divendres, 10 d’agost del 2012

15. Me gusta molestarte.


Me agarra por los hombros y me hunde. Cuando saco la cabeza para coger aire, repite el proceso, unas cuantas veces. Yo, enfadada, me intento apartar de él, empujándolo y mojándole, pero es más fuerte que yo. Intento nadar, ayudarme con los niños, pero no hay manera. Intento hundirle yo a él, apretándole la cabeza o pegándole pataditas, pero nada. Él se ríe y, con solo mover un brazo, me ahoga.

Cuando se cansa de verme sufrir, me deja y vuelve a por los niños, que jugaban entre ellos a ahogarse o pasarse la pelota. Yo aprovecho para sentarme al borde de la piscina y así descansar. Contemplo como juega con los pequeños, como chilla, como sonríe… Es algo increíble, es el típico sueño que tienes un día y al despertar prefieres no haberlo hecho y vuelves a taparte con las sábanas esperando a que pase algo más. Pero ahora no estoy soñando. Llevo dos días con el hombre de mis sueños en el camping de mi infancia…

Viendo que están jugando tranquilos, voy a tumbarme al césped. Me pongo las gafas de sol y cierro los ojos, recordando lo vivido esta mañana con Raúl. Pero poco me dura el recuerdo: algún listillo me está mojando la barriga con una pistola de agua y sé quién es. Me siento y lo miro. Lo tengo de pie delante de mí, riendo como un niño.

-No me vas a dejar descansar, ¿verdad?
-Ya has descansado bastante, abuela. – vuelve a mojarme. Sonrío, me vienen a la cabeza Flo, Dani y Anna. Sobretodo Anna… Como les quiero… Pero no puedo decírselo, no quiero que lo sepa.
-Todavía no, niño. – respondo, haciendo voz de mujer mayor.
-Oh, que madura. – me dice con voz aniñado.
-Habló, el señor más maduro. – ríe.
-Te dejaré un poquito tranquila porque hoy ha sido un día movidito, pero no te acostumbres. – vuelve al agua.

Vuelvo a tumbarme y me tapo la cara, aguantándome un chillido de fan alocada. En ese momento suena mi teléfono. Es mi amiga, no lo cojo, se que va a preguntarme por Raúl y no quiero hablar de él con él a pocos pasos de mi. Vuelve a llamarme y lo cojo, no vaya a ser que sea algo importante.

-¿Qué pasa? – le digo preocupada.
-No, nada. ¿Cómo te va con tu principito?
-Oh, cállate. ¡Pensaba que te pasaba algo!
-¿Ahora una amiga no puede llamar a su amiga para saber cómo le va con su futuro marido? – ríe. La madre que la parió.
-De verdad, no sabes cómo te quiero. – reímos. Oigo como alguien carraspea a mi lado, me giro y veo a Raúl sentado junto a mí. Me sonrojo y me exalto. Me siento corriendo, tapo el móvil. –  ¿Qué haces? ¿Otra vez espiándome? – ahora es él quien se sonroja.
-No, no. Venía a hablar contigo pero no me había dado cuenta de que estabas hablando por el móvil, lo siento. – Se levanta, dispuesto a irse.
-¡No! – se gira sorprendido  – Quiero decir… Eh… No te vayas, ahora cuelgo. Es una amiga – remarco esa palabra – quería saber cómo estaba. Espera. – pico el suelo de mi lado, indicándole que se siente, como siempre. Me hace caso y se sienta. – Te tengo que dejar, hablamos esta noche, ¿vale? … Sí, sí, yo también, enga. – Cuelgo. Le miro, está mirándome, sonriendo. Me sonrojo. – ¿Y bien? ¿Ya te has cansado de jugar con los niños?
-Sí, querían volver a casa, ya estaban cansados.
-Ah, muy bien…  ¿Y te has quedado aquí para…?
-Molestarte.  
-Me gusta. – Sonrío tontamente.
-Lo sé. 

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada