Me despido de ellos, quiero ir a casa a descansar y llamar a mis padres
para contarles que he estado en nuestra cabaña. Antes de que me vaya, Raúl me
vuelve a coger de la cintura, acercándome a él, y me da dos besos en las
mejillas, riendo al acabar por qué me pongo como un tomate.
Al llegar a casa me tumbo en el sofá. Esto cada vez me supera más… todavía
no me puedo creer lo que me está pasando… Llamo a mi amiga y le cuento lo que
ha pasado esta mañana. Se interesa más en saber que había en la cabaña, ya que
recuerda que algunos dibujos de allí eran suyos, y ella también sale en la
foto. Me riñe por no haberme quedado la caja y se ríe de la situación que he
vivido. Toda ella es contradicción, pero me encanta. Es la persona que más me
apoya y comprende en todo, y sé que puedo confiar en ella.
También llamo a mis padres, pero no les cuento que estuve con Raúl. Les
miento y les digo que he encontrado la cabaña y que la escalera no estaba del
todo mal y he podido subir sola, pero que al bajar casi me mato. Se ríen de mí
al escucharlo y a la vez me riñen, diciéndome que tendría que haber bajado la
caja… La verdad es que podría haberlo hecho pero… No sé, me parecía más bonito
dejarla en su sitio…
Después de descansar, me dirijo a hacerme algo de comida. Me fijo que
encima de la mesa hay un papel, lo cojo. Es la nota de Raúl… Sonrío al volver a
leerla, no me acordaba… “Por la tarde
estaré en la piscina”. Creo que ya he tenido bastante esta mañana con él…
Pero me muero de calor, así que seguramente me pasaré por allí.
Cuando acabo de comer, me vuelvo a estirar al sofá, para pensar, pero me
acabo durmiendo. Al despertar, son más de las 5 y media. Al verlo, voy corriendo
a mi habitación y me pongo el bikini.
Llego a la piscina, ya está allí. Me pongo nerviosa: las piernas vuelven a
temblarme y me cuesta caminar. Suerte que está de espalda y no se da cuenta.
Pero uno de sus sobrinos chilla “Mira tito, tu amiguita” cosa que hace que se
gire y sonría al verme, y yo me pongo más roja y siento como muero por dentro.
Si va a pasarme esto siempre que lo vea, vamos mal. Le sonrío, le saludo con la
mano y vuelvo a caminar, llegando al césped y dejando allí mi toalla. Él no aparta
la mirada de mí y eso me pone más nerviosa aún.
Me dirijo hacia las escaleras, voy a entrar y chilla “¡Atacar!”. En cuanto
me doy cuenta, todos los niños están chillando, riendo y mojándome y,
rápidamente, vuelvo al césped. Raúl está allí, riendo a más no poder, chocando
los cinco con los niños. Se gira, me mira y me guiña un ojo. “¡Ven a jugar,
mujer!”. ¿Quieres jugar, eh? Muy bien. Doy dos pasos hacia atrás, cojo
carrerilla y salto en modo bomba a su lado, salpicándole directamente en la
cara. Al salir, empiezo a reír y le veo con cara de mosqueado, pero divertido,
y en ese momento me susurra “Ahora te vas a enterar”.
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