Cuando está acabando de bajar, pega un saltito y cae de pie al suelo. Cada
día me sorprende más este hombre… Me mira y grita “¡Salta!”. ¿Perdón? Me lo
quedo mirando sorprendida y con miedo, y supongo que entiende mi cara, a lo que
añade “Confiabas en mi, ¿verdad?” consigue que ría y le contesto “Sí, pero las
alturas no es que me gusten mucho”.
-Aguántate a las escaleras y baja de cara, como te he subido, yo desde aquí
te aguanto.
-Sí, si parece todo muy bonito dicho… Pero llevarlo a la práctica… – Vuelve
a reír.
-Va, tonta, que yo te aguanto, ¡de verdad!
Dudo. Miro y compruebo la altura a la que estoy, doy un paso atrás, me da
mucho miedo. Vuelvo a sacar la cabeza y le veo allí, sonriendo, con los brazos
tendidos, esperándome. No puedo negarme a eso… Pongo un pie en la escalera,
aguantándome en el tronco y sentándome en el. Al apoyar el otro pie en el
segundo escalón, resbalo y caigo, y me quedo colgando, cogida del primer
escalón con la mano. Empiezo a chillar. Él, corriendo, se coloca debajo de mí y
me coge de un pie.
-Marta, ¡Marta suéltate!
-¿¡Pero cómo me voy a soltar!? ¿¡Que quieres, que me coma el suelo!?
-¿Pero qué dices, ¡tonta!? ¡Si estoy yo aquí cogiéndote!
-¡Que no, que no! ¡Que me voy a morir! – Empiezo a sollozar.
-No llores, por favor te lo pido. Suéltate, de verdad, que yo te cojo.
-¡No!
-¡Marta por Dios!
-¡Que no! ¡Que me como el suelo!
-¡Que estoy yo aguantándote, joder! – Empiezo a llorar, aunque intento
contenerme, se da cuenta. – Marta, por favor, no me llores. No puedo
soportarlo… Confía en mí, de verdad, que yo te cojo. – Giro la cabeza, busco su
mirada. Está con cara triste, diciéndome con la mirada que confíe en él, que él
me coge y que no pasará nada. Cierro los ojos llenos de lágrimas y me suelto.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada