diumenge, 26 d’agost del 2012

22. Quiero que me beses.


Despacio, toca con su nariz la mía y roza con sus labios los míos, todavía sin besarme. Yo, que no puedo más, subo mis manos, que estaban en su pecho, y le cojo de la cara, acercándola más a mí. Y me besa, nos besamos, lentamente. Él deja de cogerme las mejillas y pasa a apretarme a él por la cintura, y poco a poco me va acariciando la espalda. Yo paso mis manos por su nuca, enredando mis dedos en sus rizos.

No hay ninguna distancia entre nosotros, estoy totalmente pegada a él, y si en algún momento tiro hacia atrás, vuelve a apretarme con fuerza hacia él, aun que en ningún momento lo hago intencionadamente.

Lentamente, sube sus manos hacia mi cara y se separa de mí. Abro los ojos y esta mirándome, sonriendo. Me pongo roja al instante y le sonrío también. Él me besa tiernamente y vuelve a separarnos. “Deberíamos volver”. Se ha hecho tarde, ya oscurece… Entre lo que hemos tardado en llegar aquí, más el tiempo que he estado en mi mundo observando mi cabaña y el rato llorando abrazada a Raúl… Asiento y bajo mis manos de su cuello para apoyarlas en su pecho. “Podemos volver cuando quieras… Ahora podemos subir.” Sonrío. Es demasiado perfecto.

Me separo de él y voy a coger la cajita, pero antes de que llegue me coge de la mano, tira de mi con fuerza y hace que me empotre contra él, y fugazmente me besa, sonriendo. Sigue cogiéndome de la mano, mientras que con la otra me coge suavemente de la cara. Me deja ir y me da un empujoncito para que vaya hacia la cajita. Yo, que estoy alucinando, roja como un tomate y con los ojos como platos, me giro intentando simular un poco de dignidad y me tropiezo, pero no llego a caer. Oigo como se ríe tras de mí, pero no hago caso, eso sí, esta se la guardo. Cojo la cajita y me dirijo a salir, pasando por su lado sin mirarle, con cara de indignación por haberse reído de mí. Él, que se da cuenta, suelta una risita y se aparta de mí. Cuando voy a bajar las escaleras, veo a la altura a la que estamos y doy un paso atrás. Le miro, con cara de miedo, carraspeo y le digo.

-Pase usted delante – ríe.
-¿Y ahora por qué me tratas de usted?
-Porque me han enseñado que a las personas a las que no conozco, las tengo que tratar de usted. – Digo mirándole con cara de superioridad, intentando mostrar que me da igual quién sea.
-Ah… ¿No me conoces? – Sonríe pícaramente, me pongo un poco roja.
-No. No suelo conocer a gente que se ríe de mí.
-Ah… Entonces… – Empieza a acercarse a mí, y me coge de la cintura. – ¿Por qué se deja coger por un desconocido? – Le miro sorprendida, ahí me ha pillado, pero no quiero que me suelte. Me acerca más a él, pegando nuestros cuerpos al completo y acercando su cara a la mía. – Si no me conoce, ¿por qué se deja abrazar por mí? – Sonríe – Y dudo que se aparte… Si la beso. – Me pongo más roja, si cabe, y sonrío. Levanto la cabeza para besarlo pero se aparta. – Ah ah – dice negando mis actos – No me conoce, no puede besarme. ¿No se lo han enseñado eso?
-Sí, si te conozco. Eres el hombre más loco y mágico que he conocido nunca, y quiero que me beses aquí, ahora, en la cabaña de mis sueños.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada