Cuando los niños se cansaron, salieron y se fueron a sus casitas a
merendar. Me invitaron, pero no quise ir, les dije que prefería quedarme
descansando en el césped. Raúl se quedó conmigo, les dijo que no hicieran mucho
ruido, que sus madres dormían. Y entonces el corazón me dio un vuelco de dolor…
¿Sus madres? Pues claro, Marta, no estarán los cuatro niños solos con él…
Tendrán que haber venido con alguien más, pero… ¿Él es padre de alguno?
Me aparto un poco de él, voy hacia mi toalla y me siento. Empiezo a comerme
la cabeza… “En twitter una vez se lió… Empezaron a decir que Raúl era padre… Y
que tenia pareja…”. Y así, mientras me rallaba la cabeza, no me daba cuenta de
que lo tenía sentado al lado.
-¿Te pasa algo?
-¿Qué?
-No sé, te veo ausente, así, de repente.
-¿Eh? ¡Ah! No. – De los nervios solo me salen monosílabos… Parezco tonta.
Ríe, lo miro, se gira y me mira, sonriéndome, le devuelvo la sonrisa. – Es…
Estoy bien. Solo que un poco cansada.
-Normal, menuda guerra me has dado…
-¡Si claro! ¡Como si ahora hubiese sido yo la que ha empezado a liarla con
los niños!
-¡Claro que has empezado tú! ¡Yo estaba tranquilamente y has llegado tú y
has empezado a mojarnos! – Se ríe, le doy un golpe en el brazo.
-Va hombre va, si ni tan solo os estaba molestando. Estaba tranquila
mirando cómo te divertías con ellos y has venido a atacarme…
-Como si no te hubiese gustado… –
Dice flojito, acabando con una sonrisa pícara.
-Pues no, no me ha gustado. El agua estaba muy fría. – Le sonrío también.
Que mal se me da mentir.
-Claro, claro…
-Ñeñeñeñe – Digo sin sentido. Se
queda mirándome alucinado y empieza a reír. Eso me ha quedado muy infantil, lo
sé.
Los dos volvemos a mirar enfrente. Por el bosque paseaba una pareja con un
perro. Me quedo empanada mirando como el perro tiraba del chico. El carraspea.
-Bueno y… ¿Y vas a estar por aquí mucho tiempo?
-¿Yo? – No mira, tu tía. De verdad, cuando estás nerviosa, dices cada
gilipollez… – Em, no. Es decir, si, todo
este mes…
-Ah, que bien. Nosotros también estaremos un mes y pico por aquí depende de
los niños y los otros… He venido con la familia. – No se lo había preguntado,
pero sabía que lo quería saber.
-Ah, que bien... Que son, ¿tus primos, tus hijos…? – Ríe fuerte. Me pongo roja.
-¿Tan viejo me ves como para tener cuatro hijos?
-¡No! ¡No hombre! Pero no sé, sí podría ser uno tuyo, ¿no?
-No, no tengo hijos, estoy soltero. – Vuelve a sonreírme pícaramente. Yo también sonrío,
pero de felicidad. Está soltero.
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