Empieza el verano. Como cada verano, decido ir a un camping a disfrutar un
mes de la libertad y la tranquilidad del campo. Este año voy sola, ni
familiares ni pareja… No quiero que me lo arruinen como el año pasado. Allí
podré estar tranquila, hacer amigos y no pensar, relajarme, disfrutar de la
naturaleza.
Cojo las maletas, el coche, y me dirijo hacia allí. Me encanta este lugar,
es todo tan perfecto, tan verde, tan silencioso… No es un camping con
caravanas, es un camping con casitas de madera, tipo campamento de verano. Está
todo rodeado de árboles, cerca hay un bosque. También hay una piscina, y se
pueden alquilar bicis para ir a dar una vuelta por aquí.
Me dan la casita número 14, como yo lo pedí. Sonará a tontería, pero es mi
número preferido, y siempre he pensado que eso me daría suerte o cualquier cosa
así. Entro. Es grande, no hay paredes, solamente una habitación donde hay el
baño y la ducha, todo lo demás está junto. En un lado hay una pequeña cocina, y
en la otra hay sofás, una televisión y una mesa. Las escaleras te llevan a una
habitación, igual de grande que todo el comedor de abajo. Me gustaría vivir de
verdad aquí, es todo tan bonito…
Dejo las maletas en la habitación, las abro y voy poniendo toda la ropa en
el armario. Me fijo en el detalle de que la cama es doble… No creo invitar a
nadie a dormir aquí, pero así dormiré más ancha y podré descansar mejor.
En cuanto acabo de ordenarlo todo, salgo. Quiero empezar a disfrutar cuanto
antes de todo esto. Doy un paseo por todo el camping, mirando las casitas,
intentando ver quién hay dentro de cada una, para saber con qué vecinos
conviviré este mes. Veo muchas familias paseando, niños jugando, jóvenes
ligando, mayores que descansan en sus sofás… Como siempre.
Me dirijo a la piscina, que está llena de niños jugando. Oír sus risas me
hace sonreír, me recuerdan a mí cuando venía aquí de pequeña con mis padres… De
repente, me cae la pelota de plástico con la que jugaban en los pies. Antes de
que pueda girármela a cogerla oigo que me chillan.
-Ei! ¿Me pasas la pelota, por favor?
-Si si, eso iba a hacer, tranquilo. – digo mientras todavía estoy de
espaldas. Me agacho, la cojo, y me giro. Busco con la mirada al chico que me ha
chillado, mucha voz de niño no tenía… Y entonces le veo. No puede ser… Es Raúl Gómez…
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