dilluns, 16 de juliol del 2012

3. Cuando todo empieza…


Vuelvo a mi casita. Busco en el armario, que estaba ordenado, mi bikini nuevo. Con tanta prisa lo voy lanzando todo por los aires, tirándolo por el suelo, dejándolo hecho una pocilga… Pero me da igual, nadie va a entrar, ya lo ordenaré cuando vuelva de mi misión.

Me dirijo hacia la piscina, no veo los niños. No puede ser… ¿Se han ido? Cuando llego al césped, dejo mi toalla en el suelo y me acerco lentamente hacia el borde de la piscina, mirando si, por casualidad, están buceando o algo… Pero nada, no hay rastro de ellos… Ni les oigo reír ni nada… Mierda, llego tarde… Resoplo. Me siento en el borde y pongo las piernas dentro del agua, removiéndola. Sigo mirando hacia los lados, hacia el bosque a ver si veo algún rastro de ellos. Va hombre va, ¿por arte de magia han desaparecido y se han ido?… No, si es que para suerte la mía, de toda la vida…

-Hola. ¿Buscas algo?

Creo que reconozco esa voz… No puede ser, está detrás de mí. Tranquilízate, gírate, sonríe y saluda.

-Pues no, estaba aquí… Disfrutando de las vistas…
-Ah, pues quizás aquí en medio molesto... – dice, y entonces sonríe pícaramente.

El corazón empieza a latirme demasiado rápido otra vez, las piernas vuelven a temblarme. Me quedo mirándolo embobada, sonriendo, analizando poco a poco como está… Mojado, despeinado, y con un bañador azul que combina con el mío perfectamente. Mierda, no le he contestado.

-Eh… No, no hombre, ¿¡cómo vas a molestarme!? – Creo que he chillado demasiado, no controlo mis actos… Que no lo note… y que no se piense que estoy loca, por favor. Hago el intento de levantarme pero antes de que lo haga, se acerca y dice…
-¿Puedo sentarme? – vuelve a sonreírme. Voy a acabar muriéndome, no puedo aguantarlo.
-Sí, claro. – Le doy golpecitos al suelo, a mi lado, indicándole que se siente… y lo hace. Se apoya en el suelo, igual que estoy yo, y su mano queda muy cerca de la mía. El corazón vuelve a darme un golpe. Como odio que haga eso.
-Que tranquilo es esto, ¿Verdad? – Intento no mirarle a los ojos directamente, me fijo en las vistas que tengo delante. Aspiro.
-Si, y es precioso…  – Sonrío.  La verdad es que me encanta ese lugar, y me siento muy a gusto al hablar de él.
-Si… Se respira una paz… – Aspira fuerte. Se ríe. El corazón vuelve a saltar. – Nunca había estado aquí, pero creo que volveré más veces. Es el mejor lugar para descansar…
-Yo suelo venir cada verano aquí. Siempre venia con mi familia, pero esta vez he venido sola. – Le miro, estaba mirándome. Nos sonreímos. Es perfecto, estaría así siempre. Y entonces, empiezo. – Por cierto, me llamo Marta, ¿y tú? – Hace cara de asombro, disimulada. Entonces, me sonríe y responde.
-Raúl, encantado. – Me tiende la mano. Le devuelvo la sonrisa, y le doy la mano.
-Encantada. 

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