Delante de mis ojos había un árbol. Pero no un árbol común, no, el mío. El
árbol donde hay construida mi cabaña de madera, donde cuando era pequeña pasaba
los días y las horas jugando sin parar. Esa cabaña de madera a la cual siempre
he querido llevar a alguien especial pero nunca lo he hecho, por miedo a hablar
de mi secreto. Esa cabaña a la cual no podía subir por que no tenía escalera…
Pero eso había cambiado. Mi cabaña tenía una escalera completamente nueva
que llegaba hasta el suelo y subía hasta lo alto del árbol. En percatarme de
ese detalle, los ojos se me llenaron de lágrimas. Me limité a abrazar muy
fuerte a Raúl y a repetir una y otra vez “gracias”. Él no contestaba,
simplemente me acariciaba el pelo y reía.
“¿Subimos?”. No puedo contestarle, le miro a los ojos, sonriendo, y afirmo
con la cabeza. Me seca las lágrimas que tenía en la cara y hace un gesto con la
cabeza hacia las escaleras, indicando que vayamos a subir. Vuelvo a asentirle y
me dirijo hacia ellas, con un poco de miedo, no quiero volver a quedarme
colgada de este árbol…
Subo sin problemas y entro dentro de la cabaña, pero esta vez no me olvido
de con quién estoy. Me giro a esperar a que entre, y en cuanto lo hace, le
abrazo otra vez, aguantándome las lágrimas.
-Podría estar así todo el día. Aquí, contigo, en la cabaña de mis sueños…
Aquí era tan feliz… – Me aprieta y me da
un beso en la cabeza, las lágrimas quieren salir de mis ojos, pero lucho para
que no pase. – No puedes llegar a imaginar lo mucho que te agradezco esto, de
verdad. Yo ni siquiera sabía llegar aquí… Hacia tanto tiempo que no venía que
me había olvidado... Encima… Encima no podíamos subir y tú… Tú… – Ahora soy yo
quien le aprieto más, aferro mis manos en su espalda y hundo mi cabeza en su
cuello. No puedo aguantar más las lágrimas y empiezo a llorar – Tú has ido a buscar una escalera parecida a
la que había y la has puesto aquí y… Y ahora podemos subir y… y…
-Y como no dejes de llorar y apretar nos vamos a morir aquí ahogados. – Me
pongo roja y me separo de él rápidamente. – No hacía falta que dejaras de
abrazarme… – Sonríe y me seca las lágrimas de la cara.
-Lo siento, lo siento de verdad, es que…
-No pasa nada, tonta. Me alegro de que te haya gustado mi regalo.
-Muchísimo… Ahora podré volver aquí siempre que quiera… – Me giro y empiezo
a mirar cada rincón de esta cabañita. Vuelvo a ver la cajita, sonrío. – Esta
vez me la llevo a casa… Pero será una sorpresa para mi madre. – Sonrío, me giro
y le miro. Él también está sonriéndome. – Gracias… – Susurro.
Empieza a acercarse a mí, con esa sonrisa en la cara que no se puede
describir. Me coge de las mejillas, suavemente, y susurra “de nada”. Da un paso
más hacia mí, dejando nuestros cuerpos más cerca, sin apenas distancia. No deja
de mirarme directamente a los ojos, y tampoco suelta mi cara. No puedo aguantar
la mirada y cierro los ojos, elevando un poco la cara, esperando el momento más
mágico de mi vida…
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada