero vuelve a apartarse para mirarme nuevamente. Los ojos se le entristecen de golpe, por mucho que intente negarlo con una sonrisa fingida, los cierra, suspira y se acerca para besarme.
- ¿Qué pasa? – pregunto apartándome y frenándolo colocando mis manos en su pecho.
- Nada, nada… – vuelve a sonreír forzadamente.
- Raúl… – susurro, resopla.
- Tenemos que irnos antes. – susurra. Le miro sorprendida, no puedo creerlo.
- ¿Qué? – no puede ser, me dijo que se quedaba hasta el domingo, estamos a martes… – ¿Por qué?
- Álex tiene que irse…
- Pues que se vaya – contesto cortándole. Consigo que suelte una pequeña carcajada.
- Tenemos que irnos con él, vinimos en dos coches, ¿recuerdas?
- Bueno, ya volverás conmigo… – se queda en silencio, mirándome con una sonrisita. Me acaricia la mejilla y posa su mirada en mis labios. Alza la mirada y se da cuenta que estoy a punto de romper a llorar. Su mirada se entristece e intenta dibujar una sonrisa, pero no lo consigue, y eso hace que no pueda contener las lágrimas ni un segundo más. Raúl, rápidamente me abraza y me aprieta fuertemente, intentando calmarme.
- Shhhh… Tranquila… Esto no es una despedida… – dice acariciándome la cabeza.
- Es un “hasta pronto” – susurro con una sonrisa.
- ¿Qué? – dice soltando una pequeña risita.
- Es lo que dijo Flo cuando acabó TLJ… – susurro separándome de él y secándome las lágrimas. Al escuchar eso sonríe y susurra “Ai, tito Flo…”. Eso hace que me entre nostalgia y vuelvo a abrazarme a él para volver a llorar.
- Prométeme que volverás a trabajar con ellos… – susurro pegada a su cuerpo.
- ¿Cuándo hemos empezado a hablar de trabajo? – vuelve a reír, pero lo dice un poco molesto.
- Prométeme que volveremos a vernos. – vuelvo a separarme de él y le miro fijamente.
- Todavía no me voy… – susurra.
- Prométemelo… – susurro temblorosa. Se queda en silencio, mirándome serio. Los ojos vuelven a soltar lágrimas sin que me dé cuenta y me levanto de un salto del sofá.

- ¡Marta! – grita desde el sofá. Ya es tarde, ya he cerrado la puerta de un portazo y me dirijo hacia el prado, sin mirar atrás, sin rendirme al escuchar sus gritos detrás de mí… 

dimecres, 26 de juny del 2013

40. ¿Estás bien?

Estoy de pie, en silencio, con los ojos muy abiertos, contemplando la escena en silencio. Juan está a pocos metros de mí, con una sonrisa fingida y un gran ramo de flores. Poco a poco se va acercando a mí, intentando decir algo, pero no le sale la voz.

- ¿Qué haces aquí? – Pregunto contundente y lo más borde que puedo. Se queda parado, sorprendido, y hace una pequeña mueca. – Que qué coño haces aquí, te he dicho.
- Marta, yo… – susurra.
- Vete.
- ¿Qué?
- ¡Que te vayas! – alzo mucho la voz y levanto la mano, señalando la puerta, mirándole con odio, rabia y asco.
- Pero… – susurra.
- ¿¡Es que no me oyes!? – grito más, poniéndome más nerviosa y apretando el puño que tengo al lado del cuerpo.
- No te pongas así – intenta tranquilizarme mi madre con la voz temblorosa.
- ¡Tú cállate! – contesto girándome y mirándola mal – ¡Todo esto es por tu culpa! – digo sin pensar – ¡Iros! ¡Salir de aquí todos! – doy un paso hacia atrás y me quedo señalando la puerta, mirando con rabia a Juan, mis padres y mi prima, que estaba de pie al lado de Juan. Mis padres se levantan asustados y se dirigen a la puerta, agachando la cabeza. Puedo ver como mi madre rompe a llorar, pero no le hago caso. Carol carraspea, agacha la cabeza y se dirige hacia la puerta. Al salir, veo como sonríe victoriosa y se va. Aprieto los dientes y los puños con rabia y me giro, buscando la mirada de Juan, que sigue de pie, atónito. – ¿Qué coño esperas?
- Quiero hablar contigo – dice serio.
- ¿Qué? – suelto una carcajada – ¿Es que no me has escuchado?
- Sí – me corta antes que vuelva a atacarle – pero no voy a irme hasta que hablemos.
- Me importa una mierda lo que quieras, Juan – vuelvo a subir el tono de voz – ¡Que te vayas de mi casa!
- No. – contesta enfadándose y lanzando el ramo contra el suelo. Poco a poco va acercándose a mí, mirándome fijamente. Doy dos pasos hacia atrás, asustada y enfadada, y noto que ya no puedo apartarme más porque tengo la pared.
- No te me acerques – digo amenazándole levantando las manos y poniéndolas enfrente de mí, para empujarle. Él no para de avanzar y se para a pocos centímetros de mí, a punto de rozar mis manos.
- Te he dicho que quiero hablar. – contesta entre dientes.
- Y yo te he dicho que – me corta cogiéndome de las manos y acercándome hacia él, apretándolas con fuerza. – ¡Ah! – grito del dolor – ¡Para! – hago fuerza para que me suelte, pero no puedo. Aprieto los dientes con miedo y rabia y los ojos se me llenan de lágrimas. – ¡Suéltame! – grito.
- ¡Solo quiero hablar! – grita acercándome más a él, apretando las manos y haciendo que todavía me duela más.
- ¡Para! – grito del dolor. Entonces, me suelta de la mano derecha y me rodea la espalda, apretándome a él.
- Solo quiero arreglar las cosas – susurra a pocos centímetros de mi boca.
- Juan, ¡que me sueltes! – con la mano que tengo suelta empiezo a empujarlo y giro la cabeza para que no me bese. Empieza a hacer fuerza por la espalda y se acerca más a mí, empotrándome contra la pared para evitar que pueda resistirme – ¡Suéltame! ¡Suéltame! – cada vez grito más fuerte y rompo a llorar.
- ¡Te ha dicho que la sueltes! – grita Raúl, entrando enfurecido, apoyando sus manos en el pecho de Juan y empujándolo con fuerza, lanzándolo al suelo al momento. Me quedo de pie, apoyada a la pared, asustada, dolida, llorando, mirando sorprendida la escena. Juan esta de espalda al suelo, quejándose por el golpe, y se levanta lentamente, mirando poco a poco a Raúl. Él está de pie enfrente de él, mirándolo con furia, apretando los puños al lado de su cuerpo.
- ¿Qué coño haces? – grita Juan.
- ¡No, qué coño haces tú! – contesta Raúl con el mismo tono, acercándose amenazadoramente a Juan. Sigo apoyada a la pared, sin moverme, temblando. Juan abre los ojos de golpe, reconociéndolo. Entonces me mira de reojo, cuestionándome. –¡Ni la mires! – vuelve a gritar Raúl. Juan empieza a levantarse sin dejar de mirarme fijamente, cada vez con más odio – ¡Te he dicho que no la mires! – grita Raúl empujándolo de nuevo, lleno de ira. Juan le coge del brazo, lo aparta y le pega un puñetazo a la barriga.
- ¡Raúl! – grito asustada al verlo.
- ¿Te dejo venir sola al camping y me los pones con tu “amor” de los huevos? – grita Juan, encarándose a mí. Raúl, girándose rápidamente dolorido, lo gira rápidamente y le devuelve el puñetazo, pero esta vez en la cara. Éste vuelve a caer al suelo y me tapo la boca asustada, mirando a Raúl sin reconocerlo.
- ¿Estás bien? – susurra Raúl acercándose a mí, cogiéndome de las mejillas con suavidad, mirándome preocupado. Asiento con la cabeza todavía asustada y le abrazo, temblando. Al separarse de mí, me besa dulcemente y se gira rápido al escuchar que Juan empieza a levantarse. – Vete – contesta encarándose a él. Juan, que está sangrando por la nariz, lo mira con rabia, aprieta los dientes y sale de la casita, no sin antes mirarme de reojo. Raúl le sigue hasta las escaleras, confirmando que se va. Al verle desaparecer, vuelve a entrar. – ¿Marta?
- Estoy aquí… – contesto desde el sofá. Estoy sentada, con los brazos cruzados, intentando tranquilizarme. Raúl se acerca rápidamente a mí, se sienta a mi lado y me abraza, acariciándome, para conseguir que deje de temblar.
- ¿Estás bien? – repite preocupado.
- Sí… Sí… – le miro con los ojos llorosos. Resopla, preocupado, me coge por las mejillas y me besa dulcemente.
- Lo siento, lo siento… – susurra entre besos.

- Tranquilo… – le contesto – Gracias... 

diumenge, 16 de juny del 2013

39. Gracias, Rulo.

Me lanzo a su cuello, apretándome fuertemente contra su cuerpo, y le beso la mejilla. Él me aprieta por la espalda, me acaricia, me tranquiliza y me besa la cabeza.

- Cómo me gustaría quedarme a dormir contigo…
- Quédate en mi casa – dice con una sonrisa.
- Ojalá pudiera… – digo levantando la cabeza y contagiándome de su sonrisa.
- Puedes. – dice contundente – Puedes y vas a hacerlo – se separa de mí con la gran sonrisa que le caracteriza, me coge de la mano y empieza a caminar hacia su casa, la cual está casi al lado.
- Que no, Raúl, que no puedo, de verdad – voy diciendo mientras tiro de su mano e intento frenarle. Él hace caso omiso de mí y empieza a subir las escaleritas.
- Ven, tonta – susurra entre risas, abre la puerta y hace un gesto para que calle.
- Que no, ¡Raúl! – grito flojito, riendo al hacerlo.
- Shhhhht – me pone el dedo índice en la boca y con una sonrisa me hace entrar en su casa, cerrando la puerta con llave al entrar. – No hagas ruido – susurra, me coge de la mano y me lleva hacia su habitación. Al entrar, me siento al borde de su cama, mordiéndome el labio inferior, y él cierra la puerta con cuidado. Cuando se gira y me ve, sonríe pícaro, resopla, y poco a poco va acercándose a mí – Mmmmm… – susurra mirándome los labios con una gran sonrisa traviesa – No podemos hacer ruido… – me mira a los ojos sensualmente y se muerde el labio.
- No, no podemos… – susurro imitándole – y no vamos a hacerlo… – sonrío, me separo de él y gateo por la cama, sacando las sábanas y colándome dentro de ellas. Él se queda de pié, mirándome sorprendido.
- Ah… ¿no? – susurra sacándose los pantalones e imitándome, estirándose a mi lado.
- No… – susurro en un hilillo de voz, sin ninguna credibilidad en mis palabras.
- Bien… Entonces… Buenas noches. – me besa dulcemente, jugando con mis labios y mi lengua, mordiéndome el labio inferior y separándose de mí con una sonrisa. Se da la vuelta y se coloca bien.
- No, no… – susurro dándole un golpe en el brazo. Raúl se gira y me mira divertido – si vamos a dormir, hagámoslo bien. – le aparto el brazo y me abrazo a él, apoyando la cabeza en su pecho y dejándole un beso allí. – Buenas noches – cierro los ojos y me recoloco. Él suelta una pequeña risa y me besa la cabeza, apretándome un poco más a él, pasando su mano por mi espalda y acariciándome el brazo con la otra.


Abro los ojos lentamente y no reconozco la pared que tengo delante. Levanto un poco la cabeza, analizando la habitación y me doy cuenta que tengo un brazo encima de la barriga. Sonrío y lo acaricio, girándome hacia él, hacia Raúl.

- Buenos días. – susurra sonriéndome, le contesto con un dulce y largo beso, cogiéndole de las mejillas y poniéndome encima suyo, llena de felicidad. – Ummmmh… Ojalá me despertara así todos los días – susurra entre besos.
- Ojalá… – susurro besándole nuevamente – Pero ahora tengo que irme…
- No… – se queja besándome y colando su mano por mi cuello.
- Te quiero… – susurro separándome un poco de sus labios, volviendo a besarle al decirlo.
- Te quiero – dice más sereno que yo, volviendo a unir nuestros labios en un largo y sentido beso. Poco a poco, y doliéndome al hacerlo, me voy separando de él y me levanto. Al empezar a vestirme, se levanta él también y se viste, saliendo primero de la habitación para guiarme hacia la puerta y evitar que me vean sus amigos. – Nos vemos luego – susurra al abrirme la puerta – Si pasa algo, llámame – arqueo una ceja.
- No tengo tu núm… – Sonriendo, me coge la muñeca y me gira el brazo suavemente. Bajo la mirada intrigada y veo un número apuntado en él. – ¿C… Cómo? – pregunto sorprendida.
- Te lo he apuntado mientras dormías… – susurra divertido. Me acerco a él y le beso tiernamente.
- Gracias, Rulo. – susurro a pocos milímetros de sus labios. Le dejo un corto pico y me giro rápido, dirigiéndome a mi casa sin mirar atrás, porque si no me quedaría allí…


Al llegar a mi casa, veo dentro de esta a mis padres, preocupados.

- ¿¡Se puede saber dónde estabas!? – grita mi madre al verme entrar. La miro sorprendida y asustada.
- ¿Qué… ¿Qué hacéis aquí? – pregunto enfadada y preocupada. Entonces sale de la cocina Carol, con una sonrisa victoriosa y una ceja alzada. La fulmino con la mirada y aprieto las manos y los dientes con fuerza. Antes que pueda decirle nada, sale detrás de ella Juan, mi ex, con un ramo de flores y una sonrisa tímida.
- Hola… 

dimarts, 4 de juny del 2013

38. Por encima de todo.

Al llegar a la casita, veo a mis padres sentados en el sofá con los brazos cruzados.

- No os enfadéis… He ido a buscar a Carol, que se había dado a la fuga… – les digo sentándome a su lado.
- Ya, ya… – contesta mi madre. La abrazo y la beso.
- Venga, contarme, ¿qué hacéis por aquí? – digo cogiéndome a su brazo, como le gusta que lo haga.
- Te echábamos de menos, hija. Además, aquí solíamos venir toda la familia y nos ha parecido un buen sitio para despejarnos… Como tú, que ni nos avisaste…
- Bueno, mamá… Pasaba por malos momentos y…
- Lo necesitaba – Júlia me corta viendo que me estoy poniendo nerviosa, mi madre me aprieta la mano.
- Sé que lo has pasado mal por Juan, pero lo último que debías hacer era irte sola… – susurra mi madre.
- Mamá, no quiero hablar del tema…
- Perdón, perdón…
- Cuéntanos – nos corta mi padre – ¿qué has hecho por aquí?


Sonrío de oreja a oreja al pensar en Raúl, pero no se lo cuento. Les cuento cuando encontré la casita, que subí y estaba todo tal y como lo dejamos y me inventé historias en el lago para que no sospecharan nada. Las horas fueron pasando y se quedaron a cenar. Cada vez se hacía más tarde y empezaba a temer que Raúl no se presentara en casa pensándose que ya se habían ido y me pillaran, así que se lo dije a Júlia para que me ayudara. Y así lo hizo, empezó a hacerse la dormida y dijo que se iba a casa, que necesitaba dormir. Mi padre, que estaba cansado de estar rodeado de mujeres, se levantó para acompañarla, y mi madre, que no se fiaba un pelo de él, lo siguió, así que Carol no tuvo más remedio que irse con ellos. 


Toc toc toc. Sonrío, bajo corriendo las escaleras y abro la puerta.

- Amor. – susurra Raúl lanzándose a mis brazos, abrazándome y levantándome del suelo.  – No sabes cómo te he echado de menos – cierra la puerta con el pie y corre hacia el sofá, tumbándose encima de mí y besándome dulcemente.
- No sabes lo mal que lo he pasado con mis padres aquí – susurro entre besos.
- El momento en el bosque con tu prima ha sido lo mejor – empieza a reír y le doy un golpe en el hombro. – ¿Qué? – ríe – será que no te ha divertido…
- ¿Divertido? Pensaba que en un momento u otro nos pillaría… – le rodeo el cuello y empiezo a besarle – Me moría de ganas de abrazarte – sonríe y me muerde el labio inferior, colocándose bien encima de mi cuerpo, subiéndome la camiseta.
- Ahora estamos solos… Vuelves a ser solo mía… – susurra besándome el cuello. Suelto un pequeño gemido y cierro los ojos, echando hacia atrás la cabeza para que pueda besarme.
- No me lo puedo creer… – Raúl se levanta de un salto y se queda de pie, mirando hacia la puerta. Yo, asustada, me siento corriendo y me bajo la camiseta.
- Carol… ¿Qué… Qué haces aquí? – pregunto como puedo, con un hilillo de voz.
- Estaba en el comedor y he visto pasar a Raúl… No puedo creerlo, ¡no puedo creerlo! – se tapa la boca y contempla a Raúl con los ojos como platos. Me levanto corriendo y cierro la puerta.
- Vale, Carol… Necesito que seas prudente…
- ¿¡Prudente!? Esto es… Dios… ¡La has cagado pero bien!
- ¿Perdona? – la miro mal, echándome hacia atrás. ¿Quién es ella para decirme eso? Raúl se acerca a nosotras un poco asustado y me coge por la cintura, poniéndose detrás de mí, protegiéndome así de ella.
- Madre mía, Marta… – se pone una mano en la frente y se dirige hacia una silla, sentándose en ella.
- ¿Qué pasa, Carol? – pregunto extrañada – Lo único que te pedimos es discreción… – susurro.
- ¿Discreción? Pídemela mañana, cuando se presente aquí Juan con un ramo de flores para arreglar las cosas. – abro los ojos como platos y me quedo petrificada. Raúl se pone a mi lado y me mira extrañado.
- ¿Juan? – susurra.
- ¿Cómo que…? ¿Qué quieres…? – empiezo a temblar y no me salen las palabras para preguntarle a Carol.
- Que Juan vino a buscarte a casa para arreglar las cosas y, cuando tu madre le dijo que habías venido aquí, decidió venirte a ver. Por eso vinimos antes, para poder ver como estabas y avisarle…
- ¿¡Cómo!? ¿Pero estáis locos o que os pasa? – me avalanzo encima de Carol, llorando de la rabia. Raúl viene tras de mí y me aparta de ella, poniéndome enfrente de él, cogiéndome de los hombros.
- ¿Quién es Juan? – susurra intentando tranquilizarme, pero su tono de voz muestra preocupación e ira.
- Su ex. Bueno… “ex”, ya sabes… – suelta Carol. Raúl me mira con los ojos bien abiertos, sin creérselo, cuestionándome.
- Yo… – intento defenderme pero no me salen las palabras. Raúl me suelta y se dirige hacia la puerta, sin mirarme – ¡Raúl, ven! – se gira y me mira con los ojos entristecidos – todos tenemos un pasado… – susurro acercándome a él.
- Yo te lo conté todo y tú no me dijiste nada sobre esto… – niega con la cabeza, defraudado – Solo jugabas conmigo. – se gira, abre la puerta y sale hacia afuera.
- ¡Que no, Raúl! – corro detrás de él – ¡Que yo te quiero! – rompo a llorar y me quedo quieta en los escalones de casa mientras le veo irse corriendo hacia la suya. Me giro y veo a Carol apoyada en la puerta, con una sonrisa – ¿¡Pero cómo puedes ser tan hija de puta? – se sorprende y parece dolida.
- ¿Y tú? – vuelve a sonreír, la ira me corroe todo el cuerpo y sin pensármelo le giro la cara de una bofetón.
- Vete a la mierda. – me giro y corro detrás de Raúl, gritándole. Antes de llegar a su casa frena, y, después de apretar los puños, se da la vuelta y se enfrenta a mí. – Escúchame, por favor – le suplico llorando. Él está serio, se cruza de brazos y agacha la cabeza. – Me engañó, jugó conmigo, se fue con la primera que pasó por delante suyo, no le importaba una mierda – no puedo parar de llorar y me ahogo con cada palabra y recuerdo que saco a la luz – Quería olvidarlo, quería empezar de cero, cómo si no le hubiese conocido, recuperar la felicidad – Raúl empieza a mirarme con otros ojos y empieza a preocuparse por mi ansiedad – Y apareciste tú, mi ídolo, mi amor platónico… Y ocurrió lo que más deseaba – sonríe tímidamente, agachando la cabeza – me devolviste la felicidad, me hiciste olvidarme del mundo, de ese capullo, de mi vida… Para mí ahora solo existes tú – suelto en un último aliento y me derrumbo en su pecho, llorando abrazada a su cuerpo, notando como me aprieta fuerte por la espalda y me besa la cabeza.
- Tranquila… – susurra – Perdóname… – va acariciándome el pelo y me besa la frente.
- Te quiero… – susurro en un suspiro.
- Y yo a ti, por encima de lo que pase mañana… 

dissabte, 6 d’abril del 2013

37. ¿Y tú como lo sabes?


Carol sigue mirándome sin entender porqué no le contesto, yo no soy capaz de decir nada. ¿Cómo es capaz de decir eso delante de él? Él se ha quedado igual de parado que yo, incluso está un poco sonrojado.

– ¿O ya tienes una? – Carol corta mis pensamientos.
-Sí.
-No. – Raúl y yo contestamos a la vez. Nos quedamos mirando, él sonríe divertido.
-¿Perdón?  – dice Carol sin entender nada. Júlia no aguanta más y empieza a reírse a carcajada limpia. Le doy un codazo. Carol nos mira muy mal a las dos.
-Eh… No… No tenemos ninguna foto…
-Ven, ven mujer. – dice Raúl cogiéndome de la mano. Me acerca a él y me coge por la cintura, colocándose para la foto. Yo me sonrojo y agacho la cabeza.
-Ya está. – dice guardando el móvil. Mientras está distraída poniéndoselo en el bolsillo, Raúl me besa la cabeza. Yo me aparto de su lado rápidamente.
-Bueno, chicas… Espero que estas fotos no salgan a la luz hasta que yo me vaya, ¿eh?
-Sí, sí. Tranquilo. Ya me ha dicho mi prima que quieres qu… Espera. – Carol nos mira a los dos. – Antes me has dicho que habías hablado con él. ¿Hablaste con él y no te hiciste una foto? – Raúl y yo nos sorprendemos. Me quedo callada sin saber qué contestar.
-Estaba tan nerviosa al verle que no podía ni respirar – contesta Júlia – ella le pidió una foto pero Raúl le dijo que no, porque no quería que supieran que estaba aquí.
-¿Y tú como lo sabes? – dice Carol mirándola mal. Nunca se han llevado muy bien.
-La llamé al llegar a casa. – contesto defendiendo a Júlia.
-Bueno, chicas, yo me tengo que ir. ¡Pasarlo bien! – dice Raúl antes de girarse e irse con los niños y sus amigos.
-Qué majo es. Se ve que a él no se le ha subido a la cabeza. – dice Carol.
-Sí, sí. – le contesto mientras observo como Raúl se va.
-Bueno, mejor volvemos a casa antes de que tus padres se enfaden más. – dice Júlia.
-Sí, vámonos, esto ha estado demasiado surrealista…