dimecres, 8 d’agost del 2012

14. Quieres jugar, ¿eh?


Me despido de ellos, quiero ir a casa a descansar y llamar a mis padres para contarles que he estado en nuestra cabaña. Antes de que me vaya, Raúl me vuelve a coger de la cintura, acercándome a él, y me da dos besos en las mejillas, riendo al acabar por qué me pongo como un tomate.

Al llegar a casa me tumbo en el sofá. Esto cada vez me supera más… todavía no me puedo creer lo que me está pasando… Llamo a mi amiga y le cuento lo que ha pasado esta mañana. Se interesa más en saber que había en la cabaña, ya que recuerda que algunos dibujos de allí eran suyos, y ella también sale en la foto. Me riñe por no haberme quedado la caja y se ríe de la situación que he vivido. Toda ella es contradicción, pero me encanta. Es la persona que más me apoya y comprende en todo, y sé que puedo confiar en ella.

También llamo a mis padres, pero no les cuento que estuve con Raúl. Les miento y les digo que he encontrado la cabaña y que la escalera no estaba del todo mal y he podido subir sola, pero que al bajar casi me mato. Se ríen de mí al escucharlo y a la vez me riñen, diciéndome que tendría que haber bajado la caja… La verdad es que podría haberlo hecho pero… No sé, me parecía más bonito dejarla en su sitio…  

Después de descansar, me dirijo a hacerme algo de comida. Me fijo que encima de la mesa hay un papel, lo cojo. Es la nota de Raúl… Sonrío al volver a leerla, no me acordaba… “Por la tarde estaré en la piscina”. Creo que ya he tenido bastante esta mañana con él… Pero me muero de calor, así que seguramente me pasaré por allí.

Cuando acabo de comer, me vuelvo a estirar al sofá, para pensar, pero me acabo durmiendo. Al despertar, son más de las 5 y media. Al verlo, voy corriendo a mi habitación y me pongo el bikini. 

Llego a la piscina, ya está allí. Me pongo nerviosa: las piernas vuelven a temblarme y me cuesta caminar. Suerte que está de espalda y no se da cuenta. Pero uno de sus sobrinos chilla “Mira tito, tu amiguita” cosa que hace que se gire y sonría al verme, y yo me pongo más roja y siento como muero por dentro. Si va a pasarme esto siempre que lo vea, vamos mal. Le sonrío, le saludo con la mano y vuelvo a caminar, llegando al césped y dejando allí mi toalla. Él no aparta la mirada de mí y eso me pone más nerviosa aún.

Me dirijo hacia las escaleras, voy a entrar y chilla “¡Atacar!”. En cuanto me doy cuenta, todos los niños están chillando, riendo y mojándome y, rápidamente, vuelvo al césped. Raúl está allí, riendo a más no poder, chocando los cinco con los niños. Se gira, me mira y me guiña un ojo. “¡Ven a jugar, mujer!”. ¿Quieres jugar, eh? Muy bien. Doy dos pasos hacia atrás, cojo carrerilla y salto en modo bomba a su lado, salpicándole directamente en la cara. Al salir, empiezo a reír y le veo con cara de mosqueado, pero divertido, y en ese momento me susurra “Ahora te vas a enterar”. 

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