Y así estamos un rato. Hablando sobre nosotros. Me cuenta que ha venido con
unos amigos y sus respectivos hijos, que son los niños con los que hemos
jugado. Dice que los considera como sobrinos, ya que han crecido con él. Va a
pasar aquí unos diitas, hasta que sus amigos puedan, ya que están de
vacaciones. No me dice nada de su trabajo, ni que ha salido en la tele, ni que
es famoso… Nada. Ni tan si quiera me pregunta si no le conozco de otra cosa… Es
como si lo quisiera esconder… Y yo tampoco se lo pregunto, no quiero que piense
que soy una fan loca que solo habla con él para enterarme de sus movidas… Nunca
mejor dicho.
-Tito Raúl, ¡ven ya! – Es uno de los pequeños.
-¡Ahora voy! – Mira el móvil. Son las 8 de la tarde… Llevamos hablando más
de una hora y media… – Madre, si que ha
pasado rápido el tiempo.
-Pues si… Yo también tendría que irme a mi casita, tengo que arreglarlo
todo. – Se ríe. – ¿Y ahora de que te ríes?
-De ti… “Arreglar la casita” dice…
-Sí, ¿Qué pasa? He llegado con ganas de bañarme y lo he dejado todo por el
medio… – si supiera que tengo la
habitación hecha un asco por su culpa…
-Ya, ya… Pero son cabañas, no casitas.
-Oye, ¡aquí cada uno las llama como quiere! – Reímos.
-Ah vale, ¡perdón, perdón!
Nos quedamos un rato mirándonos con una sonrisa. No se puede describir lo
perfecto que es… Me quedaría aquí toda la noche, hablando con él… Pero no podemos.
Parpadea, gira la cara y carraspea. “Bueno…” dice mientras se levanta, yo me
levanto también.
-¿Quieres que te acompañe a tu casita, señorita? – Dice riendo.
-Pues sería un placer, señorito.
Y, tranquilamente, vamos andando por el camino, contemplando el paisaje.
Llegamos a mi “cabaña”.
-Es aquí… – Digo señalando las
escaleras de delante de la puerta.
-Ah… La 14, me quedo con ello. – Sonríe.
-Si, la 14… – Digo sonriéndole
también. – ¿Tú en cual estas?
-En la 20.
-Pero si hemos pasado por delante de ella.
-Ya, ¿y?
-Ah, no sé, te podrías haber quedado allí…
-¿No te había dicho que te acompañaba a casa?
-Ah, sí sí, pero…
-Ah, pues nada, la próxima vez no te acompaño. – Sonríe. ¿La próxima vez?
El corazón vuelve a latirme deprisa y sonrío como una tonta. – Bueno pues…
hasta mañana.
-¿Hasta… mañana? – digo inocentemente.
-Estaré por la piscina. – me guiña un ojo. Se gira para irse, yo me quedo
allí, mirándole. Frena, se gira y dice –
¡Que poco caballero soy! – Se acerca a mí, me coge de la cintura, me acerca a
él y me da dos besos. Siento que voy a morir. – Adiós. – Me sonríe, se gira y
empieza a irse.
-Adiós… ¡Hasta mañana! – le chillo cuando está un poco lejos, sonriendo
como una tonta. Veo como se gira, riendo y vuelve a girarse para seguir hacia adelante.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada