-¿Ahora? Estaba preparando la cena.
-Ya tendrás tiempo de cenar. Esto es más importante. – Saca un casco de
moto negro y me lo da. – Póntelo.
-Sé que no se cocinar muy bien, pero no creo que sea necesario… – Se queda mirándome sin saber que expresión
poner: si reír o mirarme mal. Opta por reírse y volverme a ofrecer el casco. –
¿Pero por qué tengo que ponérmelo?
-Porque te llevo de paseo.
-¿Ahora?
-¡Que sí, pesada!
-Eh, eh, tranquilito, ¿eh?
-Va, toma, que tenemos prisa.
-Oye… A mí me dan miedo las motos.
-No pasa nada, no iremos en moto.
-¿Entonces para qué es el casco?
-Para que no veas donde te llevo.
-¿No sería más fácil ponerme un pañuelo en los ojos? – Ríe y saca un
pañuelo de su bolsillo.
-También llevarás uno, pero por si a caso. – Sonrío como una tonta. Cojo el
pañuelo y voy a ponérmelo, pero acaba poniéndomelo Raúl, igual que el casco. –
¿Ves algo?
-No, y tengo miedo.
-Mejor. Vamos.
Me coge de la mano y empezamos a caminar. Yo me tropiezo con todo lo que
encuentro, y voy andando en pasitos muy lentos. Él se limite a reír y tirar de
mi, mientras que yo chillo y le pido que no deje que me tropiece, que me guíe
bien.
Después de andar un buen rato, paramos. Me saca el casco y antes de
quitarme el pañuelo me dice “¿Estás preparada?”. Tardo un poco en asentir,
después de ese largo paseo no se me ocurre donde puede haberme llevado. Me
quita el pañuelo, tapándome la vista con sus manos y, cuando las aparta, grita: “¡Tachán!”
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada