dimarts, 21 d’agost del 2012

19. Una sorpresa


Me levanto temprano y feliz. He soñado con él y la verdad es que despertarse sabiendo que no solo es un sueño, que hoy lo volveré a ver, me hace sentir la persona más especial del mundo.

Bajo a desayunar, pero antes miro la puerta, a ver si hoy también me ha dejado una notita. Pero no, hoy no hay nada de nada. Eso no me desilusiona, ya que quiere decir que le veré por aquí porque no se ha ido.

Desayuno rápido, me cambio y mientras pienso que podría hacer. No estaré todo el día en la piscina… Podría ir a dar una vuelta, o coger una bici… Pero no puedo ir muy lejos, porque si no no me encontraré con Raúl… Ya está. Iré a la piscina a ver si está. Si está allí me quedo un rato, y si no me voy al lago del lado, a pasear.

Voy decidida hacia la piscina, pero no escucho ruido: ni chillidos, ni agua moviéndose, ni niños… Qué raro… Llego allí y no está, no hay nadie, así que decido irme a pasear por los prados, a ver si se llegar al lago.

Llego al prado donde me lo encontré ayer, doy vueltas en círculos para ver si lo encuentro, “de casualidad” pero nada. Estoy empezando a preocuparme. No preocuparme por él, si no por mí, porque no quiero estar un día sin verle… Además, si ayer se tomó la molestia de avisarme, ¿por qué hoy no?

Cuando encuentro el lago, lo veo todo desértico. Pf… Hoy se esconde de mí. Pues nada, me quedo aquí un rato y luego vuelvo a la piscina. Me baño un rato, intento no pensar en nada, simplemente disfrutar de las vistas y relajarme. Pero es inevitable no pensar en él… Es todo tan extraño… No solo el hecho de haberle conocido y habernos hecho “amigos”, si no que haya desaparecido de esta manera sin haberme avisado… Sé que no está obligado a hacerlo, pero si ayer se molestó en decirme que se iba… ¿Por qué hoy no?

Pasan las horas y decido volver a casa. No paso por la piscina, paso de decepcionarme al ver que no está. Por la tarde tampoco salgo, llamo a mi amiga por teléfono y me quedo encerrada en casa. Lo único que quiero ahora mismo es que suene el timbre y al abrir la puerta me lo encuentre sonriendo delante de mí.

Pero pasan las horas y nadie llega. Voy a prepararme la cena y de repente, suena el timbre. Voy corriendo hacia la puerta, y al abrirla, allí está él, perfecto como siempre: con su pelo despeinado, una camiseta cualquiera y un pantalón bañador. Pero sobretodo, con esa sonrisa que me vuelve loca.

-Buenos días. ¿Me has echado de menos?
-Demasiado.
-Lo siento, preparaba una sorpresa.
-Una… ¿Sorpresa?
-Si, ven. 

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